No he podido resistirme ante la última reflexión del Maestro Guedea. Se pregunta hasta cuándo deben permanecer activos los más mayores, aquellos que fueron jóvenes profesores de judo y han dedicado toda su vida a enseñar lo que saben. Permíteme querido José Ángel que te de mi humilde opinión: “hasta que vosotros queráis, que ojala sea muchísimo tiempo”.
Se cuestiona la capacidad de los “mayores” para demostrar técnicas o gestos por la falta de capacidades físicas, pero no me cabe duda que la “demostración” no es más que una herramienta para transmitir el conocimiento, y que existen muchas más igualmente válidas. Ser capaz de proponer al alumno un problema, creando esa inquietud que le suponga un reto, y dando las directrices más correctas para que se desarrolle con éxito por parte del alumno… ¿acaso no es igual o más válido a la hora de transmitir judo? Cada cosa tiene lo suyo, pero a buen seguro cuando uno no puede demostrar tiene fotos, vídeos de uno mismo o de otro deportista, dibujos o un sempai con oficio que suplen la necesidad de que el maestro de una determinada edad, se vea en la obligación de hacer un gesto imposible. Pero, ¿es que enseñar judo se reduce a enseñar técnicas de proyección, inmovilizaciones, luxaciones o estrangulaciones? No quiero resultar impertinente, pero creo que a estas alturas a nadie se le escapa la intrascendencia de esto, y sobre todo a determinados niveles de dominio deportivo.
¿Quién nos va a enseñar a saber estar en un tatami? ¿Quién enseña a los jóvenes los valores que nos diferencian de tantas otras disciplinas? ¿Quién transmite con su mera presencia las actitudes que conducen al judoca a un triunfo seguro en la vida, más allá de ganar o perder un combate? Evidentemente los maestros a los que hacía referencia José Ángel Guedea. Ojalá tuviera yo la suerte que tienen tus alumnos José Ángel, y pudiera contar con mi maestro, José Luís De Frutos, al que hago referencia cada día. Algunos dirán que soy un pesado cuando en cada presentación en un congreso o curso de judo recuerdo a José Luís como el verdadero artífice de lo que van a ver. Él me transmitió, más allá de su capacidad a la hora de ejecutar movimientos de judo, lo que significa luchar por un objetivo, ser tenaz, exigente con migo mismo, constante, respetuoso, elocuente, realista, sincero, honorable y un sinfín de cuestiones más que yo sigo intentando cada día en busca de una excelencia personal, profesional y deportiva de la que aún me encuentro muy lejos.
Entiendo que cada uno tenemos una función dentro de este equipo que formamos los judocas españoles, y que tenemos mucho camino que andar si queremos situarnos en la élite deportiva mundial, pero también en la élite social a la hora de hacer valer nuestra disciplina deportiva en la sociedad en la que vivimos, donde decir “soy judoca” no supone el impacto de decir lo mismo en países como Japón o Francia. Necesitamos a los grandes maestros como vosotros, por eso en el Club Miriam Blasco donde trabajo, mimamos lo que podemos a nuestra joya, José Alberto Valverde, porque sin él, sin vosotros, todos salimos perdiendo. Dejemos que los jóvenes empujen fuerte, derrochen la energía que a otros les falta. Pero dejemos también que los “mayores” nos enseñen el camino, tal y como dicta el propio judo. Hagamos cada uno lo posible por ser mejores en nuestro espacio, y contribuyamos así a lograr un espacio mejor para todos nosotros ante los demás. Si los “mayores” demuestran y ejecutan las técnicas mejor que los jóvenes, mala señal. Si los jóvenes intentan apartar a los “carcas” (según su argot) porque ya no valen para nada… auguro un mal viaje para todos. Entendamos el judo como un deporte de equipo y aceptemos cada uno nuestro propio rol, sólo así creceremos juntos y honraremos la memoria de tantos que lucharon por este deporte.
Carlos Montero - 30-12-11
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