El Judo como trabajo.
“Es trabajo”, me dice un alumno resignado cuando le llaman para trabajar en un bar de copas todo un fin de semana y puede o no, apetecerle en ese momento dedicar todo ese tiempo a trabajar hasta altas horas de la madrugada.
Y aunque puede parecer que trabajar en un ambiente de ocio es un trabajo “agradable”, no es lo mismo ir de fiesta, que trabajar en la fiesta. Como tampoco es lo mismo hacer lo que te gusta, qué que te guste lo que haces.
Podremos hacer lo que queramos, podremos hacer lo que nos gusta, aunque siempre si en el trabajo nos gusta lo que hacemos, habremos conseguido uno de los objetivos más importante en nuestra vida.
El profesor de Judo ha hecho de su afición su oficio, su trabajo, su forma de vida. Ha tenido la suerte de conseguir hacer lo que le gusta y que le guste lo que hace.
En la actualidad tener trabajo es casi una lotería y poder elegir en qué trabajar un lujo.
Muchas personas en su puesto de trabajo casi siempre están deseando terminar para encontrarse con sus amigos o ir a casa con los suyos.
“Estamos entre amigos, estamos juntos, haciendo lo que nos gusta, estamos bien” decía a sus compañeros Raúl Clemente en el último entrenamiento regional que le habían encargado dirigir en la federación aragonesa, tratando de motivar a los que desfallecían, a mi modo de ver en uno de los mejores entrenamientos regionales que se han realizado en Aragón en esta última época.
Los profesores de Judo tenemos la suerte de que nos gusta lo que hacemos. Nuestro trabajo es creativo, nos relacionamos con la gente, trabajamos con personas, con niños, vendemos Judo, administramos Judo, enseñamos Judo…
La mayor parte de las veces hemos hecho de nuestros alumnos nuestros amigos y trabajamos entre amigos.
Tenemos a nuestros niños mucho más tiempo que un profesor normal.
El profesor de una asignatura convencional tiene al niño durante un curso. Un tutor lo puede tutelar un ciclo de dos o tres años pero un profesor de Judo empieza con un niño y si las cosas se desenvuelven con normalidad, lo lleva durante todo su desarrollo y en muchos casos mantiene una relación de por vida.
Vemos como evolucionan los niños, como progresan no solo en Judo, que también, sino como maduran y se hacen mayores y como, los que empiezan de adultos van empapándose de Judo y muchas veces cambian su manera de ver y de hacer las cosas.
“Me da la vida”, dice un alumno que trabaja como ingeniero en una empresa de construcción eléctrica, cuando le pregunto por como le ha ido la clase de Judo que imparte a niños en un colegio cuando termina su jornada laboral como ingeniero estresante y cargada de problemas.
Y también como en todas las profesiones también surgen problemas. Y como trabajamos con personas, los problemas suelen surgir del trato, de la relación.
En ocasiones los profesores por defender “los derechos” de un alumno discutimos, incluso nos enfadamos con federativos y otros profesores por algo tan banal, aunque en ese momento no nos lo parezca, como que lo incluyan en un grupo para participar en una competición o una concentración sin tener a veces en cuenta la desproporción de la discusión y la repercusión con amigos y personas con las que vamos a tener que seguir tratando profesionalmente toda la vida.
No obstante el problema habitual con que topa el profesor de Judo, es cuando se encuentra con “el niño que le complica la clase” y consigue que esa clase le resulte incómoda de impartir, que de alguna forma le haga ir por obligación y le haga sentir que esta trabajando.
Llega a esa clase y parece entonces que existen dos bandos, el profesor y los niños. Es quizá el momento en que más duro se le hace al profesor de Judo su profesión. Cuando acude a disgusto a una clase por culpa de uno o varios niños que incordian en el grupo.
Y entonces, el reto que tiene que plantearse el profesor es ganárselos y pasárselos a su bando, o mejor dicho, conseguir que no haya bandos y que juguemos todos en el mismo equipo, con el mismo objetivo, con la misma pelota y en la misma dirección, disfrutando con el Judo.
Recuerdo cuando decidí comunicar en casa que quería orientar mi vida hacia el Judo. En mi casa todo el mundo estudiaba o había estudiado una carrera. Yo en ese momento estaba matriculado en Veterinaria y la decisión de dejar de estudiar suponía un trauma familiar.
Una amiga mía, una judoka vasca que estudiaba medicina en Zaragoza, me entendía, me alentaba y me decía que “en lo que quieras ser, tienes que intentar ser el mejor” y ahí sigo… intentando mejorar.
Como comentaba en la reflexión titulada “el profesor de Judo de mi hijo”:
“Si recordamos la importancia y la influencia que un profesor de cualquier asignatura pudo tener en nuestra educación y quizá tan solo durante un curso, tenemos que entender y que asumir la que puede tener un profesor sobre nuestro hijo, y cuanto más la importancia del profesor de Judo, que podrá incidir durante muchos más años y con una “materia” entre manos (el Judo), que el niño practica con verdadera ilusión y en muchos casos con una “entrega total”.
Conforme el niño va creciendo y va teniendo criterio propio desde su visión de la vida, va conociendo más al profesor. El profesor sigue siendo importante pero va captando sus valores y sus fallos que lo hacen humano, lo que le hace entenderlo mejor. Lo que nunca pudo vivir con un profesor de una asignatura convencional porque su relación fue muy corta, lo vive con una persona a la que ha llegado a querer y que ha llegado a conocer bien, sin ser un familiar, porque lleva mucho tiempo a su lado.
Para el profesor también la relación con ese pequeño va variando. En un principio el niño es un niño más en la clase. Los lazos crecen y se van estrechando a través del trato diario. De ser un pequeño con una relación de dos días a la semana en un grupo de pequeños, a tenerlo cerca prácticamente todos los días. Pasa de ser un pequeño más en el grupo, ha hacerse un judoka que se empieza a hacer importante en la vida del profesor.
Es por eso que el profesor de Judo tiene que ser consciente de lo que representa en la vida del niño. Y tiene que ser responsable y consecuente con lo que dice y hace.”
“Predica con la vida más que con palabras, el ejemplo es el mejor mensaje”.
Y el profesor de Judo se ilusiona y llega a sentirse competente, cuando ve a sus alumnos salir adelante y hacerse un hueco en la vida. Entonces en la parte que él siente que puede haber contribuido, entiende que su labor tiene sentido.
Alumnos y profesores más jóvenes en muchos casos no entienden su dedicación y le miran raro. Llenos de vida, se creen el centro del universo, él también se lo creía, no son conscientes de que todo lo que están viviendo él ya lo vivió.
Él también tuvo 20 años y tuvo las mismas vivencias. No inventan nada. Por donde ellos van pasando y sus problemas, ya pasó. Situaciones en casa, con los estudios, con el trabajo, con el entrenamiento, con las competiciones, con las lesiones, con las amigas, las novias, los viajes…
Y además de pasarlo, tiene mucha más experiencia pues lo ha visto y vivido de cerca muchas veces con muchos de sus alumnos…
Y trabaja con Judo, enseña Judo, administra Judo, intenta educar, inculcar ideas y está trabajando, y aunque a veces se sature y se canse, no tiene esa sensación porque dedica y emplea su tiempo en lo que más le gusta: el Judo.
Y es por eso que el Profesor de Judo aunque trabaja, muchas veces no tiene la percepción de hacerlo, y nunca suele decir que “va a trabajar” cuando va a impartir una clase de Judo, ni habla de trabajo (aunque lo sea), cuando se refiere a sus clases de Judo.
15-02-12
Uno escribe para que le lean. Como educa el Judo.
“Tienes mucho tiempo libre”, es una afirmación que suponen, presumen y expresan a veces amigos o conocidos cuando me encuentran y hablan refiriéndose a mis escritos y a la frecuencia con que los publico y piensan en el tiempo que me pueden llevar.
Y si, tengo que reconocer que ahora doy menos clases y tengo más tiempo libre, y es un tiempo que dedico a escribir.
“Voy a perder el tiempo con… o tengo que perder una hora en…” son expresiones que se emplean a menudo cuando alguien te quiere contar que va a realizar algo.
Benjamín Franklin en una cita sobre el tiempo decía que:
“Si el tiempo es lo mas caro, la perdida de tiempo es el mayor de los derroches”.
A mis alumnos intento hacerles ver que es más acertado decir: “voy a dedicar un tiempo a… o voy a dedicar una hora en…” cuando se van a emplear en una misión.
Porque el tiempo va a pasar lo mismo, hagamos algo o no, simplemente va a pasar. Pero si el tiempo se dedica a algo que hay que hacer, que nos interesa, que nos gratifica y que nos satisface, no es un tiempo perdido, es un tiempo dedicado y un tiempo vivido y aprovechado.
Me ha gustado siempre madrugar y no me cuesta hacerlo, es más me gusta. Me motiva tener el día por delante. Madrugo y me pongo a leer o me siento delante del ordenador. Pienso en mi jornada anterior, en mis clases, en lo que he hecho y apunto sensaciones.
Pienso también en el día que comienza y en lo que voy a hacer. Me pongo a pensar en las sesiones que tengo que impartir que de alguna forma programo. Repaso mis escritos, pongo las ideas que durante el día anterior he apuntado e intento poner todas las que me vienen a la cabeza, ordenadas o no, de cualquier manera. Y a veces “surge la inspiración”.
Pablo Picasso decía que “la inspiración existe y que cuando llega, tiene que encontrarte trabajando.”
Y ya son cien artículos, cien reflexiones publicadas en Arajudo.
Los aniversarios se suelen celebrar. Celebramos los cumpleaños, el día en que nos ennoviamos, los aniversarios de boda, recordamos la fecha de nuestra primera relación importante, el día en que se fueron nuestros seres queridos, las fechas puntuales…, los aniversarios los celebramos.
Y mis cien reflexiones quiero celebrarlas. Y quiero celebrarlas porque son leídas y como decía recientemente en un artículo Miguel Gay periodista de Heraldo de Aragón, “uno escribe para que le lean”.
Las quiero celebrar primero agradeciendo a mi amigo Jesús Asensio que me ha dado la oportunidad de publicarlas y expandirlas, y de que todo el mundo que entra en su página las pueda leer y conocer a raíz de colgarlas en Arajudo.
Las quiero celebrar también agradeciendo a mi amigo Raúl Merino de Torrelavega, que es el que junto con alguno de mis alumnos el que primero las lee, porque se las mando siempre antes de colgarlas, y espero su visto bueno o las objeciones que puede ver y me hace notar.
Y las quiero celebrar, agradeciendo a todos los que las leéis habitualmente y cuando me encontráis me animáis a seguir escribiendo.
Para mi escribir, se ha convertido ahora casi en una necesidad.
El escritor Pablo Coelho dice: “Siempre habrá alguien interesado en lo que escribes y aunque no existiera nadie, el placer de escribir ya merece la pena”.
El motivo para una reflexión aparece en cualquier momento y cuando surge lo apunto. Cualquier idea puede ser buena y servir de punto de partida.
Y mi forma de celebrarlas es hacer un homenaje a las reflexiones publicadas y recordar algunas aquí.
Unas veces han surgido de comentarios oídos en las clases o en conversaciones con alumnos y amigos.
“Si siempre hacemos lo mismo, ¡no te justifiques!, ¿pero si da igual?, ¿sólo vamos a estar estos? ¡hay que verlo!, ¡qué bonito lo hace!, es mi alumno, tampoco ha sido tan difícil, con discreción que se note que somos judokas”, ¿no saludáis?…
Otras veces de observar situaciones y analizarlas
“La importancia del nuevo, menos mal que son los menos, si hubiera tenido más tiempo, otro escudillado, es bueno para todos, cuando un niño nos complica la clase, incómodo para todos, cuando vas a coger un tren… ¿estás entero?, lo importante es hacerlo, el olor del Judo, ¡que difícil es!, ¡que hablamos de Judo!, el que algo quiere algo le cuesta, hacer de los alumnos profesores, y nos dieron las diez, potenciando el error, Judo más Judo y venga Judo…” Son algunas de ellas.
De cada una recuerdo el momento en que surgió, la persona que la suscitó o la situación que la generó. Y luego el tiempo de gestación de cada una, los comentarios de alumnos, amigos, las correcciones, la opinión de Raúl Merino hasta que considero que está escudillada y lista para ser leída.
Mis alumnos han hecho suyos algunos títulos que incluyen en sus frases y me recuerdan en ocasiones…
Y trato siempre de ofrecer algo que concite interés
Y como este comentario aunque es una reflexión sobre mis reflexiones, puede no resultar especialmente interesante para los que las seguís voy a adjuntar una de las primeras reflexiones, la número ocho, titulada “como educa el Judo” que algunos quizá leísteis en su momento, pero que por misterios de la informática, ahora aunque aparece su título en Arajudo, no se puede acceder.
Reitero mi agradecimiento a todos los que las leéis, espero poder seguir escribiéndolas y colgándolas en Arajudo durante mucho tiempo… porque como dice Miguel Gay, “uno escribe para que le lean”.
¡Muchas gracias!.
Como educa el Judo
El profesor de Judo, trata de enseñar y en el mejor de los casos, muchas veces sin proponérselo, intenta educar y a veces lo consigue, a través del Judo.
Pero ¿de qué manera y de qué Judo?: ¿Dando clases magistrales? ¿Soltando largos discursos? ¿Comunicando normas de comportamiento?
¿Y con qué contenidos?: ¿Mediante el programa de cintos? ¿Practicando las katas? ¿El randori? ¿Preparándolos y presentándolos a competiciones? ¿Implicando a los alumnos en el mundo del arbitraje? ¿En la enseñanza? ¿Con su ejemplo?.
“Predica con la vida más que con palabras, el ejemplo es el mejor mensaje”.
(Filipina Dacmesme)
Pienso que si el Judo es un arma para educar y sirve para educar, es mediante una mezcla de todo esto. Pero más importante que el Judo en si, es la figura del profesor y dependerá de los valores que posea ese profesor, de su educación, de su personalidad, de sus modales, de sus principios y de la empatía que tenga para transmitirlos y de la motivación, lo que le haga ser más o menos efectivo educando.
¿Los contenidos? Eso quizá tenga menos importancia. Un profesor entusiasmado por la práctica de las katas, que sabe comunicar ese entusiasmo y es capaz de reunir periódicamente un grupo de judokas para entrenarse, será tan válido y capacitado “para educar” como el profesor que sabe introducir a sus alumnos en una sesión de Judo sin que apenas se den cuenta para practicar randori o como el profesor de arbitraje o profesor de cursos de profesores que consigue “enganchar” por medio de sus explicaciones a los aspirantes a árbitros o a profesores.
Quien verdaderamente “educa” es el profesor, no el Judo. El profesor se vale del Judo para educar. Pero ¿que es educar?, buscando en el diccionario encontramos varias definiciones, desde las más sencillas a algunas más elaboradas.
Educar:
“Formar o instruir a una persona”.
“Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales, morales o cognitivas para un determinado fin”.
“Contribuir con el propio ejemplo de una vida presidida por el amor, la coherencia interna, la honradez y la sinceridad a que el inmaduro aprenda a desarrollar al máximo sus potencialidades, se realice, dé un sentido a su vida, esté en paz consigo mismo, sea feliz y trate de hacer felices a los demás”. (B. Tierno).
Vamos a analizar estas tres definiciones.
“Formar o instruir a una persona”, es una definición un tanto ambigua que naturalmente sirve, pero ¿formar o instruir en que sentido?, ¿en que forma?, ¿de que manera? A todas luces incompleta.
“Desarrollar las facultades, intelectuales, morales o cognitivas para un determinado fin”.
Con más detalles que la anterior, aquí habrá que presumir en el educador el intelecto, la moral y el conocimiento necesarios para alcanzar ese determinado fin.
“Contribuir con el propio ejemplo…”, también habrá que presumir que el educador está en condiciones de dar ejemplo en el amor, la coherencia interna, la honradez y la sinceridad para que al transmitir al educando, de un sentido a su vida y sea feliz.
Y ahora vamos a analizar al profesor.
El profesor de Judo se plantea en muchos casos, ¿que es un educador? ¿Se plantea que como educador que es, tiene que dar una imagen ante sus alumnos? Que sin tener que proponérselo, (y si hace falta proponiéndoselo), ¿tiene que llevar una vida presidida por el amor, ser coherente en sus acciones y forma de actuar, consigo mismo y con los demás, manifestar una honradez en cuanto a pensamientos, acciones y comentarios y ser sincero en su forma de actuar y de comportarse?.
Así como se dice que “el Judo no se enseña, se aprende”, la educación no se puede imponer. Se pueden imponer normas, reglas y obligar al educando a respetarlas y en el mejor de los casos a aceptarlas. La educación de una persona viene en un primer momento determinada por su familia y el ambiente en que se ha desenvuelto hasta entonces. Cuanto antes se pueda incidir sobre esa persona más fácil y más evidente será la influencia del ¿Judo?, del ¿profesor?.
Lo que está claro es que el educando tiene que sentir la necesidad de querer educarse.
Resumiendo el Judo sienta bien, el Judo enseña y el Judo es una escuela de vida, pero el
Judo por si solo no educa en un primer momento a los que lo practican y mucho menos a quien no esta por la labor.
Evidentemente ayuda al educador en su función de educar, pero el que finalmente educa es el Profesor.
Un profesor dejado, impuntual, desmotivado por sus clases, que no respeta a sus alumnos, que llega a ser un ejemplo de lo que no debe de ser un profesor de Judo, por buenos contenidos de Judo con los que juegue, difícilmente conseguirá “educar”.
Para terminar:
Analizando todo esto y después de asumir que el Judo por si solo no educa al niño, tenemos que admitir la grandeza del Judo, que ayuda al profesor a “educar”, y que a la vez, por si mismo, “educa” al profesor, si lo necesita, cuando este ya ejerce como tal y advierte sus carencias en el momento de comunicar y de dar ejemplo, y se esfuerza en cambiar.
31-01-12
Judo, más Judo… y venga Judo en la liga de Madrid.
Hace mucho tiempo que me pregunto a que se debe los distintos ambientes que se forman en las competiciones. Porqué algunas veces queremos que terminen rápido y sin embargo en otras aguantamos lo que nos echen.
Porqué en algunas nos encontramos bien y en otras no.
¿Qué diferencia una competición de otra?.
He hecho este comentario entre amigos y alumnos y hemos pensado que puede deberse a:
La organización, las normas estrictas, el talante de los organizadores, su empatía. A los participantes, número y nivel y lo que se juega cada competidor. El entorno en que se desarrolla, la funcionalidad del pabellón. Los árbitros, su nivel de ejecución, su forma de dirigir… Los federativos, su saber estar, su competencia. El horario, la comodidad, las exigencias dentro del pabellón… y es un poco de todo esto.
¿Qué puede hacer más grato el estar allí para todos?.
El ambiente, el trato, la relación con competidores, árbitros, federativos, profesores, amigos…
Y sin tener una respuesta clara, asistí a participar con mi equipo de club a la primera fase de la liga nacional que organiza la Federación Madrileña de Judo el pasado día 14 de enero. ¿Y qué encontramos?.
Nuestro equipo milita este año en segunda división y competía por la tarde. El pesaje estaba previsto de 15’30 a 16’30 y la competición a continuación.
El pesaje se realizó a su hora. Desde por la mañana pronto habían comenzado con la liga femenina, la juvenil y acababan de empezar con la tercera división que este año cuenta con 24 equipos participantes.
Cuando fui a saludar a la mesa central me comunicaron que se iba con retraso y que se tardaría algo en empezar…
Subimos a la grada. El espectáculo desde arriba, se podría describir como diría Jesulin con tan solo dos palabras: “im…presionante”.
Seis tapices compitiendo, los equipos preparados a continuación también junto al tapiz. La zona de espera y de calentamiento se asemejaba a la plaza Tahrir del Cairo en febrero del año pasado. Una gran zona de bolsas, a modo de acampada y muchos…, muchos judokas.
Y seguían llegando equipos. A los de tercera que esperaban se sumaban los de segunda y primera. Los judogis mayoría blanco y azul, pero muchos equipos también de colores animaban el cotarro. Los judogis de la policía nacional y de la guardia civil del color del uniforme oficial, daban una sensación de seriedad al acto.
Los voluntarios de amarillo, colaboraban en mantener en su lugar a los equipos que esperaban para competir.
En el frontal del pabellón, los culpables y responsables de la “fiesta”: los federativos de la Federación madrileña en bloque trabajaban para sacar a flote la competición.
Por encima de todos, una voz. Una voz de fondo de la que todos ansiábamos oír el nombre de nuestro equipo: Neli Lorenzo dirigía a los equipos a sus respectivos tapices.
En cada tapiz los encargados de juzgar los encuentros, currantes incansables, el trío arbitral engullía combates arropados en esta ocasión por un “super” que tenía el sistema kerr a su disposición y respaldaba o corregía decisiones arbitrales dando mayor seguridad a todos.
Y así se celebró la 1ª fase de la liga de Madrid. En una jornada maratoniana, se dió salida en torno a ochenta equipos que entre todas las categorías acudieron. Equipos de todas clases, donde todos los judokas tenían cabida. Equipos fuertes y muy fuertes, con una gran rivalidad entre ellos, resultantes de combinaciones y motivados por ganar. Equipos de clubes normales y equipos con fichajes con una inversión cuando menos interesante…
Y todos los judokas encajaban. Judokas de a pie que nunca estarán en una final de un campeonato de España y que quizá esta es su competición más importante, algunos antiguos y actuales medallistas y campeones de España y judokas de élite, componentes de los equipos nacionales, mundialistas, europeos y actuales aspirantes a olímpicos.
Representantes prácticamente de todas las autonomías españolas estaban allí. Incluidos los isleños, mallorquines y canarios. Y “la plaza Tahrir” en Villaviciosa de Odón se seguía llenando. Y la “persistente e infatigable Neli” seguía repartiendo equipos. Y los tapices que no paraban…
Los rellanos de las escaleras se emplearon como improvisadas zonas de calentamiento.
Si esto se hubiera producido en un campeonato de España o de Europa o un torneo internacional las quejas hubieran salido en la prensa por su organización, pero entre todo este caos y este desorden aparente había un orden y mucha ilusión por competir.
Por lo que aun organizado de esta manera, que todos sufrimos y aceptamos, todos los equipos volveríamos, porque evidentemente la liga de Madrid es una competición lúdica y creo que esto es lo que da respuesta a mi pregunta inicial.
Una competición de este tipo agrupa muchos más judokas, se crea un mejor ambiente que propicia que además de la cohesión de equipo e identificación con el club, que muchos de los valores del Judo impregnen a todos los participantes con mayor facilidad que en una competición “semiprofesional o profesional”.
Y aun terminando tarde, muy tarde, de regreso a casa lo mejor era pensar que al día siguiente amanecería un domingo.
Todo esto se hizo en solo una jornada.
Desde aquí pensaba insinuar la posibilidad de hacerlo en dos jornadas, que aun suponiendo más trabajo y mayor gasto, facilitaría y dignificaría el esfuerzo de todos, organizadores y participantes, pero se ha adelantado la Federación Madrileña con un comunicado el lunes siguiente a la competición disculpándose por la falta de previsión del tiempo y diciendo que para agilizar el desarrollo de la liga, la tercera división donde hay veinticuatro equipos inscritos, en las próximas jornadas se realizará en domingo por la mañana.
Y esto no hace más que engrandecer a la Federación Madrileña que haciendo como está realizando algo evidentemente bueno para el Judo nacional, si lo hace a partir de ahora en dos jornadas conseguirá hacer de esta Liga, la cita más importante de Judo para todos los judokas y clubes de España y mientras la Federación madrileña aguante y organice esta liga, y seguirá habiendo Judo, más Judo…y venga Judo en la liga de Madrid.
18-01-12
Potenciando el error.
Fue el maestro José Luís de Frutos, el que empleaba esta expresión cuando se refería a un judoka que practicaba incorrectamente una técnica y la repetía, repetía y repetía, tratando de mejorar sin saber qué estaba haciendo mal, o incluso pensando que lo hacía bien.
El maestro coreano Han No San en un curso en Barcelona, comentaba las condiciones que tiene que reunir la práctica del uchi komi: conocimiento de la técnica, ritmo, velocidad y explosión.
Y a la hora de hacer uchi komi el mayor problema radica en el conocimiento de la técnica. En saber cómo hay que hacer la técnica en el momento de hacer uchi komi.
Que a veces no es lo mismo que cuando se emplea un movimiento en el momento de aplicarlo en un combate.
Porque puede haber un judoka que en el momento de luchar sea habilidoso y sepa realizar una técnica, que a lo mejor no esté ni catalogada en el Gokio, pero que proyecte sobre la espalda al contrario y le haga ganar el combate… pero que si de lo que se trata es de practicar Judo y de hacer Judo bajo unos parámetros, hay que llegar a realizar uchi komi con un nivel digno.
Una vez conocida la técnica, “meter ritmo, hacerlo más deprisa y explotar” puede ser menos complicado.
El aprendizaje empieza por el shotai renshiu. Hay que desmenuzar el movimiento para aprenderlo, y hay que tener en cuenta su fundamento.
El profesor tiene que tener clara la técnica, saber los puntos fundamentales y los errores más frecuentes que se cometen al comenzar a practicarla y tiene que saber la forma de cómo hacer uchi komi y de practicar uchi komi de cada técnica. Teniendo esto en cuenta deberá ir corrigiendo al alumno.
No hay que dejar que nuestros alumnos hagan de cualquier manera, no debemos dejar que hagan mal los uchi komi porque estaremos facilitando que nuestros judokas trabajen “potenciando el error…”.
Es más difícil también corregir y cambiar unos hábitos ya adquiridos en el tiempo que al principio.
Para un alumno que empieza, el mayor atractivo que tiene el Judo es darse cuenta de cómo tiene que hacer el movimiento para tirar, para derribar al contrario.
Inicialmente un judoka conocida la mecánica de la técnica con la que ha visto que tira y que le funciona, comienza a repetirla. Al principio repite con un cierto ritmo de una forma muy mecánica y es en ese comienzo y mientras sea así, el momento más fácil de corregir y hacer que el movimiento mejore.
Hay que evitar que imprima velocidad y por supuesto explosión a un movimiento incorrecto. De momento y durante el aprendizaje de la técnica las repeticiones se deberán realizar buscando un ritmo y buscando poco a poco sensaciones en el movimiento…
Cuando un judoka de cualquier edad, comienza a sentir un movimiento y se da cuenta de que lo hace bien, empieza a gustarle y empieza a encontrar sentido y gusto por hacer uchi komi.
“Pero si da igual…” me decía un alumno en una ocasión en Japón entrando a lavarse en el aseo de las chicas. Y no, no da igual… Hay cosas que pueden dar igual pero en Judo si queremos vivirlo y sentirlo de una manera determinada todo tiene su sentido y casi nada da igual…
El saludo como muestra de respeto, las formas externas: puntualidad, higiene, el cinto bien anudado, un discreto silencio a la hora de practicar, forma adecuada de comportarse y las formas internas: respeto al lugar, al profesor y a los compañeros, disciplina, constancia, voluntad, responsabilidad, colaboración con el contrario, humildad… son valores de los que está impregnado el Judo y si no se da todo esto pierde su sentido y es por eso que no todo da igual…
Recuerdo que siendo entrenador del equipo juvenil, la Federación Española de Judo me mandó a Japón, acompañando al equipo nacional júnior y a su entrenador Gerardo Poncela.
Cuando en el primer entrenamiento comenzó nuestra gente a realizar uchi komi, sentimos los dos tal vergüenza, que decidimos parar a nuestros judokas, ponerlos a un lado del tapiz y tenerlos durante un rato mirando como hacían los japoneses para que después trataran de imitar.
Un judoka que ha comenzado a practicar de mayor en el club a veces con una mínima condición física, en ocasiones tiene una evidente falta de coordinación y de forma.
Cuando comienza a sentir el movimiento y el movimiento fluye, le resulta fácil y le empieza a gustar, repetir y practicar uchi komi de esa técnica.
“Si siempre hacemos lo mismo…”, puede ser una cuestión que se hace algún alumno en el momento de practicar en la sesión. Pero ¿en que deporte no se hace siempre lo mismo? En la práctica de cualquier deporte se hace siempre lo mismo, la diferencia estriba en como lo hacen los que empiezan y en como lo hacen los que saben.
Lo que hay que conseguir es mediante la práctica, llegar a hacer como los que saben, y llegar a integrarse en el grupo de los que saben, y disfrutar con la practica, con el esfuerzo, con las sensaciones que proporciona el Judo, y poder salir satisfechos del progreso obtenido en cada sesión y eso se consigue más fácilmente en Judo, mediante una practica adecuada del uchi komi.
En Japón habitualmente se realiza uchi komi de cuatro técnicas fundamentales: o soto gari, seoi nage, o uchi gari y forma de harai goshi o uchi mata. Con una buena base de esos movimientos el resto resulta más fácil.
No digo que no se pueda y no se deba hacer uchi komi de otros movimientos porque todos hay que aprenderlos y practicarlos, y finalmente todos hay que trabajarlos para llegar a sentirlos, pero con las sensaciones que aportan estas técnicas fundamentales, los demás luego surgen con más facilidad.
En ocasiones en calentamientos de distintos campeonatos o en entrenamientos, incluso en concentraciones importantes, ves a judokas, competidores con resultados, de los que ganan combates, haciendo uchi komi de algunos movimientos que de alguna forma “hacen daño a la vista”.
Y cuando a veces tropiezas con un judoka que no sabe hacer o que hace de cualquier manera uchi komi, la mayor parte de las veces la culpa no es suya, casi siempre la responsabilidad es de su profesor.
Que unas veces por falta de formación y porque nunca se ha preocupado de aprender cómo se tiene que hacer uchi komi, y otras porque durante el aprendizaje se ha despreocupado de su judoka y nunca le ha corregido, ha conseguido que cuando practique uchi komi como decía el maestro De Frutos lo haga: “potenciando el error”.
15-01-12
¿Hasta cuando?.
Como dice Pablo Milanés “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos…”
Y nos induce a pensar hasta cuando y cuando quizá hay que empezar a plantearse que hay que dejar de trabajar…
Una persona que trabaja en la administración, un funcionario, ahora por ley se jubila a los 67 años. En ocasiones cansado de trabajar solicita la jubilación anticipada y también dependiendo del tipo de trabajo que desempeña, policía, bombero, etc… llegado un cierto momento es destinado a tareas de oficina más acordes con su edad.
Muchas veces el momento de jubilarse va a depender sobretodo de la pensión de jubilación que va a percibir y a veces alarga la vida laboral solo por esa cuestión.
Llegando a una edad determinada el trabajador decide dejar el trabajo y dedicarse “a disfrutar de la vida”. De algunos trabajos, de los trabajos que no satisfacen es perfectamente comprensible que uno quiera jubilarse.
¿Cuál es la situación del profesor de Judo?.
El profesor de Judo que ha elegido serlo por vocación, que no ha hecho otra cosa que “disfrutar de la vida” a través del Judo, que el Judo lo ha sido todo para él y que lo ha vivido al máximo, sin que dependa muchas veces del tema económico para sobrevivir, se resiste a dejarlo.
Pero, ¿hasta cuando se puede considerar que un profesor de Judo está capacitado para seguir impartiendo clases de Judo? ¿Hasta cuando es competente explicando Judo? Y ¿a quién? ¿a niños? ¿a adultos? ¿a profesores? ¿Mientras tenga alumnos? ¿Mientras pueda demostrar? ¿Mientras pueda transmitir? ¿Hay una edad límite para impartir clases? ¿Es para todos igual?
¿Quién tiene que decirle que lo deje ya? ¿Tiene que darse cuenta solo? ¿Se lo tienen que decir sus alumnos? ¿Sus amigos?
Conforme pasa el tiempo el profesor de Judo que ha comenzado su labor en torno a los 20 años, cuando podía con todo cuando no se le ponía nada por delante, cuando aun era competidor, demostraba que podía ganar y ganaba, va asumiendo su deterioro físico.
El paso del tiempo y lo que hace con nuestro cuerpo no debería resultar ofensivo ni escandaloso, sino completamente asumible y natural y sin embargo nos cuesta aceptarlo y más a los profesores de Judo que estamos siempre en contacto con judokas, jóvenes, fuertes, con una vitalidad desbordante y una insultante juventud.
En todo este tiempo el Profesor de Judo ha aprendido más, sabe como hay que hacer las cosas, lo que sucede es que cada vez puede demostrar menos como él quisiera. El profesor de Judo que en su momento se entrenó, se preocupó por aprender, por hacer bien los movimientos de Judo para poder trasmitirlos choca ahora con la imposibilidad física de poder demostrar como a él le gustaría.
En otras profesiones esto no pasa y se puede trabajar hasta muy tarde.
Picasso con 56 años pintó el Guernica, con 75 “mujer desnuda delante del jardín”.
Dalí, pintó su ultimo cuadro “la cola de la golondrina” en 1983 con 79 años.
Vargas Llosa con 74 años escribe y tiene un gran éxito con “el sueño del celta”.
Nos decía el maestro Chung en un curso en Zaragoza hace muchos años: “habéis elegido el deporte más bonito del mundo, pero también el más difícil e ingrato”.
Yo entonces lo de bonito lo entendía, lo de difícil también, lo de ingrato no veía por donde cogerlo y ahora lo voy entendiendo.
Porque el Judo es ingrato.
Es ingrato cuando eres competidor, porque entrenarte fuerte y hacerlo todo, no te garantiza la victoria.
Es ingrato cuando te vas haciendo mayor, que es cuando más conocimientos has acumulado y vas perdiendo la capacidad física que necesitas para demostrarlos como te gustaría.
Además es ingrato porque se te pone en evidencia cada día cuando impartes clases, al estar rodeado de gente joven y ver a tus alumnos ágiles, fuertes, vitales, llenos de energía con todo un futuro por delante, sin que se les pase por la imaginación que el momento en el que tú estás, les llegará.
Te ven y piensan que es normal que tú envejezcas porque eres mayor que ellos, pero igual que tú no lo pensabas de joven, no se ven en la situación.
Y sigue siendo ingrato porque cuanto más grado tienes, y más experiencias y Judo acumulas menos te permite tu organismo demostrarlo.
“Como te veo me vi, y como me ves te verás” nos decía una de mis abuelas cuando de pequeños mis hermanos y yo, jugábamos y enredábamos a su alrededor y no entendía que no tuviéramos en cuenta “su estado”.
Impartes una clase de pequeños, y si no has dejado nunca de la mano esa edad, te gusta hacerlo, incluso te das cuenta y sabes que lo haces bien, pero hasta cuando y ¿porqué a esos pequeños no se les da la oportunidad de que tengan un profesor joven como cuando tu empezaste? Seguro que tú “no lo haces mal”, pero seguro también que hay ejercicios, juegos, acrobacias y habilidades, que no puedes demostrar, que te da miedo que hagan y de alguna manera limitas su progresión…
También eres más estricto y más exigente en cuanto a conducta, formas y comportamiento, pero ¿no tienen derecho esos pequeños a tener un profesor joven, con nuevas energías, más permisivo, menos autoritario…?.
Comentaba el maestro Macario García padre, que él habitualmente no imparte clase a pequeños y que cuando lo hace no hace juegos, en sus clases directamente se hace Judo, y si alguna vez tiene que dar una clase porque Macario García hijo o el profesor que corresponde no puede por la causa que sea, se avisa a los niños de que la clase la va a impartir el yayo Macario, y que con el yayo Macario “no hay juegos…”.
Y en la clase de adultos. Aquí es otra historia. Si tus alumnos se han hecho mayores contigo, te conocen, te entienden y porque te quieren te aguantan y con las rutinas que has establecido hasta se encuentran cómodos. Si han venido nuevos, si les encajas y encajan con el grupo, se quedan, pero si no les convences y quieren tener un profesor más joven…pueden seguir buscando…
“Cuando coges a David…”, me dice Sergio un antiguo alumno segundo dan, que ahora no está haciendo Judo por como ha cambiado su vida, pero en cuanto puede trae a David de tres años para que corra, juegue y haga volteretas por el tapiz.
Y me hace ilusión oírlo y agradezco que me lo diga. Y quiero hacerle entender que por mi situación ya no estoy para emprender tareas, ni para abrir nuevas carpetas, sino para ir cerrando las que aún me quedan abiertas.
Sergio guarda un recuerdo imborrable de sus años de Judo y de todo lo que el Judo ha aportado y ha significado en su vida y quiere que David viva esa experiencia. Lo que Sergio no se da cuenta, de que el profesor con el que él la vivió no es el mismo y eso le cuesta entenderlo.
Y yo quiero lo mejor para Sergio y para David y para todos mis alumnos y sus niños y mientras aguante y me aguanten estaré al pie del cañón. Pero David con tres años tiene derecho a tener su profesor de Judo, no el de su padre.
Y para terminar quiero decir que esta reflexión, que muchos judokas y profesores jóvenes quizá no entiendan ni se identifiquen “de momento” con ella, la llevo en mente hace mucho tiempo.
Se ha disparado a raíz del verano 2011, tras asistir a las Jornadas en Torrelavega con el maestro Le Berre, al que conozco desde hace más de treinta años, que entonces con casi cincuenta “se nos pasaba por la piedra” a todos los “stagieres”, incluidos medallistas franceses, con un Judo excepcional y de verle demostrar ahora con cerca de ochenta años, con la calidad y la clase de siempre, y ciertas limitaciones y seguro que sabiendo mucho más de Judo y de la vida.
De unas conversaciones que mantuve con el maestro Rafael Ortega en Alicante, y de componer el artículo “Tomemos medidas”, donde tuve que investigar por Internet a los actuales décimos danes.
Descubrí un video donde aparecía la primera mujer décimo dan Keiko Fukuda (98 años), en una silla de ruedas y ayudada por una asistente para ponerse en pie. Seguro que estaba genial de cabeza porque si algo nos mantiene despiertos a los Profesores de Judo es el trato constante que tenemos con los judokas jóvenes y vitales.
Pero todo esto no es nuevo, en el siglo XV ya lo decía el poeta Jorge Manrique:
“Todo se torna graveza cuando llega el arrabal de senectud…”
Y así terminaba esta reflexión cuando era un borrador hasta que el otro día, leyéndola Saúl Nafría, y llegando al punto en que digo que David tiene derecho a tener su profesor y no el de su padre, “indignado” me dice: ¡pero no te das cuenta maestro, que lo que quiere Sergio, es que seas tú con todo lo que comporta y no otro, el profesor de David! Y enumera un montón de razones para argumentarlo..
Y no se imagina Saúl, cómo agradezco todo lo que dice y cómo lo expone, porque además se que es sincero, lo siente y lo expresa de corazón.
Y llego a entender que por la responsabilidad que conlleva y el compromiso adquirido al menos con nuestros alumnos, nuestros amigos y sus niños a pesar de la duda que nos surge a veces de ¿hasta cuando?, esta interrogante los profesores de Judo tenemos que aplazarla, debemos ignorarla y que sea el tiempo, el kilometraje o las circunstancias las que determinen cada situación.
29-12-11
¿No saludáis?.
Viene a verme el otro día Kiko, un alumno adulto que ahora no vive en Zaragoza, acaba de obtener el título de monitor.
Kiko Gracia fue en su momento dos veces campeón de España juvenil, una vez júnior y una vez medalla de bronce en el senior en la década de los 90, que es cuando mis competidores consiguieron sus mejores resultados.
Se sienta en la sala al borde del tapiz para ver la clase. Coincide con una clase de alevines e infantiles, entre diez y catorce años. Los alumnos una vez en judogi conforme entran en el tapiz, bajo una indicación mía comienzan a realizar unas carreras donde persiguen pillarse…
Cuando entiendo que están todos indico que se coloquen por parejas y comiencen a realizar uchi komi para durante el calentamiento ir encontrando sensaciones de Judo. En cuestión de unos pocos minutos todos están trabajando en un ambiente donde se respira Judo. Entonces Kiko me dice: ¿no saludáis?
Cuando empecé a hacer Judo, lo normal era llegar, entrar en el tapiz y jugar hasta que llegaba el profesor. El profesor con dos palmadas o dos gritos conseguía que nos pusiéramos en una fila para saludar. Después del saludo comenzaba el calentamiento. Con ese ponernos en la fila el profesor lo que conseguía de alguna manera era hacerse con el control de la clase.
Imagino que en mis comienzos yo hacía lo mismo y los niños pasaban al tapiz antes que yo. Unas inoportunas lesiones, unos comportamientos inadecuados y una mayor dificultad para controlar el grupo hicieron que cambiase mi forma de actuar.
En mis clases el primero que entra siempre en la sala soy yo. Los judokas van llegando, me preocupo de que saluden al entrar (me refiero en clases de pequeños e infantiles), y van pasando al tapiz.
Con el saludo al borde del tapiz, como señal de respeto al lugar y a la práctica del deporte al que se van a entregar, los alumnos entran en el mundo del Judo y los judokas se integran en la sesión.
Dependiendo de la edad, procedo de distinta manera.
Con los pequeños 4, 5, 6 y 7 años, conforme entran les facilito unas cuerdas, “combas”, y se dedican a saltar por el tapiz. Puede ser en el sitio, corriendo… a veces por parejas… Si hay uno nuevo “los veteranos” le enseñan y entre todos aprenden a saltar a la comba, lo que les ayuda a coordinar, les entretiene mientras se van cambiando los demás, hacen ejercicio y les sirve de calentamiento.
Cuando están prácticamente todos, dejamos las cuerdas y les pido sentarse alrededor para saludar. Se sientan formando un cuadrado por cinturones. Amarillos a mi izquierda, blanco amarillos enfrente y blancos al otro lado. Si un amarillo o blanco amarillo se muestra alborotado y no se comporta como se supone que según su nivel debería, le hago notar su grado y hago ver que su comportamiento no corresponde con el cinto que ostenta.
Antes de proceder al saludo y mientras se incorpora el último, trato de que cada uno tenga su momento de protagonismo. Cada uno dice, si conoce y quiere, el nombre de los demás y comentamos incidencias de la jornada. Lo que vamos y queremos hacer, qué nos gustó más o menos del otro día… y de alguna manera “entre todos”, planteamos la sesión. En orden y levantando la mano todos, si quieren pueden opinar, hablar…y saludamos.
Con infantiles de 8 a 14 años conforme llegan, juegan a pillarse o comienzan a jugar en el suelo, “como cachorros” que decía el maestro Chung. Se va incorporando el resto y cuando considero que están todos a veces con saludo, a veces sin él, nos vamos introduciendo en los contenidos de la sesión.
Lo que no puede ser, es que estén en la sala sin profesor. En el tatami hay que conseguir que quieran estar. Tienen que estar a gusto, tienen que estar bien. Pero tiene que identificar el tatami con el profesor y con una forma de conducirse. Los juegos tienen que ser controlados, dirigidos, que les motiven y siempre supervisados por el profesor.
Los adultos cuando entran en el tapiz se ponen a trabajar. En suelo, uchi komi, práctica del kata o lo que corresponda. Conforme van llegando se suman al trabajo y en un momento determinado todos estamos inmersos en los contenidos de la sesión.
Trato de evitar en todos los grupos, las perdidas de tiempo sobre el tapiz antes de empezar. En el tapiz se trabaja, no se está sentado hablando, ni esperamos a nadie. Por eso no saludamos al principio. El que llega tarde, se va sumando al trabajo y su calentamiento es en base a ese trabajo.
Con esta forma de proceder solo saludamos al principio y al final en el grupo de pequeños. A veces al principio y siempre al final en el de 8 a 14 años y en el de adultos he llegado a un punto en que casi nunca saludamos, ni al principio ni al final.
En las clases especiales y kangeiko etc…por el hecho de trabajar desde el principio, solo saludamos al final.
En las universidades que yo conozco de Japón, el saludo se hace justo antes de comenzar el tiempo de randori, que allí llaman ju renshiu.
Los alumnos van llegando a la sala mucho antes de la sesión, suben al tapiz y empiezan a estirar. A la hora prevista un kohai comienza con un calentamiento muy básico terminando con unas caídas. A continuación se empieza a hacer uchi komi, cuando llega el profesor, se procede a saludar. Se saluda y da comienzo el ju renshiu… Al terminar los randoris, se vuelve a hacer uchi komi hasta que en grupo se comienza a estirar, luego se saluda delante del profesor que da los consejos y las consignas pertinentes. Después el profesor se retira e individualmente se comienza a estirar.
En mis clases observo y exijo que todos saluden al entrar en el tapiz y naturalmente que el comportamiento sea el adecuado en todo momento. En los saltos con las cuerdas, en los juegos donde se pillan, cuando “juegan como cachorros…”.
En los fundamentos de Judo se dice, que el saludo es una muestra de respeto y gratitud. El francés Louis Robert en su libro, cuando habla del saludo en Judo, dice que “el Judo como proviene de Japón el saludo es el reflejo exacto de la cortesía nipona”.
Lo que es indiscutible que en la clase con los niños, el saludo ayuda al Profesor al principio de la sesión a entrar en materia y crear ambiente. Predispone al trabajo. Pero si conseguimos crear un ambiente propicio de otra forma…
En el momento de escoger a un compañero para trabajar, los judokas se saludan lo que implica una buena disposición hacia el compañero y hacia el trabajo que van a realizar.
Actualmente además del saludo tradicional, quizá menos ceremonioso se ha incluido en los cambios de compañero a todos los niveles, la acción de chocar la mano, de manera que en el momento de anunciar cambio de compañero hay un nuevo sonido sobre el tapiz.
Pero lo que sin duda es importante es que sin perdida de tiempo cada uno cuando llega al tapiz pueda trabajar. Que no tenga que esperar a que el grupo se conforme. Que no dependa su trabajo de la puntualidad de los demás.
Y el saludo es una tradición y es importante porque son las formas las que preservan el fondo y es por ello que hay que observarlas.
Pero si conseguimos esa finalidad y logramos mantener el respeto y las formas de otra manera, aunque no saludemos, tampoco pasa nada, y posiblemente no dé igual pero mientras se respire Judo y sus principios sobre el tapiz…habremos conseguido el objetivo propuesto.
En ocasiones hemos asistido a alguna sesión o entrenamiento donde imperan unas normas muy estrictas fuera y al comienzo de la sesión con saludo incluido, para a continuación durante el trabajo y los contenidos en la clase, pasar a observar un comportamiento totalmente inadecuado por parte de los alumnos, tolerado por el profesor o incluso alentado por el mismo profesor.
Por eso si conseguimos un ambiente en el que imperen unas formas y que “se mame Judo” durante la sesión en un contexto de respeto y de trabajo, aun sin saludar, habremos conseguido el objetivo que se consigue con el ritual del saludo, y aunque siempre habrá alguien como Kiko, que se extrañe, y cuando observe el comienzo de una sesión sin el saludo protocolario pregunte ¿no saludáis?
14-12-11
Y nos dieron las diez…
Y una vez más se celebró la competición de Hospitalet, donde en esta ocasión el Torneo que organiza José María García en Hospitalet celebraba sus bodas de plata. Veinticinco años celebrando este Torneo. ¡Casi nada!.
Más años que pudieran tener la mayor parte de los competidores que allí este fin de semana disputaban los combates.
Y este año, quizá con más participación que nunca. En torno a doscientos judokas. Todos los competidores catalanes en activo estaban presentes, y con la participación de clubes autonómicos de Aragón, Madrid, Murcia, Navarra, Valencia y del extranjero, de Andorra, Italia, Republica Dominicana, en gira por el Valencia club de Judo, a parte de los judokas de Países del Este afincados en Cataluña.
¡Qué ambiente tan bueno! Comentó Sergio Doménech cuando llegó al pabellón, recién iniciada la competición, pues venía de una concentración en Andorra donde ahora forma parte del cuerpo técnico de esa Federación.
Y verdaderamente, el ambiente de Judo que se estaba gestando en torno al Judo al comienzo de la competición era muy sugestivo.
La colocación de los tapices, cuatro esta vez en cuadro, hacía más cómoda la estancia en el pabellón aunque diluía quizá el ambiente de competición de cercanía de otras ediciones.
E iba a comenzar la competición. Todos los federativos catalanes con su presidente Fermín Parra al frente, y prácticamente todos los profesores y todos los competidores en activo se encontraban allí.
Tenía la Federación Catalana de Judo un intenso fin de semana de trabajo. Por la mañana habían competido las categorías infantiles, por la tarde se celebraba el Torneo y al día siguiente, el domingo seguían con otra actividad.
Se retraso media hora, el comienzo de la competición. Estaba prevista a las 15’30 y empezamos sobre las 16.
Una competición de esta envergadura resulta laboriosa de organizar y sacar adelante.
Para que los competidores realicen el mayor número de combates se hacen dobles repescas desde el principio. En los pesos donde hay menos participación (hasta ocho) se emplea el sistema de ligas, y son muy pocos los competidores que terminan haciendo solo un combate.
Desde la mesa central en alto, en un ángulo del pabellón para una mejor visión de los tapices, encaramados en una atalaya los organizadores, todos veteranos con “mucha mili a sus espaldas”, agilizaban la competición.
Las gradas llenas de un público entendido seguían con interés los combates.
El Torneo de Hospitalet es un Torneo que resulta cómodo e interesante para participar.
Resulta cómodo porque se puede hacer la inscripción hasta el día antes de la competición “sin tener que pagar ninguna tasa”. Resulta cómodo porque está pensado para que se pueda viajar en el día, (salvo autonomías muy lejanas). El pesaje es a las 12’30 y si no se da el peso se puede intentar bajar o participar en el peso siguiente.
Resulta cómodo porque para facilitar y agilizar la competición con un judogi blanco se pueden solventar todos los combates. Se diferencia a los judokas a la antigua usanza, con cinto blanco y rojo según sea nombrado en primer o en segundo lugar.
Resulta cómodo para los entrenadores porque pueden estar con sus judokas durante toda la competición y cómodo porque no se exige chaqueta y corbata para sentarse en la silla en los combates de medalla.
Interesante porque con la participación de prácticamente todos los judokas catalanes se certifica un nivel importante, pero además en cada edición se suman más competidores, e interesante también porque las ligas y dobles repescas completas aseguran realizar un cierto número de combates.
Al final de la jornada terminamos todos cansados, organizadores, competidores, entrenadores, árbitros, cansados pero contentos, cansados pero satisfechos, aceptando y entendiendo que doscientos competidores en Judo que compiten de dos en dos, lleva su tiempo. Y que si se quiere que compitan más veces y que se rentabilice el esfuerzo hay que hacer ligas o dobles repescas desde el principio.
Y siendo así, el único comentario que escuche en cuanto a duración fue: ¿llegaremos a ver el Getafe-Barça? Que por cierto el resultado fue de 1-0…, y que para llevarse un disgusto mejor quizá no llegar a verlo ¿no?.
Y con una competición administrada y agilizada impecablemente desde su atalaya por los organizadores, dirigida por árbitros que parecían no cansarse nunca, tres por tapiz, controlada por federativos y por oficiales de organización que alrededor de los tapices facilitaban el desarrollo…se celebró un año más la competición de Hospitalet…
Y cuando, como dice Sabina “y nos dieron las diez”, lo mejor entonces fue repasar todo lo bueno vivido en la jornada y pensar que al día siguiente amanecía un domingo.
Porque aunque “nos dieran las diez” pienso que, y me parece que me puedo erigir en portavoz de todos los que la “disfrutamos o sufrimos”, deberían celebrarse más competiciones con este formato.
29-11-11
Hacer de los alumnos profesores.
Comenzado el curso e implicados en las clases comenzamos a conocer a nuestros nuevos alumnos.
Y vuelta a empezar… nos volvemos a encontrar en ocasiones con pequeños niños hiperactivos, a veces insolentes y no muy bien educados con los que tenemos que empezar a bregar y a integrar en el grupo.
Cuando el grupo está hecho y bien conducido resulta más fácil. Si son prácticamente todos nuevos a veces cuesta más. No tienen un modelo para que, los que se incorporan, puedan imitar.
Inmerso en esta problemática volví a leer el otro día la reflexión “cuando un niño nos complica la clase”, y me hizo bien el hecho de leerla porque me recordó ideas y pensamientos que los profesores de Judo nos vemos obligados a manejar.
Y soy yo el que la escribí, pero fue hace tiempo (marzo de 2010), y no es que ahora me guíe por distintos parámetros pero recordarla me vino bien y me pareció una muy buena reflexión.
Ya se que no está bien que sea yo el que lo diga. Mi socio Jesús Sánchez, me llamaría al orden, pero la leí, me pareció buena y me ayudó a plantear una clase de un grupo que contaba con un par de niños “particulares”.
Cuando los profesores vamos a impartir una sesión, pensando en el niño que tenemos y que nos la va a complicar, vamos a disgusto pensando que sin ese niño el grupo estaría mejor.
A veces vamos predispuestos a enfrentarnos con él porque damos por sentado que su comportamiento no va a ser el adecuado.
Si antes leemos el apartado que expongo a continuación, nos puede ayudar a encarar la clase de otra manera.
Esto es lo que decía en “cuando un niño nos complica la clase”…
“Muchas veces al niño molesto que nos hace la clase imposible, tendemos a orillarlo y obviarlo, y en realidad lo que tenemos que hacer es todo lo contrario.
Al niño inseguro y con cierto complejo que busca llamar la atención, pienso que hay que dotarle de un cierto protagonismo. Pero el protagonismo se lo tenemos que dar nosotros y no permitir que se lo tome él cuando quiera. Y para ello, nos tenemos que fijar en sus facultades y explotarlas. De alguna manera reafirmarlo y delante de todos poner en evidencia sus cualidades, que a partir de ese momento, él se va a preocupar de potenciar...
En cuanto se da cuenta de que contamos con él, de que se le tiene en cuenta en el grupo, resulta mucho más fácil conseguir que nos haga caso y su comportamiento empieza a cambiar.
Es muy fácil, llegar a querer al niño que se porta bien, que te hace caso, te entiende y que además hace bien Judo, con éste normalmente nunca tendremos problemas. El tema es llegar a querer y llevarse bien con el que te hace la vida imposible, con el que no pone nada de su parte, y es para ese, para el que hay que buscar la solución”.
Me agobiaba la otra mañana pensando en una clase que debía afrontar por la tarde y leyendo esto llegué a la sesión motivado, pensando y repitiéndome el slogan de, ¡…a por ellos, oe…! que empleaba el judoka avilesino Hugo Burgos cuando él, de competidor júnior y yo como entrenador, nos movíamos por torneos internacionales y debido al fútbol se había puesto de moda.
La última parte de esta reflexión terminaba con las estrategias para motivar que indica el pedagogo y educador, el profesor Bernabé Tierno.
La última dice “hacer de los alumnos profesores:
Nada motiva tanto ni desarrolla de manera más directa la capacidad de aprender, que el hecho de enseñar a otros lo que ya sabes o estás aprendiendo”
Y es emocionante ver como alguno de estos “que te complican la clase”, cuando lo pones a trabajar con un nuevo o uno más pequeño y le das la responsabilidad de ayudarle a aprender o a practicar un movimiento o una parte de un movimiento, (siempre supervisando de lejos su actuación), como cambia su actitud.
Señalar como cuando en el grupo existen diferentes niveles, el judoka de mayor nivel se interesa, se esfuerza y ayuda al de menor nivel para conseguir que aprenda y perfeccione sus movimientos.
También motiva ver como un alumno adulto, al que le costó pasar a primer dan, porque le costó memorizar los fundamentos, perfeccionar las técnicas para que tuvieran un nivel digno de presentarlas en el examen, como ahora, cuando se pone con un cinto marrón que está preparando su examen, pone todo su empeño y esfuerzo en ayudarle y conseguir lo que a él tanto le costó.
Así surge sin querer en la clase y en el grupo la aplicación de uno de los principios básicos del Judo: “Progreso y prosperidad mutua”.
Y la oportunidad de hacer surgir esta máxima, es lo que muchas veces conseguimos los Profesores de Judo haciendo uso de la última estrategia de Bernabé Tierno “hacer de los alumnos profesores…”
15-11-11
Con discreción, que se note que somos judokas…
“Con elegancia, que se note que somos judokas…”, decía un alumno un día a sus compañeros cuando iban a salir de marcha.
No se exactamente a que tipo de elegancia se refería, y a raíz de esa expresión, parafraseándola me pareció más oportuno transformarla en “con discreción, que se note que somos judokas…”.
El filósofo Diógenes ya escribió en su día que: “callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar”.
Con la “inocencia” o la ignorancia que en muchos casos caracteriza a los pequeños un día te viene un niño y te suelta en clase delante de todos: “Profesor sabes…” o “en mi casa…”, o “mis padres…” y comunica un hecho o una intimidad que se ha producido en su casa, en el colegio, o con sus amigos, o que han realizado sus padres que no tienes porqué saber ni tu ni el resto de sus compañeros, que no tiene porqué airear y que seguro que a sus padres tampoco les hace ninguna gracia que conozcas, ni que se airee.
El diccionario Larousse define discreción como: “Sensatez, prudencia, tacto para juzgar u obrar” y en una segunda acepción como “reserva o prudencia para guardar un secreto o para no contar lo que se sabe y no hay necesidad de que conozcan los demás”.
En este pequeño, esta muestra de indiscreción por su parte debido a su edad, podría disculparse, aunque conviene hacerle ver la necesidad o no de exponer ni divulgar “intimidades de casa”, y de ciertas cosas en público.
De esta forma evitaríamos que de más mayores se dieran situaciones que a veces se dan con algún alumno descarado que llega al club, que necesita llamar la atención y en voz alta hace públicas vivencias que debería mantener en la intimidad, alardeando de lo que él considera éxitos y logros a veces incluso en materia sexual, realizando comentarios groseros en voz alta sin ningún tipo de pudor ni educación.
Esto sucede porque el joven que está en plena efervescencia, necesita de una manera mal entendida una reafirmación y exaltación de su independencia. Necesita hacerse notar, y de alguna manera lo que está manifestando es una falta de madurez, un complejo de inferioridad u otro tipo de problema… que a veces se contagia y puede dar lugar a un mimetismo desafortunado.
La primera vez que monté en avión acompañando como entrenador al equipo nacional júnior, recuerdo que me avergoncé, por el comportamiento inadecuado, expresiones groseras en voz alta, de algunos componentes de la selección y que de alguna manera me afectaban pues iba vestido como ellos, y no sabía hasta que punto en aquel momento, y en qué parámetros tenía autoridad para parar aquello, siendo yo “el nuevo del grupo”, y entendiendo que además debía ser hasta entonces la tónica habitual, pues el jefe de expedición también les reía las gracias…
Opté en los siguientes viajes, para no identificarme con ellos, ir vestido de otra manera en el momento de viajar.
Afortunadamente esto solo fue al principio y durante los años siguientes Pedro Riaguas y yo acordamos y nuestra misión inicial cada vez al empezar la temporada e iniciar un viaje con el equipo nuevo, era transmitirles unas normas de comportamiento y convivencia, donde cobraba un protagonismo importante el tema de la discreción, y poniendo todos un poco de nuestra parte, de alguna manera las formas y maneras se fueron reconduciendo.
El escritor y educador Salvador Cardús en su libro Bien Educados enumera en lo que llama “cartas de visita de una mala educación”: la impaciencia, la desmesura y el derroche.
Define la desmesura: “como la falta de criterio en la ocupación del espacio propio, generalmente caótico, algo que lleva a los individuos desmesurados a llenar las zonas ordenadas de los demás. Es la desmesura en el sentido físico, si, pero también en el uso de la palabra, en la exhibición de la propia imagen, e incluso de una autoestima desbordada que hace que estos individuos se crean con el derecho de hacer que la totalidad del universo gire a su alrededor”.
Y a todos nos ha llegado a veces un niño así.
En el tatami intentamos transmitir mediante unas formas, saludo al entrar y comenzar la sesión, saludo al comenzar y dejar de trabajar con un compañero, mantener un silencio decoroso, un respeto al lugar, a los compañeros y al profesor, a aceptar las correcciones y el resultado en los combates de una manera determinada…a manejar una forma de actuar y de comportarse. E intentamos que el judoka se caracterice por saber estar, y que en todo momento mantenga una conducta adecuada.
Algunas veces impartiendo una clase de niños cuando pienso que su comportamiento no es el indicado, los siento y les digo: “que aprendáis Judo es lo que menos me importa en este momento. Al final si seguís practicando Judo todos vais a llegar a hacer bien porque estáis en un buen club, el grupo es bueno y tenéis un “buen profesor”. Me interesa mucho más, me parece mucho más importante que aprendáis a ser respetuosos, que aprendáis a comportaros. Y que sepáis estar en cada situación…”.
Y trato de que mantengan el comportamiento necesario para la práctica del Judo…
En ocasiones con el tapiz lleno, entran padres o visitantes en el club y quedan extrañados del ambiente de trabajo y del silencio inusual que reina en la sala distinto al que correspondería con tantos practicantes, sonido que no se escucha, a pesar de toda la gente que se encuentra allí concentrada.
También sucede a veces que llegan al club niños con sus padres y mientras esperan pasar a cambiarse antes de la clase, el niño muestra un comportamiento inaceptable que sus padres no corrigen, y te ves obligado a hacerlo y a intervenir tú, aun estando sus padres delante, porque mostrando cierta coherencia no puedes admitir una forma de actuar fuera del tapiz y otra dentro… por lo menos mientras están en el club…
Y hay tratar siempre que nuestros niños aprendan Judo, pero sobretodo que entiendan el Judo y todo lo que conlleva el Judo como algo más que un deporte, que aprendan a saber estar dentro y fuera del tapiz, de manera que la indicación oportuna pueda ser siempre: “con discreción, que se note que somos Judokas…”.
31-10-11
Estaba en Girona…
Es un pozo de sabiduría, fue el comentario que Manel Cortes hizo tras bajar de la grada después de hablar un rato con Pepín Bustos.
José del Busto Cortina es un pionero del Judo español. Figura con el número 13 en la lista de cinturones negros de Judo de la Federación Española.
A Pepín lo conocí en un curso en Badía del Valles. Más tarde se preocupó y me llamó cuando mi accidente. Mi relación más frecuente con él fue en las concentraciones de Castelldefels, cuando un día casualmente lo encontré tomando un café a primera hora de la mañana.
A partir de ese día y siempre que fui a Castelldefels cuando vi que era posible compartir un café con él, me levantaba con ilusión para acudir a la cita.
Pepín Bustos es un habitual en todas las actividades de Judo que se celebran en la región.
Hablar con él escucharle era un momento relajante y siempre interesante e instructivo. Todo un lujo oírle hablar. He hecho mías algunas de sus frases típicas, “sin entrar en detalles...” o “no le preguntes a una persona mayor como se encuentra, porque te lo cuenta…”
El tercer congreso de Gerona comenzó la tarde del viernes. Para el trabajo de tapiz contaba con el doble campeón olímpico el polaco Waldemar Legien, el francés Fred Dambach y el español Carlos Montero.
La primera sesión estuvo a cargo de Carlos Montero, que después alardear del responsable de su formación en Judo, el maestro José Luís De Frutos, realizó una sesión “al típico estilo De Frutos”.
Con una soltura y una forma envidiable presentó unas habilidades básicas y específicas para trabajo en Judo suelo, del que el mismo José Luís De frutos se mostraría orgulloso al verlo evolucionar y explicarse.
La segunda sesión esa tarde fue a cargo de los profesores extranjeros.
Waldemar Legien, explicó técnicas aplicables en competición encadenando en suelo, terminando con una serie de encadenamientos con tomoe nage.
Fred Dambach, planteó las bases para realizar hiza guruma, de una manera sencilla y clara presentando un Judo elegante, impecable, a base de giros aprovechando los desplazamientos y reacciones del contrario.
La mañana del sábado comenzó en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias.
Los ponentes éramos Carlos Montero y yo. Me tocó a mí en primer lugar y tengo que reconocer que lo mejor de mi ponencia fue la presentación que hizo de mí el judoka catalán y miembro del comité técnico del Congreso, José Morales.
Hizo mención a Orgaz, Doménech, Pérez Villa, alumnos míos en la década de los 90, como muestra de los resultados que en su momento consiguieron y me presentó como parte del paisaje habitual del escenario de un Campeonato de España.
Mi tema trataba sobre la relación del entrenador con su judoka, antes y durante la competición. Traté de exponer todo lo que había preparado y como el hablar no es mi parcela, tengo que reconocer que nervioso no llegué a “conectar” todo lo bien que hubiera querido.
Carlos Montero sin embargo, profesor en la Universidad Miguel Hernández de Elche, también en el aula demostró encontrarse como pez en el agua. Trató sobre la motivación. Con un soporte informático expuso de manera científica aplicaciones para trabajar las motivaciones de los judokas y trató de hacernos ver a todos los asistentes distintas formas de motivar en el momento de abordar a nuestros judokas.
A continuación nos reunimos todos en el tapiz para pasar a la inauguración del Congreso. Durante las ponencias en el pabellón se había realizado un entrenamiento de jóvenes y pequeños. Con un pabellón lleno de padres y con todos los participantes del congreso, en torno a doscientos cincuenta, se unieron los cargos políticos, el presidente de la Federación Catalana y miembros de la Asociación Girona Judo.
Se dio la bienvenida a los participantes y se hicieron entrega de unos ideogramas en japonés a los cargos políticos, profesores de los grupos de fuera, a los entrenadores y ponentes del congreso y nuestro subcampeón del mundo en 2009 y campeón de Europa 2010, Sugoi Uriarte.
A continuación la parte técnica de la sesión estuvo a cargo del campeón Legien que mostró unas formas en suelo de llegar a controlar el brazo y a conseguir estirarlo llegando a un control.
Después por grupos por pesos y edades comenzó el tiempo de randori. El ambiente de trabajo que en pocos minutos se formó se mascaba en el ambiente. Judokas jóvenes y no tan jóvenes, actuales y antiguos competidores intercambiaban conocimientos.
No había estado nunca en el congreso de Girona, pero en un momento determinado me pareció haber estado siempre porque lo que en Alicante con más de 20 años dirigen Miriam Blasco y Alfredo Aracil, en Torrelavega con ya doce años a sus espaldas organizan Raúl Merino y Fernando Méndez, en Girona son Jaime y José Luís Salas y Joel Le Hecho los que están empezando a hacerse un hueco… y en esta ocasión por lo menos, el ambiente de trabajo que se respiraba era el mismo.
No pude quedarme a las dos últimas sesiones pues tenía un compromiso familiar. Me hubiera gustado asistir a la ponencia de Vicente Carratalá, siempre interesante en todo lo que expone y en como lo expone, a la sesión de juegos de Carlos Montero y a las sesiones que faltaban por impartir del campeón Legien y del profesor Dambach.
Y me hubiera encantado seguir viendo y “oliendo” en el momento del randori como profesores catalanes veteranos, algunos muy mayores siguen practicando Judo entre ellos y con jóvenes.
Decir que me encontré perfectamente acogido en el tapiz. Que encontré un montón de amigos que hacía tiempo que no veía, algunos con menos pelo, pero que me hizo ilusión estar con ellos y que contrasté como muchos aún ilusionados están en condiciones de practicar y practican.
En España se organizan concentraciones para entrenarse y hay cursos que se realizan de manera esporádica en muchos sitios sobre todo en verano. Algunas autonomías organizan y traen profesores y campeones para impartir un curso, pero luego no suelen darle continuidad.
Así que cuando surge un núcleo nuevo que inicia un proyecto como este, los Congresos de Girona llevan tres años, y con esta numerosa participación de judokas autóctonos…y esta buena organización hace presagiar un futuro prometedor.
Estaba en Girona, y bien podía ser Alicante o Torrelavega… pero estaba en Girona…
24-10-11
Tampoco ha sido tan difícil.
Después de ganar en una competición o después de ganar un combate, la sensación que tiene el competidor muchas veces es la de que no le ha costado tanto ganar. De que no ha sido tan complicado.
Pero cada competición es distinta. Los combates hay que hacerlos y hay que ganarlos y ningún combate es fácil. No hay más que preguntar al que ha perdido si le ha resultado fácil o no.
Hay que hacer ver al judoka que si la sensación es, “de que no ha sido tan fuerte” es porque esta vez él ha sabido hacerlo. Quizá porque está mejor preparado, se ha entrenado mejor o ha estado más acertado.
Cuando se saben hacer, “las cosas no son difíciles”.
Para mi es todo un misterio y un problema, cuando mi ordenador se desconfigura y no puedo acceder a Internet, pero para un alumno mío que es informático le resulta sencillo ponerse a ello y sacarlo adelante.
A un alumno recién sacado el título de monitor de Judo le impone y se le hace difícil plantear a un director de colegio o a una APA la posibilidad de introducir el Judo en el colegio. A los que peinamos canas y lo hemos propuesto en ocasiones aunque no tengamos ahora necesidad ni ganas de hacerlo, no veríamos mayor dificultad en exponerlo y casi seguro conseguirlo…
De igual manera un competidor que se ha preparado a conciencia y ha aprendido lo que tiene que hacer para ganar, cuando gana puede no parecerle muy complicado. Pero eso no quiere decir que no lo haya sido.
En un combate de Judo compiten dos y solo hay uno que gana y ganar nunca es fácil.
Las competiciones y los combates se preparan, se realizan y se evalúan. De la evaluación podemos sacar conclusiones que nos hacen evolucionar y progresar.
Cuando se pierden habitualmente los combates nos parece complicado poder llegar a empezar a ganar. Y es a partir de la evaluación de esas derrotas, que hay que reprogramar y realizar un entrenamiento adecuado para poner remedio y hacerlo mejor.
También es importante evaluar la competición cuando se ha ganado, para aprender a ganar. Tan importante es evaluar los combates perdidos como los ganados. De los combates perdidos aprendemos de los errores que hemos cometido y detectamos las carencias físicas, técnicas y de competición.
Y en los combates que hemos ganado nos reafirmamos en lo que hemos hecho para ganar.
El proceso es el siguiente:
El judoka comienza a competir, y comienza a ganar sus primeros combates.
Cuando gana en un entorno le parece normal ganar, y con todas las dificultades que cada vez entraña, ya no le parece extraño seguir ganando en ese nivel y cuando lo hace habitualmente a pesar de las dificultades ya no le parece tan difícil conseguirlo.
Para el que nunca ha llegado a ganar en un nivel, la primera vez que lo consigue es todo un éxito. Le ha resultado difícil pero a partir de ahí toma conciencia de lo que ha hecho para conseguirlo, se sigue entrenando, sube su eficacia y si consigue repetir con todas las dificultades que conlleva se va asentando y llega a parecerle normal.
Cuando un judoka consigue ser medallista habitual en un escenario autonómico, aunque no sea fácil, se le hace normal estar siempre allí. Cuando consigue saltar al nivel nacional y se afianza, se instala y también le parece normal estar allí. Cada vez el salto resulta más difícil y el que llega a subir al podio internacional le pasa lo mismo.
Es complicado cambiar de escalón. Mantenerse tampoco es fácil porque se es el rival a batir objeto de todas las miradas.
Muchas veces el error está en subestimar a un rival porque ya se le haya ganado.
Precisamente el rival que ha perdido se va a preocupar y se va a entrenar para ganarnos. En ocasiones cuando le hemos ganado olvidamos que existe, pensando que la próxima vez va a ser igual y llega el momento de la competición y el rival que ha preparado su combate, nos pone problemas…y más problemas…y el combate… se nos va de las manos…
Pero habitualmente una vez que el judoka se ha asentado en un nivel y en una categoría, entra en la dinámica de hacer fáciles los combates, porque ha aprendido a ganar.
Mantiene y refuerza su entrenamiento. Aprende a entrenar, a optimizar el tiempo y los contenidos y el entrenamiento y la rutina del entrenamiento de cada día pasa a formar parte de su vida.
Aprende lo que tiene que hacer con diferentes rivales, aprende a estudiar al contrario, trabaja y prepara las competiciones con mayor interés y dedicación.
Y todo esto le hace subir de nivel y aprende a ganar. Su confianza aumenta y se ganan combates y torneos que antes nunca se hubiera imaginado que se podían llegar a ganar.
Y si cuando alguna vez ha ganado un combate o una competición le ha parecido que ha sido fácil, que piense en lo pueda sentir su rival y como se encuentra.
Y lo que no tiene que plantearse es que “tampoco ha sido tan difícil”.
14-10-11
“El que algo quiere, algo le cuesta…”.
Me llama Pablo. Pablo es un alumno del club, ahora profesionalmente establecido y trabajando fuera de Zaragoza. No se entrena mucho porque el club más cercano lo tiene a 30 kms de donde vive y trabaja. Me dice que ha pensado competir este año próximo en el autonómico de la ciudad donde reside. Que para entrenarse tiene posibilidad de utilizar pista de atletismo, piscina, gimnasio con pesas… Que le prepare un plan de entrenamiento para ponerse fuerte, que tiene muchas ganas…
Lo primero que le digo es que si va a competir en Judo lo que tiene que hacer es hacer Judo. Entrenarse en Judo.
Que si físicamente quiere ponerse a tono eso no es lo más complicado. Que para empezar se plantee correr todos los días. Y que si quiere ponerse fuerte que empiece a trabajar en el gimnasio con pesas.
¿Cómo?, ¿cuánto?…que de momento eso da igual, que lo importante es que empiece.
En mis tiempos “lo normal” era hacer Judo, asistir a clase y entrenarse los infantiles dos días a la semana y los adultos tres. Algunos, “los más raros”, quedábamos para hacer alguna sesión más o para correr sábados o domingos, o salíamos también a correr por las mañanas antes de ir a clase.
Luego nos enteramos de que en otras territoriales, había clubes en los que se entrenaba todos los días, también corrían y hacían hasta ejercicios con pesas que en aquellos tiempos hasta que se conoció un libro donde Inokuma y Draeger, aplicaban el trabajo con pesas al Judo, había quién afirmaba que en Japón no se entrenaban con pesas, y que estaba mal visto.
Actualmente el que pretende competir si no se entrena cada día lo tiene muy crudo para obtener resultados. En España ya hay clubes que “se lo toman en serio” y se entrenan todos los días incluso realizan un mínimo de dos entrenamientos al día. Y en algunos casos tres. Físico a primera hora, sesión técnica a media mañana y sesión de randori por la tarde.
En los clubes de a pie, por la problemática que conlleva se sigue haciendo como norma tres días por semana. Los que compiten a veces hacen Judo todos los días, la mayoría normalmente una sesión de Judo diaria y los que intentan hacerlo mejor, hacen el físico aparte.
Evidentemente los que luego tienen mejores resultados en competición son los judokas de clubes donde se doblan sesiones de entrenamiento cada día. Esto no se puede hacer en todos los clubes por su organización, falta de tiempo, ocupación del profesor… y porque no todos los judokas están por la labor de entrenarse dos veces al día. Luego también compiten y a veces ganan pero es más infrecuente.
El rendimiento en competición, en resultados deportivos, suele ser proporcional al tiempo dedicado al entrenamiento.
Luego evidentemente influyen otros factores. Con el mismo tiempo de entrenamiento, misma intensidad y misma dedicación e interés, hay otras variables que pueden marcar diferencias.
La genética de cada competidor, la base de Judo “que ha mamado” y de la que parte, su inteligencia para competir, los contenidos trabajados en cada entrenamiento y la ambición y entrega de cada judoka son determinantes en el momento de obtener resultados.
Los judokas de un “club comercial”, (por llamarlo de alguna manera), se entrenan tres veces por semana, conforme sube su nivel de implicación comienzan a entrenarse más y quizá comienzan hasta a hacer la preparación física aparte.
En las autonomías muchas veces surge un club, un corpúsculo de judokas que se entrenan más y destacan sobre los demás clubes y durante un tiempo consigue más y mejores resultados. Esto suele variar en el tiempo dependiendo de distintos factores. De la dedicación y motivación del profesor, del grupo, de la aparición o finalización de distintas camadas.
En todas las autonomías tenemos ejemplos de clubes de toda la vida con resultados, que de alguna manera mantienen regularmente un status. Otros que despuntan y destacan durante un tiempo. También está el club del que sale un judoka puntual y mientras este competidor dura, ese club suena y se mantiene. Finalmente esta el club que existe de siempre pero que apenas participa, porque no tiene competidores o porque le resulta a su profesor más cómodo no implicarse, y no tiene ningún tipo de resultado.
También tenemos ejemplos de clubes que funcionan como verdaderos centros de alto rendimiento. En España el ejemplo más claro lo tenemos en la comunidad valenciana. Un club como el Valencia Club de Judo, suple la función que se debería hacer en un centro de alto rendimiento.
Salvador Gómez lo presenta y muestra su proyecto. Un objetivo deportivo y una base educativa. Para ello y pensando en el futuro de sus judokas, facilita una formación académica. Reúne judokas de cierto nivel, les ayuda con sus estudios, los aloja y les proporciona el lugar y las condiciones adecuadas para realizar un entrenamiento en condiciones.
Realizan dos sesiones diarias. La de la mañana a veces de Judo y a veces de preparación física en pista, gimnasio o playa dependiendo del momento de la temporada y la de la tarde específica de Judo de competición, de randori. Los judokas se embarcan y dedican su vida y su esfuerzo en este proyecto que Salvador Gómez define como “una dedicación monástica”, la de sus judokas.
Tienen un entrenador, en un primer momento fue Sergio Doménech y ahora es el cubano Beitia que, coordinado por Salvador Gómez organiza y dirige los entrenamientos y consigue que todos motivados se entrenen con un objetivo común.
Con un presupuesto obtenido a base de subvenciones se mueven por donde pueden y hasta donde les llega a participar en competiciones.
De esta forma consiguen que competidores, algunos sin resultados aun, se pongan fuertes, lo hagan mejor y comiencen a obtenerlos. Recuerdo como, un judoka que de júnior ya era subcampeón de España, sufría en las concentraciones nacionales, cuando un cadete lo maltrataba en el tatami. En un par de años en el Valencia Club de Judo este judoka ha madurado y ha pasado a hacerse respetar en el tapiz y no solo por los cadetes…
En el campeonato universitario de hace dos años en que el Valencia Club de Judo prácticamente lo copó todo, hablando con Sugoy sobre el entrenamiento que llevaban, cuando me contó lo que hacían entendí el porqué de los resultados.
Los equipos nacionales de los países que tienen resultados en un entorno internacional seguro que están concentrados y “doblando entrenamientos” la mayor parte del año.
En Japón en las universidades “normales” hacen dos entrenamientos al día. Físico por la mañana y de Judo por la tarde. A veces cuando “tienen visita” de otras universidades, organizan “intensivos” de Judo mañana y tarde, incluso varios días seguidos.
Los del equipo nacional japonés no se como lo hacen. Pero si en las universidades es así, conociéndolos no será muy distinto.
Pero lo que está claro es que en la actualidad el que quiere obtener resultados en competición en España y no estoy hablando de torneos internacionales sino de subir al podio en un campeonato nacional, porque ya hay quién se entrena así, tiene que entrenarse más. Tiene que entrenarse como mínimo todos los días y en muchos casos debería entrenarse hasta dos veces al día.
¿Qué puede resultar complicado?, seguro que si. ¿Que puede ser difícil compaginar una vida de estudiante en casa o conciliar una vida laboral y familiar con esta frecuencia de entrenamiento? ¡Claro que es difícil!.
Y a Pablo decirle que tiene que comprender que el mejor entrenamiento “es el que se hace”, y que si pretende competir aunque solo sea en un nivel autonómico tiene que entrenarse y ser capaz de solucionar la distancia física y temporal que le aleja del Judo.
Y llegar a entender y asumir que “el que algo quiere, algo le cuesta…”.
30-09-11
Y van 90… ¿Por qué el Judo?
Se han cumplido ya tres años desde que propuse a Jesús Asensio publicar periódicamente en su página de Arajudo una reflexión.
Comenzamos, y “sin enterarnos” ya llevamos tres años sin fallar una sola quincena a la cita y van 90 reflexiones publicadas.
La reflexión ha surgido siempre a raíz de una situación, un comentario o una frase puntual realizada por un alumno o un amigo durante una conversación.
Suelen ser momentos que se nos dan a todos en nuestra vida o sensaciones e ideas que todos tenemos y que como yo ahora tengo más tiempo o estoy más sensible, las recojo y las escribo. Pero cualquiera de nosotros podría hacerlo.
A veces también he escrito y opinado sobre campeonatos y situaciones puntuales que se han producido. Pero no me quiero erigir en un crítico de cada actuación que se celebre, y si en esos eventos no surge una situación puntual que provoque ideas sobre las que opinar, no he querido escribir nada.
No tengo porqué juzgar cada situación…
Como ya he dicho en alguna ocasión mi mayor satisfacción es ver como en ocasiones os identificáis, las hacéis vuestras y las colgáis en vuestras páginas.
Cuando a veces os encuentro y me hacéis algún comentario intento tenerlo siempre en cuenta.
Celebrando estos tres años me parece oportuno repetir la reflexión con la que empecé esta serie de escritos, que algunos quizá recordéis, y ahora que estamos a principio de curso nos puede resultar útil recordar…
Desde aquí os quiero agradecer a todos los que las leéis. Para mí estar pendiente de ellas y el escribirlas de alguna manera llena y se ha hecho parte de mi rutina diaria.
Mi vida como la de muchos de vosotros es el Judo y como no puedo practicarlo como me gustaría me dedico a escribirlo.
1.- ¿Por qué el Judo?.
Vamos a argumentar algunas razones de porqué de iniciarse en la practica Judo o de retomarlo en el caso de que se haya practicado anteriormente.
El Judo ayuda a los niños a crecer.
El Judo ofrece la característica excepcional de ser a la vez un deporte individual, que se practica con un compañero, y al mismo tiempo una actividad que se vive en un marco colectivo.
Permite al niño canalizar su energía y transformarla en fuerza física y mental teniendo como referencia unos valores donde prima la educación, el control de uno mismo, la modestia, el respeto, la autoestima, la sinceridad, el honor, y la amistad.
Practicar el Judo es una forma de ayudar al niño a crecer en un contexto más general dentro del aprendizaje de la vida.
El Judo contribuye a un buen desarrollo físico e intelectual del niño desde que empieza a practicar.
Las normas para aprender a mantener un comportamiento adecuado en cada momento, de respeto y de buena conducta, ayudan al niño a crear alrededor de él un clima de confianza.
El niño mediante el judo va a descubrir la relación con los demás con total libertad.
Desarrollando su concentración, su motricidad y su equilibrio, el niño se hace consciente enseguida de todas sus posibilidades.
Se recomienda comenzar la práctica de Judo generalmente hacia los cinco o seis años. En esta edad el Judo es ante todo una actividad lúdica y la finalidad principal gira en torno al desarrollo corporal y social.
A partir de allí el niño descubrirá las primeras técnicas y las perfeccionará. Aprenderá también a desarrollar su sentido táctico basado en la utilización de la fuerza del compañero.
Cada etapa estará marcada por la obtención de un cinto de distinto color que simboliza el progreso realizado. El profesor ofrece y garantiza al niño un sistema progresivo y adaptado que le permite aprender y a desarrollarse en un entorno sano, divertido y apasionante.
Porque lo más importante en el Judo, es disfrutar del placer que proporciona su práctica.
¿Qué placer?.
El placer de encontrar amigos.
El Judo es una actividad deportiva y una disciplina a la vez individual y colectiva. El trabajo técnico y el randori te hacen encontrar múltiples compañeros de todos los niveles. Tú compartes con ellos el mismo placer, que te hace ir al club a practicar Judo.
El placer de aprender.
En Judo nada se hace solo: gracias a los demás, tú puedes progresar y gracias a ti los demás progresan. Practicar con un compañero de un nivel superior te ayuda a aprender más y permite a los demás que progresen contigo.
Todo el placer del Judo proviene de este permanente cambio.
El placer de practicar.
Como todo deporte que se practica con regularidad cuanto más se progresa más placer se obtiene con su práctica.
Y mediante el entrenamiento se llega a entender que el Judo es un deporte que obliga a pensar, y que tan importante resulta el trabajo mental como el físico.
El Judo es para el niño.
El conocimiento de su cuerpo y del esfuerzo, el descubrimiento del otro, en el marco del club o colegio tutelado por un profesor.
El descubrimiento de la noción del respeto al contrario, del lugar de trabajo, del árbitro y del compañero.
La construcción de su mente. El niño aprende a ganar y saca enseñanzas de las derrotas.
La asimilación de valores como la educación, la autoestima, la sinceridad, el honor, la modestia, el respeto, el control de uno mismo, la amistad, permitirán al niño expresarse plenamente, desarrollar su personalidad y canalizar su energía.
Un comportamiento cara a cara donde el niño tiene marcado claramente los límites de lo que está autorizado y de lo que no.
Una ocasión de valorar los progresos sin exigir puestas a punto irrealistas ni hacerle tener una presión excesiva.
Una actitud que lleva a responsabilizar al niño le ayuda a cumplir ciertas tareas como preparar y hacerse cargo de su bolsa, aprender a cambiarse solo, a anudarse el cinto, respetar los horarios...
Una posibilidad de integrarse en la vida del club, de viajar y asistir a competiciones y entrenamientos, a colaborar con sus compañeros y con su profesor en tareas del club, entrenamientos, ayudando en la organización de competiciones llevando el tiempo en una mesa…
El Judo proporciona beneficio al cuerpo y a la mente.
El judoka no nace, se hace. La práctica de Judo conlleva una forma de vida ordenada, basada sobre el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu y sobre el principio del respeto a los demás, amigos, compañeros y adversarios, pero también sobre todo el respeto a uno mismo.
Aprende la importancia de la alimentación, aprecia el momento del descanso y se ve obligado a mantener una vida higiénica.
Por todo esto el Judo resulta una formidable forma de vivir y de saber vivir. El Judo llega a ser toda una escuela de vida.
Respetar las normas y aceptar las formas que el Judo conlleva hace que el practicante sea más fuerte en el tatami…y en la vida.
El Judo enseña el respeto, la limpieza y la higiene.
El respeto a los otros y a uno mismo.
El ritual del saludo, antes y después de practicar, el respeto al árbitro durante las competiciones, el respeto al profesor a los más veteranos y a los mayores...
La higiene que exige su práctica: el cuidado del aseo personal antes de practicar, las uñas de las manos y pies cortadas para no hacer daño, el judogi siempre limpio, el hábito de ducha después de cada entrenamiento conserva mejor al judoka, y hace su práctica más agradable también a los demás.
El respeto a los lugares.
Si cada uno pone un poco de si mismo, es muy sencillo.
Clubes y tatamis deben resultar limpios y agradables para todo el mundo. Las zoris ordenadas, los papeles y los esparadrapos en las papeleras, los vestuarios bien ordenados…, el dojo debe llegar a ser para el judoka una prolongación de su habitación, de su casa… lo que hará al judoka una persona más responsable y más ordenada.
Por todo lo expuesto anteriormente podemos deducir y expresar claramente que:
“Practicando Judo ganamos todos”.
15-09-11
¿Por qué los japoneses son los más fuertes?.
Hace unos años en una revista francesa, venía este artículo compuesto de opiniones de distintos entrenadores y competidores de reconocido prestigio y que después de este mundial me parece oportuno divulgar para que todos conozcamos y pensemos sobre ello.
¿Por qué los japoneses son los más fuertes?
Por la calidad de los profesores y su ejemplo.
Por la cultura de aprendizaje.
Yamaguchi
Es una sociedad que valora el esfuerzo y el sufrimiento a diferencia que en Europa que cada vez se quiere sufrir menos.
A. Matías
Los japoneses buscan siempre marcar ippon.
Los modelos tácticos no son buenos para el Judo.
Leo Held
Cultivan el secreto para ser fuertes mentalmente .
Z. Zviadauri
La determinación por ganar, la convicción.
Inoue- Izumi
Su gusto por el ippon.
Arencibia
Los competidores quieren parecerse a los campeones del pasado. La presión es muy fuerte, a causa de la exigencia general y de la oposición, es un handicap, pero también un modo de selección.
Nagai
Los japoneses no son todos fuertes. De hecho aquellos que lo son, son porque han comprendido como ganar. Esos son los campeones y esto es verdad para los extranjeros y para los japoneses.
Nagai
El sistema de universidades facilita enormemente hacer Judo y esto es una ventaja increíble. Los japoneses unen a la cantidad la calidad.
Su forma de comprender el Judo les empuja a basar un Judo en el dominio de la técnica, la elegancia que a la larga es el más eficaz.
Udo Quellmaz
Para compensar su físico los japoneses deben de trabajar técnicamente más y adaptar las técnicas a su morfología.
Koga
Los japoneses comienzan mucho antes la práctica del randori que los occidentales. Es a través del randori que ellos aprenden las técnicas.
Geesink
Los japoneses han preservado la guardia fundamental con dos manos que demuestra su eficacia sobre el plan ofensivo y defensivo.
Hamada
Bases técnicas, simples pero no saben improvisar.
Huizinga
Han progresado mucho en cuanto a condición física.
Lemaire.
Ejecutan las técnicas más rápidamente, van siempre por delante .
Elmont
Saben hacer reaccionar .
Fujii
Son precisos en el uchi komi y abiertos en el randori.
Brunet
Han hecho una profunda reflexión sobre los principios de la eficacia.
Roux
Tienen los medios.
Beitia
El respeto por el sistema regional japonés. La rotación frecuente de entrenadores y la transmisión del patrimonio.
Hosokawa
Analizando estas respuestas que seguro son un extracto de lo que cada uno dijo y que todos tienen su parte de razón, agrupando las ideas, según esta encuesta se deduce que podemos basar el éxito de de los japoneses en tres parámetros fundamentales:
1.- Tienen un sistema.
2.- Tienen una especial mentalidad.
3.- Ponen medios.
1.- Tienen un sistema:
El sistema de las universidades facilita la práctica de Judo. De la cantidad sale la calidad.
La cultura del aprendizaje.
La calidad de sus profesores y su ejemplo.
La forma de comprender el Judo basado en el dominio de la técnica.
La rotación de entrenadores con la consecuente transmisión del patrimonio.
2.- Su mentalidad:
Es una sociedad que valora el esfuerzo y el sufrimiento.
Determinación por ganar y por superar las adversidades. No hay más que ver como reaccionó la sociedad nipona ante el terremoto, el correspondiente tsunami y el problema con la estación nuclear de Fukushima.
Búsqueda por marcar ippon, por buscar la perfección. En un combate de Judo, aun perdiendo, el japonés tiene un peligro especial hasta el final.
Los competidores quieren parecerse a los campeones del pasado.
Los campeones son campeones porque han comprendido lo que tienen que hacer para ganar. Han aprendido a ganar.
3.- Ponen los medios:
Han progresado mucho en cuanto a condición física.
Son precisos en el uchi komi.
Realizan bases técnicas simples.
Trabajan un kumi kata con dos manos, lo que les hace ser tan eficaces en el plano ofensivo como en el defensivo.
Comienzan desde muy pronto la práctica del randori.
Realizan grandes tiempos de randori en los entrenamientos. Las sesiones de entrenamiento en las Universidades, comprende lo que ellos llaman ju renshiu (nuestro randori), y hacen un mínimo de doce (una hora) muchas veces quince y hasta veinte cambios de cinco minutos.
Para finalizar:
Se ha celebrado el campeonato del mundo de Judo en París.
Campeón indiscutible por pesos Japón con 15 medallas, (cinco oros, seis platas y cuatro bronces), aunque ensombrecido con el resultado por equipos.
Seguido en medallas individuales por Francia, con solo cinco medallas, (cuatro oros y una plata), pero que al haber batido a Japón por equipos en chicos y chicas se considera a Francia vencedora absoluta.
En los campeonatos del mundo en número de medallas, los japoneses llevan toda la vida ganando.
Hace dos años, en Rótterdam las medallas estuvieron muy repartidas y los japoneses aun ganando, tuvieron una bajada importante. En los mundiales de Rótterdam Japón solo sacó siete medallas.
Se pusieron las pilas y quizá hasta “rodaron cabezas”, pusieron los medios y al año siguiente en Tokio obtuvieron veintitrés.
Potenciaron el Judo femenino que hasta entonces era “una maría” para ellos, y se hicieron los amos. Japón obtuvo la hegemonía en la categoría femenina, con 6 oros, 3 platas y 4 bronces.
Por detrás de ellos siempre Francia, también con una organización y un sistema similar más que importante, y que habitualmente siempre está allí.
España en Rótterdam hace dos años obtuvo los mejores resultados de su historia en un mundial.Dos medallas de plata: Oiana Blanco y Sugoy Uriarte, una de bronce: Ana Carrascosa, dos quintos: David Alarza y Esther San Miguel y un séptimo puesto: Kiyoshi Uematsu. España se clasificó en el lugar número 11.
El año pasado España en Tokio se clasificó en el puesto 23 por los dos quintos puestos de Cecilia y de Sugoy.
Los competidores españoles que han estado en Paris y han competido son los que han demostrado alguna vez que sabían ganar en ese nivel, y son los que tenían que estar. Dentro de sus posibilidades se han entregado, se han entrenado y han dedicado su tiempo, ilusión y esfuerzo en esta misión. Pero no solo ellos, también sus familias, sus entrenadores y sus compañeros de entrenamiento.
Pero sus posibilidades y el entrenamiento que han seguido quizá no ha sido el más adecuado durante toda la temporada. El sistema de clubes que mantiene España quizá no sea el idóneo para tener unos resultados a ese nivel.
Los clubes son las células de la Federación. Son los primeros estamentos. Gracias a ellos el Judo vive y se mantiene vivo. Son los criaderos de judokas de donde se nutre la Federación. Pero no es misión de los clubes preparar a sus judokas para ser medallistas en campeonatos del mundo.
La misión del club es difundir, promocionar el Judo y formar judokas. Esta formación incluye una parte de competición, hasta llegar en algunos casos a un nivel nacional.
Para llegar a un nivel internacional es la Federación la que tiene que recoger a sus judokas y encaminarlos hacia lo más alto. Y para ello poner los medios.
Entrenarse en su club, realizar concentraciones esporádicas con judokas españoles, salir a algún torneo y de vez en cuando participar en una concentración con los mejores, es una forma, pero es a todas luces insuficiente y es una forma de trabajo engañosa, cuando hay muchos países, y que luego ganan, que trabajan a otro nivel, que lo hacen de otra manera.
En esta ocasión solo Ana Carrascosa ha obtenido un bronce. ¿Habrá influido en algo que Ana se desplace con cierta frecuencia y haya realizado esta temporada durante un tiempo su preparación en Japón? “Júntate a los buenos y serás uno de ellos…”
Quizá es momento ya de que en España los responsables, (Doctores tiene la Iglesia…), se reúnan, reflexionen, tomen decisiones y pasen a la acción…
Y si no… seguiremos engañándonos…
En mi última reflexión “Tomemos medidas”, olvidé incluir al maestro canario Amado Ramos Pérez entre los novenos danes existentes en España.
Manuel Cabrera Tavío, imagino que alumno suyo me lo hace saber. Pido excusas por esta omisión del maestro pionero y responsable de la existencia del Judo en Canarias.
El párrafo correspondiente a los novenos danes debería ser:
En España hay cinco cintos rojos, novenos danes, los maestros José Navarro, Lee Young, Víctor Gaspar, Shu Taira y Amado Ramos.
Desde aquí quiero decir que siento haberlo pasado por alto, y que por ello pido disculpas al maestro Amado Ramos, a sus alumnos, al Judo canario en general y a todos aquellos que se han sentido afectados por esta omisión.
Al final nadie te preguntará lo que te ha costado…
01-09-11
¡Qué miedo! respondió mi amigo del colegio Antonio Albiñana cuando tras tres meses de práctica, le comuniqué una novedad para mi importante: “soy cinturón amarillo…”.
Como alguna vez ya he indicado, yo me inicié en el Judo a los 15 años recién cumplidos. Algo tarde si lo comparamos con la edad con que se inician ahora los niños.
Recuerdo la ilusión que me hizo pasar a cinto amarillo, pero durante esos primeros años mi obsesión era oscurecer el color del cinturón, llegar cuanto antes a ser por lo menos cinto verde o azul que me parecía más digno.
Ostentar el cinturón amarillo en el deporte que acababa de descubrir, me ilusionaba, pero me parecía “de muy poco nivel” en una actividad que me estaba seduciendo y a la que dedicaba en aquella época mucha ilusión y todo mi esfuerzo y que intuía que iba a formar una parte muy importante de mi vida.
Con el tiempo he entendido que pasar de cinto y oscurecer el color es una consecuencia de la práctica de Judo y forma parte de la progresión y del aprendizaje.
A todos nos ha pasado alguna vez. Un adulto que viene al club, interesado por practicar Judo y que nos dice que no quiere pasar de cinturón, que los cintos le dan igual, que quiere hacer Judo por practicar un deporte…
Yo las primeras veces respetaba este deseo, pero luego me he dado cuenta de que es un error. El judoka, el practicante debe pasar de cinturón. Debe llevar una progresión adecuada en el aprendizaje en la práctica de Judo y eso en alguna forma lo facilitan los cinturones.
Hay que reconocer que un adulto que en su vida profesional y laboral está establecido, con un status social determinado comenzar un deporte y ser “el último de la fila”, sentir la torpeza al realizar los movimientos, puede resultar duro. El adulto que hace esto y se integra demuestra una madurez inusual y verdadero interés por practicar Judo. Por eso quizá no hay tantos judokas que se inicien de adultos y que se adapten a esta situación.
Decía mi madre, profesora de lengua y literatura, cuando los resultados en nuestros estudios no eran como ella pensaba que debían ser, que “al final nadie te preguntará lo que te ha costado, sino lo que eres…”.
El objetivo de un judoka cuando se presenta a un examen de paso de grado es aprobar y obtener el grado deseado. Lo ideal es que en el examen pueda demostrar sus conocimientos, encontrarse bien y realizar el examen con seguridad y soltura. Y ciertamente es mejor aprobar, aunque salgamos pensando que no lo hemos hecho todo lo bien que podíamos, que suspender estando convencidos de que lo hemos hecho perfecto.
Comentaba Enrique Bascuas, judoka aragonés alumno de mi amigo Manuel Hernández tras examinarse de 5º dan que le habían preguntado poco. Que después de tantas horas de preparación se había quedado con las ganas de expresar y de demostrar más cosas.
Es una sensación que todos hemos tenido cuando con ilusión y tiempo hemos preparado un paso de grado o un examen de titulación de Judo. Pero bueno, es lo que hay y ahí quedan los daños colaterales de presentarse a un paso de grado en Judo como son las muchas horas de práctica, la mayor relación con el profesor y los compañeros, la ayuda por parte de todos, y una progresión técnica importante.
El objetivo de un competidor ante un combate es ganar el combate. Lo ideal es poder demostrar todo su potencial como competidor, ganar el combate aplicando sus técnicas y saliendo con buenas sensaciones.
Pero si tiene que decidir entre ganar o perder, en un combate seguro que prefiere ganar aunque no se hayan tenido buenas sensaciones, que perder habiendo hecho “muy buen Judo”. Muy pocos se acuerdan de los que han perdido. Los que figuran y quedan en los papeles son los que han ganado. “Al final nadie te preguntará lo que te ha costado…”.
Para un competidor los daños colaterales son las muchas horas de entrenamiento físico, técnico, táctico, con toda la progresión que implica, muchas vivencias importantes que conllevan el entrenamiento constante y una vida mucho más intensa, rica en relaciones y más sana dedicada al deporte.
Muchas veces los judokas pensamos en la obtención del primer dan como un objetivo, y en si es una meta pero luego nos damos cuenta de que en realidad una vez que se obtiene es el comienzo de toda una vida deportiva como judoka.
Algunos judokas una vez que obtienen el primer dan, pasada la euforia inicial, si no han disfrutado con la preparación, con el reto que supone el examen, se relajan, su motivación cambia y por diferentes circunstancias abandonan la idea de preparar el siguiente grado, e incluso poco a poco… abandonan el Judo.
Prueba de ello es la gran cantidad de cintos marrones que existen y que se presentan a primer dan, y luego el número de primeros danes que existen. Son muchos menos candidatos a segundo dan y que se presenten a tercero, cuarto y quinto dan ya se pueden contar con los dedos de las manos.
Es por eso que los grados hay que intentar pasarlos seguidos, cuando se tiene tiempo, cuando se está bien físicamente, observando un tiempo mínimo de permanencia y lo antes posible. “Al final nadie te preguntará lo que te ha costado…”.
Comentaba Raúl Clemente, nuestro campeón de España de Binefar, antes de comenzar el último paso de grado en Zaragoza, la importancia de no perder tiempo en cuanto a la obtención de los distintos grados y la problemática de compaginar el entrenamiento de competición y la preparación del kata.
Finalmente indicar la sensación de desencanto que a veces nos invade cuando en un examen de Judo todo el mundo aprueba.
No es que digamos que hay que suspender por suspender, ni que obligatoriamente queramos que alguien suspenda… si todo el mundo llega al nivel…
Lo que realmente nos importa es que nosotros hayamos pasado, luego habrá tiempo y foros donde demostrar que hay cintos negros y cintos negros, danes y danes y si verdaderamente queremos diferenciarnos tendremos que seguir practicando tratando de preparar los siguientes grados y seguir subiendo de nivel, porque “al final nadie te preguntará lo que te ha costado sino lo que eres…”.
22-08-11
Tomemos medidas...
Cuando un principiante comienza a practicar Judo, su ilusión, su objetivo es llegar a cinto negro, llegar a primer dan. Ya hemos comentado alguna vez que una vez cumplida esa meta, es cuando de verdad comienza a andar el judoka.
En un grupo de principiantes el color del cinto nos ayuda a diferenciar fácilmente los conocimientos y la veteranía de cada judoka.
Y el judoka que se mantiene constante consigue su ilusión y obtiene el cinto negro. Color que lucirá durante muchos años. Si se afianza dentro del Judo llegara a alcanzar el segundo o tercer dan, que ya implica cierta seriedad dentro del Judo. Cuando logra el cuarto dan marca distancias, porque cuarto dan ya manifiesta un cierto nivel. Cuarto dan es un grado que en Japón se empieza a observar.
En Europa y en España los altos grados se consideran a partir de 5º dan.
Pero de 1º a 5º dan el judoka viste el cinto negro y es difícil diferenciar su grado. En un determinado momento todos nos conocemos pero solo por ostentar el cinto negro un judoka no define su categoría, no tenemos la certeza del grado que tiene. Y aunque está en desuso, algunos lo facilitan grabando en el cinto o en la parte inferior del judogi unas barras que definen el dan…
Y además como también a partir de sexto dan se puede optar por llevar el cinto negro o el rojo blanco, existe mayor dificultad en adivinar el grado de cada judoka.
El campeón japonés ahora maestro, profesor de la universidad de Tenri Shozo Fujii 8º dan, decía que él solo se había puesto el cinto rojo blanco en contadas ceremonias, pues vistiendo de cinto negro se encontraba siempre en disposición de aprender.
Sin embargo a los rojo-blancos 6º, 7º y 8º dan con las nuevas normas de las bandas desde 2007 es mucho mas sencillo identificarlos. Lo que sucede es que en España muy pocos tienen conocimiento de esta norma y para algunos todos los cintos rojo blancos son iguales. Incluso los mismos altos grados que deberían ser los más interesados la desconocen...
Yo lo descubrí por azar y con todos los rojo-blancos que este verano he tratado, excepto mi amigo y socio Jesús Sánchez que “no se como hace pero se entera de todo”, lo he consultado y no lo sabían.
La norma dice que las franjas rojas y blancas en los cintos de 6º dan deben medir 20 cms, en los de 7º, 15cms y en los de 8º, 10cms. Novenos y decimos danes cinto rojo completo.
Llegados a este punto, seguro que muchos, yo también lo hice, os levantáis de la silla y vais a buscar vuestros cintos para comprobar la medida de sus franjas, y si no, lo vais a hacer después…
En España hay cuatro cintos rojos, novenos danes, los maestros Navarro de Palencia, Lee Young, Víctor Gaspar y Shu Taira.
También tenemos en España algunos sextos danes que sin saber como, se han hecho con un cinto de séptimo dan (de 15 cms), y por ignorancia, lo llevan felices.
Y octavos danes que por costumbre, o por el cariño que le han cogido a su cinto de siempre que alguien en su momento les regalo y por desconocimiento llevan el rojo blanco con bandas de 20 cms, de sexto dan.
Nos cabe en la cabeza que algún cinto azul o marrón ¿se ponga un cinto naranja o un cinto verde para participar en un entrenamiento?.
Los primeros siete décimos danes fueron Yoshitsugu Yamashita, Hajime Isogai, Suichi Nakaoga, Kyudo Mifune, Kunizaburo Lizuka, Kaichiro Samura y Shotaro Tabata.
Mas tarde fue a Kawaishi, introductor del Judo en Europa, al que la Unión Europea de Judo le concedió el décimo dan a titulo póstumo.
Luego han sido algunos más hasta completar un total de 22.
Los siguientes fueron:
Okano, Shoriki (solo honorífico), Nakano, Kuri Hara y Kotani todos ya fallecidos.
Los últimos japoneses en 2006 fueron Abe, Daigo y Osawa.
Todos estos reconocidos por el Kodokan.
Reconocidos por la Federación Internacional, (no sé si también por el Kodokan), los europeos: Geesink y Palmer, en 1997, y el inglés Kerr en 2010.Y propuestos y reconocidos por sus respectivos continentes y Federaciones, tampoco sé si también por la IJF, el francés Courtine en 2007 y el holandés Nauwelaerts en 2008.
Para elaborar esta parte de la reflexión y poner datos contrastados, he consultado a Jesús Sánchez. Indagando por Internet aparece un tal Philip Porter, americano, décimo dan en 2005, desconocido para nosotros, del que no hemos podido confirmar su autenticidad, y que ni a Jesús ni a mi nos produce excesiva confianza, porque se muestra como décimo dan en varias disciplinas. Hasta que nos aseguremos, este punto queda en el aire.
Si tenemos en cuenta a Porter, serían 23 los décimos danes existentes hasta ahora.
Y en los últimos días, agosto de 2011 la última en pasar, y primera mujer en alcanzar este grado ha sido la japonesa Keiko Fukuda de 98 años residente en San Francisco.
Personalmente en alguna ocasión he visto al francés Henry Courtine en algunos campeonatos pero solo he conocido y tratado de cerca a un décimo dan, el holandés Antón Geesink cuando Raúl Merino lo trajo a Torrelavega.
Y todo esto que alguno pensará que no sirve para nada, también es Judo y sirve, y conocer todo esto forma parte de la cultura de Judo.
Sextos, séptimos, octavos danes, si decidimos lucir nuestro grado, llevemos el cinto reglamentario y si no hemos medido: ¡tomemos medidas…!.
15-08-11
Todo el mundo no las sabe…
Se celebro Alicante.
Decía Sergio Cardell que muchas veces los profesores de Judo no explican las cosas porque piensan que todo el mundo las sabe…, y decía que no es así, que las cosas hay que explicarlas porque muchas veces todo el mundo no las sabe…
Un año más se ha celebrado Alicante. Este año el curso ha estado impartido por Miriam Blasco, Carlos Montero, Nicola Fairbrother y Roberto Naveira.
Presentó José Alberto Valverde a Miriam Blasco como la primera mujer española que consiguió una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos.
Y el primer día Miriam explicó la base para realizar sankaku. Hizo hincapié en que cuando se va a un curso hay que practicar y hacer lo que se explica en el curso y que a partir de allí cada uno tiene que enriquecer su Judo y adaptarlo a su forma y necesidades.
A Carlos Montero lo introdujo José Alberto como un judoka científico. Que aplicaba sus conocimientos científicos a la práctica de Judo. En sus sesiones, en pie trato la situación diestro-zurdo y partiendo de un agarre a una mano animaba a los participantes a buscar soluciones ante cada situación para cada uno aplicar su Judo.
En Judo suelo resaltó la influencia en su Judo y en su persona de su maestro José Luís De Frutos y expuso una sesión de Judo suelo al más clásico estilo De Frutos marcando las bases de donde partir, para que cada participante evolucionara y resolviera “sus problemas”.
A Nicola Fairbrother, José Alberto la presentó como la judoka que mas le había hecho sufrir durante los minutos que duró la final de los Juegos Olímpicos que la enfrentó a Miriam en Barcelona. Resulto subcampeona olímpica detrás de Miriam.
Fairbrother explico su movimiento especial: sumi gaeshi, básico y en desplazamiento como ella lo aplicaba. Dio ideas para combinar según la reacción del contrario y para aplicarlo con diferentes agarres.
Roberto Naveira fue catalogado por José Alberto como “tremendo personaje”. Roberto Naveira que fue el relevo de Carlos Sotillo después de los Juegos de Barcelona comentó que tuvo la suerte de vivir la época de los primeros mejores resultados del Judo español.
En su sesión expuso distintas situaciones que se pueden dar a lo largo de un combate y marcó las pautas para trabajarlas.
Como complemento del curso los judokas tenían la oportunidad de participar por las mañanas en las sesiones que dirigían los entrenadores del equipo nacional sub 23, José Toro y Pedro Riaguas.
También por la mañana y por la tarde se podía ver el trabajo de integrantes del equipo nacional senior ultimando su preparación del mundial.
Destacar la presencia en el curso de tres históricos del Judo español, los maestros José Alberto Valverde, el anfitrión, Gerardo Poncela durante mucho tiempo entrenador de los equipos nacionales y habitual de este curso y Rafael Ortega, que afinando la preparación de Ángel Parra y David Alarza para el campeonato del mundo de Paris, vivía por primera vez el curso de Alicante.
Y un año más se celebró Alicante. Con explicaciones de cuatro especialistas.
Explicaciones básicas, sobre movimientos clásicos y situaciones conocidas, que aunque a veces no se explican porque se da por sentado que todo el mundo las sabe, como decía Sergio Cardell a veces hay que explicar porque todo el mundo no las sabe…
07-08-11
Alicante siempre será Alicante.
Estaba pensando en escribir sobre Alicante este año que iba a venir Uchishiba y me llega un mail de la organización comunicando que finalmente no viene el campeón.
Cuando se organizan actividades se corre este riesgo. Que puedan no salir como se pretendía.
Y cuando no depende todo de uno mismo…
Pero Alicante es Alicante y hemos vivido muchas veces el curso sin que hubiera un japonés.
Ya he comentado alguna vez como se gestó el curso de Alicante.
En los primeros tiempos el curso de Alicante lo impartía Sergio Cardell. Arropado por su profesor José Alberto Valverde, colaboraban sus amigos, campeones y medallistas de los campeonatos de España.
Los primeros años de Alicante impartidos por Sergio, fueron unos cursos que no tenían nada que envidiar a los que se venían impartiendo entonces por Europa. Ni por contenidos ni por el trabajo realizado en ellos. Y hay cintas de video que lo certifican…
Por esas fechas también asistí a cursos que se celebraban en Francia impartidos por campeones como Nevzorov, Feist, Vial… todos ellos con un nivel importante de participación y de contenidos pero en ninguno se explicó mejor la forma de sacar brazos, de sacar piernas y de realizar movimientos en diferentes oportunidades. Se podría hablar de un nivel similar, pero mejor, lo dudo…
Luego bajo la dirección de Miriam, el primer curso en homenaje a Sergio lo impartió ella misma y amigos de Sergio.
Los que se hicieron después en las siguientes ediciones fueron con Haytos, Legien y Okada… La figura del campeón, del conocido tenía un mayor nivel de convocatoria y los cursos se desarrollaban con una gran expectación por la posibilidad de ver explicar y de conocer al campeón. Pero Sergio era Sergio y aunque quizá por tenerlo tan cerca y accesible y como “nadie es profeta en su tierra”…, no apreciábamos suficiente lo que hacía ni como lo hacía…
Más tarde ya con el curso de Alicante asentado, durante años volvieron a ser medallistas, antiguos y campeones de España del momento los que llevaban la parte técnica del curso.
Nada que objetar, pero volvemos al “nadie es profeta en su tierra”, y por mucho nivel y calidad con que demostraban los que hacían la función de profesor, parece que si no hay un competidor o profesor extranjero…falta algo. Y pudiendo elegir…
Y sin embargo como ya he indicado antes los primeros cursos de Sergio fueron de una calidad difícil de igualar.
Un curso con profesor extranjero, atrae más gente, abre miras, da a conocer otras formas de hacer, ni mejores ni peores pero cuando las técnicas las explica un campeón, una leyenda… se tiene más fe en ellas y se miran y recuerdan de otra forma.
Muchas veces pienso lo que habría disfrutado Sergio en la actualidad, con la facilidad que hay ahora de viajar, de conocer, de vivir situaciones, de relacionarse, de conectar por Internet, de disponer de ayudas económicas…
Sergio que no tenía ningún tipo de complejo, habría concretado, traído e incluso hecho dormir en su parcela a cualquiera de estos campeones.
Así son las cosas, después de Sergio, Miriam, luego Hajtos, Okada y Legien. Más tarde se volvió al “mercado nacional” y ahora Alicante recupera su status con primeras espadas.
Primero Inoue, ahora iba a ser Uchishiba, Alicante quién te ha visto y quién te ve… con más de 20 años a tus espaldas, Alicante continúas…
Tengo alumnos nacidos a principios de los 90, algunos en el 92, el año en que murió Sergio, y que no lo conocieron, pero que como muchos otros ahora disfrutan del legado de Sergio, ahora disfrutan de Alicante.
El año pasado Inoue, ahora iba a ser Uchishiba… pero serán profesores nacionales, y “como nadie es profeta en su tierra” parecerá el curso de menor nivel y sin embargo seguro que no es así, porque “Alicante siempre será Alicante…”
24-07-11
Aún quedan muchos por pasar…
Seguro que en España en verano se celebran muchos cursos de Judo. Algunos se dan a conocer más que otros, pero en todos los organizadores y profesores se esfuerzan para el curso se desarrolle en las mejores condiciones, y que se pueda aprender y practicar Judo.
Esto pasa mucho más en Francia. En Francia prácticamente cada región, casi cada club organiza su stage. Con los profesores de la región, amigos o campeones juntan grupos de alumnos para aprender, practicar y entrenarse.
Lo que también es seguro que no hay un curso de Judo como las Jornadas de Judo de Torrelavega, unas Jornadas muy jóvenes porque solo llevan 12 años, pero que siempre han contado con un profesorado impactante.
Raúl Merino y Fernando Méndez organizadores de las Jornadas, han conseguido traer a Torrelavega verdaderas figuras del mundo del Judo.
Por Torrelavega han pasado campeones de Europa, del mundo y olímpicos como Jacques Le Berre, Héctor Rodríguez, Shozo Fuji, Miriam Blasco, Antón Gessing, Alexander Jacskevich, Felice Mariani, Jeon Ki Young, Mike Swain, Isabel Fernández y Hirotaka Okada.
Maestros de la categoría de Lee Young, Toshiyasu Uzawa, José Luís De Frutos, Shu Taira, Macario García y Franco Capelletti.
Y entrenadores españoles con la veteranía de Pedro Gracia, Carlos Sotillo, Vicente Carratalá y José Ángel Guedea.
Esporádicamente en España y en Europa se celebran cursos con campeones europeos, del mundo y olímpicos como Toshihiro Koga, Katsuhiko Kashiwasaki, Pascal Tayot, Nuno Delgado…, pero casi siempre son de forma puntual y sin mayor continuidad.
Quizá el curso más antiguo que se celebra en España sea el de Alicante que inició Sergio Cardell, ahora organiza Miriam Blasco y que lleva como curso haciéndose hace más o menos veinticinco años. En Portugal el curso más relevante es el curso que organiza Pedro Gonzálvez en Coimbra y que va por su vigésimo tercera edición. Este curso se caracteriza por la gran asistencia de profesores y altos grados y por allí han pasado entre otros los maestros Kobayashi, Le Berre, Vial y también campeones como Nuno Delgado, Oscar Peñas… y muchos más.
Y el stage más antiguo en Francia y posiblemente en Europa es el stage que organiza en Chateau d’Oleron el francés Jacques Noris y que este año celebra su trigésimo sexta edición.
Las pasadas Jornadas de Torrelavega, la edición número 12 han contado con la presencia del maestro francés Jacques le Berre 9º dan y del japonés Hitoraka Okada 7º dan.
Unos doscientos participantes fundamentalmente de la categoría júnior y cadete, españoles y franceses en su mayoría, también irlandeses, ingleses y polacos han disfrutado de estas jornadas.
Comenzaba el día con una carrera matinal para los competidores y un curso monográfico sobre barridos para profesores donde el maestro Le Berre expuso la metodología en la progresión de, de ashi barai, okuri ashi barai, harai tsuri komi ashi, harai goshi… con diferentes oportunidades y desplazamientos.
En sus sesiones, el japonés Okada, explicó y demostró las bases para realizar de forma adecuada técnicas básicas tales como harai goshi, uchi mata, o soto gari, seoi nage, o uchi gari y ko uchi gari. De esta última exhibió la forma como él la ejecutaba y ganaba en ocasiones sus combates.
En suelo demostró y explicó distintas formas de trabajo desde entre las piernas y con el compañero defendiendo.
Terminaban las sesiones con un tiempo de randori administrado por los entrenadores del equipo nacional júnior Juan Carlos González Purriños y Paco Lorenzo.
Tiempo de randori donde el maestro Le Berre marcó las pautas de trabajo. Inicialmente comentó que como dice el maestro japonés, “casi francés” por el tiempo que lleva residiendo en Francia Shozo Awazu, que en el momento de practicar Judo, “lo más importante es no lesionarse” e insistió en que había que poner especial cuidado consigo mismo y con el contrario para no hacerse daño.
Dijo que, “para el que se lesiona el curso de Judo se ha terminado…”.
A continuación recalcó las distintas formas de trabajo de randori según el nivel físico y técnico de los implicados y comentó que Riosaku Hirano, maestro japonés afincado en Marsella hace muchos años, dice que: “el Randori debe ser fuerte y debe servir a todos y que tan importante es encadenar una buena caída como aplicar una buena técnica”.
Y dependiendo del nivel del que lo practica, hay que diferenciar:
Con un adversario de mayor nivel, “el débil” deberá atacar constantemente y se esforzará por proyectar.
Cuando los dos rivales tienen el mismo nivel, los dos se enfrentan en igualdad de condiciones y se emplearan al máximo para aplicar sus técnicas.
Cuando el adversario es de mayor nivel, este tiene la obligación de adaptarse al de menos nivel para poder progresar los dos.
Y por último, cuando se trabaja con un maestro o un mayor “on n´a pas le droit de le faire tomber”, “no se tiene el derecho de tirarlo”.
Y aplicando todo esto, de la práctica del randori fluye el principio del Judo: “progresión mutua”.
Y en este ambiente de progresión mutua se han desarrollado las 12 ª Jornadas Internacionales de Judo Ciudad de Torrelavega, con unos maestros de excepción y que afortunadamente para las Jornadas, para los que las disfrutamos habitualmente y para que todos las podamos seguir disfrutando por mucho tiempo, solo han pasado unos cuantos, y aunque pocos, todos los que han pasado son muy buenos y “aun quedan muchos por pasar…”
12-07-11
¿Desconectar…?.
“Necesito desconectar…”
Llega el final de curso y antes de las vacaciones esta es una frase que escuchamos con frecuencia.
La definición en el diccionario Larousse dice:
Desconectar:
“Deshacer o interrumpir una persona la relación o comunicación con alguien o algo”.
También es una frase que se hace habitual entre profesores de Judo.
Los profesores de Judo muchas veces necesitamos desconectar. De algunos grupos o de algunos niños queremos desconectar, queremos perderlos de vista. Después de haberlos “sufrido” todo un curso, necesitamos olvidarnos de ellos.
Con otros sin embargo no nos importaría seguir. Es más, llega el verano se van de vacaciones y los echamos de menos…
El año de cualquier trabajador, hablando en términos deportivos, se compone de un macrociclo que se divide en cuatro mesociclos (los cuatro trimestes), con las vacaciones pertinentes y que a su vez se subdividen en microciclos (las semanas), donde en cada una de ellas hay un sábado y un domingo para “desconectar”.
El curso de un profesor de Judo es similar. La diferencia estriba en que habitualmente los microciclos no están separados. Tras un microciclo que en un trabajador normal acaba el viernes, el profesor de Judo empalma el sábado con un torneo de peques, el domingo con una competición de mayores, con un arbitraje, con una reunión, un entrenamiento especial, una salida de Judo,de manera que llega al lunes sin haber podido “desconectar” de su ocupación habitual.
Para el competidor es parecido. La metodología de la preparación física habla de un periodo preparatorio, uno de competición y otro de transición.
¿Cómo se compagina esto en Judo?.
Termina una temporada realizando competiciones amistosas y sigue un verano de cursos y concentraciones comienzan las primeras competiciones, bueno las primeras es un decir…las siguientes…
Si el judoka es último año cadete, puede ya competir en junior y en sub 23.
Campeonato autonómico junior, sector, si tiene acierto final… Campeonato autonómico sub 23, sector y si se clasifica fase final… y campeonato cadete y fase final…
Todo esto mezclado. Entremedio torneos preparatorios, entrenamiento todos los días y ¿estudias o trabajas? En los intermedios de los mesociclos, vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano, concentraciones, cursos y entrenamientos, pues hay que aprovechar el tiempo de vacaciones y dedicarlo a entrenarse…
Un judoka adulto, más de lo mismo. Primero entrena para ser medallista en el campeonato de España y si lo consigue, después concentraciones, viajes, torneos… y cuando está en casa…más entrenamiento.
Para un entrenador y para su preparador físico con tantas actividades resulta verdaderamente difícil hacer una programación coherente de Judo y de preparación física.
El objetivo final puede ser participar y sacar chapa en un campeonato importante campeonato de España, de Europa, del Mundo, Juegos, pero entremedio si no esta “a punto” y no saca resultados, no se clasifica…
Recuerdo en mi periodo como entrenador nacional júnior cuando después de varias salidas, entrenamientos y concentraciones, algunos competidores se veían cansados. Mi compañero Pedro los justificaba diciendo que “es que llevan mucha tralla” y desde la Federación se decidía si debían acudir o no a otro campo de entrenamiento.
Pero ¿qué era mejor?, ¿dejar al deportista en casa?, ¿en casa se entrenaría mejor?, ¿tenía que dejar de entrenarse?, o ¿simplemente seguir con el equipo y descansar alguna sesión y ajustar la intensidad y la cantidad de entrenamiento?.
No recuerdo en más de 40 años haber pasado un verano sin Judo. En los primeros tiempos acudía a los cursos que organizaba mi profesor. Más tarde fui yo junto con unos amigos los que lo organizábamos en Jaca. Cursos por Francia: La Baule, el Temple sur Lot, Boulouris… y por España: Ávila, Caldetas, Alicante, Torrelavega…, también Japón…
Con el equipo nacional Castelldefels, Torrelavega, Pontevedra, Alicante, Hungría, Polonia, Republica Checa, Berlín…
El profesor de Judo desconecta de la rutina de las clases, pero le resulta difícil desconectar de todo lo que implica su vida dentro del Judo.
Si consigue unos días (pocos), para aislarse con su familia o amigos de su mundo de Judo, se considera afortunado porque el profesor de Judo en verano además de cursos, concentraciones, salidas, seguimientos de sus competidores, tiene que aprovechar “sus vacaciones” a lo mejor también para obrar y pintar en el club y preparar el curso siguiente…
Así y todo, los profesores de Judo, los judokas vivimos una vida intensa de mucha actividad, llena de relaciones, vivencias y emociones.
Ilusionados constantemente con las metas que nos proponemos disfrutamos cada día, porque nos llena el deporte y la profesión que por vocación hemos elegido y esto básicamente es porque nos gusta lo que hacemos.
Llega el verano y termina el curso para el profesor de Judo y para el judoka. Y entonces ¿qué toca?, ¿desconectar…?.
29-06-11
Los colores del Judo.
Hace 40 años los colores que identificaban el Judo en los clubes de España eran habitualmente verde y blanco crudo. Verde por la lona de la sala y el blanco crudo, casi marrón claro por el color que tenían los judogis Daimyo de Alicante y que por entonces debían ser los únicos que se fabricaban en España.
Los primeros judogis de colores que recuerdo haber visto, fue en una foto en la revista France Judo en el curso que se celebraba en la costa Azul, cerca de Saint Tropez, con Antón Gessing, como profesor donde asistían muchos campeones, competidores y profesores de toda Europa. Los maestros españoles Ortega y De Frutos fieles seguidores del maestro Gessing, participaban en estos cursos.
Los judogis de colores entonces se dieron en casos puntuales pero no llegaron a hacerse populares.
En las clases de Judo el color de los cinturones animaba y marcaba el nivel del grupo. Recuerdo en mi grupo cuando pasamos a cinto amarillo, la siguiente sesión parecía la clase una jaula de canarios…
En el momento de competir, en el escenario de la competición había más colores. A parte del verde de los tatamis y el blanco de los judogis, el color de los cinturones y la figura del árbitro de azul y gris añadía colorido al acto. Más tarde con la evolución de las normas de arbitraje se creó la zona de peligro y las competiciones de Judo incorporaron un color más: el rojo. El tapiz era verde y rojo, los judogis blancos, los árbitros vestían chaqueta azul y pantalón gris…y a los competidores se les diferenciaba con una cinta roja o blanca según fueran nombrados en primer o segundo lugar.
Y se ha llegado al momento actual en que los colores del Judo han evolucionado, son muchos más y tienen su protagonismo en el campeonato. Los tatamis ya no son verdes. Ahora son verdes, amarillos, azules… o rojos…y los polideportivos se adornan con banderas. Los árbitros ya no van de azul y gris, en los campeonatos importantes visten colores mucho más llamativos. Los que cuidan la organización y comisionados se identifican de otro color, y los judogis para competir y diferenciar bien las acciones en la actualidad son azules y blancos en muchos casos adornados en los hombros con las banderas de su país.
En un momento determinado, unos pocos pensaron que se podía hacer de las competiciones de Judo un espectáculo que podía atraer a más gente. Recuerdo una fase de una liga en Alemania donde los combates se realizaban bajo luces de colores, y en los intervalos de unos combates por equipos se montaba un espectáculo de luces, bailes, megafonía y por supuesto judogis de colores, a cada cual más llamativo… nada más lejos que el espíritu que ahora se pretende transmitir desde las competiciones.
Para alivio de muchos, esos ensayos no pasaron de allí.
En la liga nacional actual, se admiten judogis de colores y como “para gustos están los colores” hay equipaciones para satisfacer a todos.
Hay equipos que quizá por la novedad, por hacer la gracia o por una necesidad de identificación eligen los colores más llamativos. Y como se permite, en la liga cada equipo es muy libre de vestir como quiere.
En la actualidad los colores oficiales de los judogis para las competiciones son azul y blanco. Hay quien para impartir clase también se pone el judogi azul. Pienso que no es lo acertado. Cuando un competidor comienza su aventura como profesor tiene que aprender a saber diferenciar, cuando va a competir, cuando va a entrenarse, cuando va a un curso de katas y cuando va a impartir clase.
Y lo que no tiene ningún sentido es que un profesor entrado en años, que no ha conocido los judogis azules como competidor, porque le llegaron tarde, o porque quizá apenas compitió, imparta clase “vestido de azul”.
Me comentaba Carmen Solana hace unas semanas, que su profesor, el maestro Víctor Gaspar le había recriminado una vez que la vio con un judogi azul en el momento de impartir una clase. A Carmen Solana la recuerdo en Caldetas en 1984 en la concentración antes de los Juegos. Me impactó su determinación y su entrega en los entrenamientos. En aquel tiempo que empezaba a destacar el Judo femenino y ciertamente había mucha diferencia entre el Judo masculino y el femenino, Carmen sobre el tapiz se desenvolvía “como uno más”. Decir para los más jóvenes que no la conocen, que Carmen Solana fue una de las competidoras pioneras en España con resultados en aquel momento. Fue nueve veces campeona de España entre los años 70 y 80.
Últimamente en la escena de la competición ha aparecido la figura del “entrenador con chaqueta y corbata”. Para terminar con los abusos o dejadez por parte de algunos entrenadores que se sentaban a dirigir los combates en camiseta de tirantes y pantalón corto, con sombrero o gorra y se daba una imagen distorsionada del Judo, se ha decidido para el entrenador una vestimenta nada apropiada para el momento pero que uniforma a todos.
Y así han aumentado los colores en el escenario de la competición, porque cada entrenador lleva la camisa y la chaqueta de diferente color. Los clásicos llevan la camisa clara y los más informales oscura o negra.
Y así se ha pasado de tener un escenario de competición de Judo “en blanco y negro” con aquel verde y blanco de hace cuarenta años a un marco multicolor.
Finalmente la FIJ ha decidido que los medallistas reciban su trofeo con judogi blanco.
Tampoco parece que tenga mucho sentido, si los colores oficiales de los judogis también estipulado por la FIJ son azules y blancos, que el competidor que acaba de resultar campeón vestido de azul, tenga que rápidamente cambiarse para acceder al podio.
Como en el caso del traje del entrenador, también seguro que esto es por los abusos que se han producido en el momento de subir a recibir los trofeos con vestimentas alusivas, banderas, gorros…
También entiendo que en Japón por tradición, en los entrenamientos y competiciones internas solo se utilice el judogi blanco.
De todas formas, todos los cambios que se han dado hasta ahora en estos últimos tiempos, la eliminación del koka, la regulación de la asistencia del médico, la técnica de oro, los shidos gratuitos, el sistema de acumulación de sanciones, los agarres de piernas y agarres cruzados, han sido positivos y se ha conseguido agilizar los combates y se ha conseguido que el Judo haya vuelto a ser “más parecido” al Judo de antes.
Ahora bien, sigo sin entender la necesidad de vestir con chaqueta y corbata a los entrenadores como en el fútbol, cuando en chándal podían estar igual de dignos y realizar su trabajo mucho más cómodos.
Tampoco veo claro el porqué hacer que los judokas suban al podio de blanco. Da la impresión de que nos avergonzamos del judogi azul, y después de que la Federación Internacional de Judo ha sido la que ha decidido que los colores oficiales para competir sean azul y blanco, tan digno para competir y para recibir el trofeo debería ser el judogi azul como el blanco.
14-06-11
¡Que hablamos de Judo!.
El Judo se puede definir como un deporte de lucha de origen oriental que trata del estudio, aprendizaje y práctica de técnicas de proyección y de control ante distintos rivales.
Para su aprendizaje y progresión las técnicas divididas en grupos se administran de una determinada manera, y conforme se aprenden se ostenta un color distinto de cinturón, que manifiesta el conocimiento, la veteranía y el nivel del judoka.
En la época en que a mí me tocó pasar a primer dan, en el examen había que superar dos fases: una de competición y una de técnica.
La de competición consistía en juntar a seis aspirantes, cintos marrones, y realizar una liga con ellos. Cada uno realizaba cinco combates. Cada combate ganado por ippon eran 20 puntos, por wazari 15, por decisión 1 y si perdías te restaban 10. Para pasar la fase de competición había que llegar a obtener 51 puntos de una vez o 70 en dos ligas distintas.
Una vez superada la fase de competición te presentabas ante un tribunal y realizabas el examen técnico. Los mayores de 40 años estaban exentos de realizar la fase de competición.
Esta dinámica entonces se aplicaba también para segundo y tercer dan. Hubo algunos ensayos para tercer y cuarto dan con líneas de marrones. El aspirante a tercer o a cuarto tenía que enfrentarse seguido a 10 cintos marrones y ganarles a todos. Se incentivaba al cinto marrón con 100 puntos si ganaba su combate con la posibilidad de presentarse al técnico de primer dan.
En aquellos tiempos las fases de competición se realizaban cada dos o tres meses en diferentes capitales de España y los exámenes técnicos con una frecuencia de dos cada año.
Todas las fases técnicas, estaban supervisadas por el entonces Director Técnico de la Federación Española de Judo Roland Burger que siempre estaba presente y formaba parte del tribunal arropado por los altos grados de esa territorial.
De esta manera, estando el Sr. Burger en todos los pasos de grado el nivel exigido era similar y en teoría el mismo.
Más tarde, con las nuevas valoraciones se realizaban también cinco combates, pero la puntuación era distinta: ippon 10, wazari 7, yuko 5, koka 3 y decisión 1. No se restaban puntos por perder y se exigían 35 puntos de una vez o 100 acumulados en distintas ligas. Durante un tiempo se bajó a 30 puntos de una vez.
La edad para exentos de competición se rebajó a los 30 años y se estableció la posibilidad de pasar solo con la fase técnica. A los que se acogían a esta modalidad se les exigía una mayor cantidad de movimientos, un tiempo mayor de permanencia en cada grado y la imposibilidad de subir de grado con examen.
Así para pasar de grado se podía optar “vía competición” pasando los puntos, o “vía técnica” sin competir, con mayor tiempo de permanencia, mayores contenidos y renunciando a subir mediante examen en el escalafón.
En la actualidad, la fase de competición, aunque vigente aún en la normativa de la Escuela, ya no se realiza. Los puntos se obtienen asistiendo a entrenamientos regionales o realizando lo que se ha dado en llamar tecnificación o cursos de superación técnica. Con tres de estos, a los aspirantes se les supone la fase de competición superada y pueden realizar la fase técnica.
En estos cursos, en Aragón se imparte, se demuestra y se hace practicar el kata. En cada curso se trabaja correlativamente una serie del kata correspondiente al grado, de manera que realizando tres cursos consecutivos el aspirante tiene opción a trabajar el kata exigido.
Paradójicamente, los que realizan estos cursos se presentan al examen técnico bajo la modalidad que se denomina “vía competición”. La vía técnica se mantiene con más tiempo de permanencia y más contenidos (aunque ya no la utiliza prácticamente nadie), y se ha instaurado la “vía recompensa”.
Con todo esto, hemos llegado a una situación en que nos podemos encontrar en la actualidad con cintos negros de Judo, ya no solo primeros danes, sino grados más altos, que han obtenido su grado “vía competición” pero que no han realizado nunca un combate de Judo.
Algunos pensaran que esto no es importante, pero el Judo es un deporte de lucha, el hecho de tener que preparar un combate, una competición, es lo que hace que el judoka practique más tiempo, con la consecuente progresión, y se entrene con más interés y esto es lo que realmente hace que muchos de los valores del Judo transfieran a quien lo practica.
Si se ha decidido que se puede obtener y ostentar un grado de Judo sin haber competido… puede ser una opción más que digna, pero el tema es que el grado en Judo abre las puertas para ser profesor y árbitro de Judo. Y que un judoka pueda llegar a ser profesor o árbitro de Judo sin haber realizado un combate de Judo en su vida…parece muy fuerte.
Porque ese profesor o árbitro, si se ha preocupado, seguro que ha podido llegar a adquirir un buen nivel de Judo, pero si nunca ha competido, podrá imaginar pero nunca sabrá, porque no las ha vivido, las sensaciones que tiene su alumno o el competidor cuando se entrena para competir, ni lo que siente y piensa cuando está compitiendo.
Seguro que así lo que se ha conseguido es tener más altos grados, más cinturones negros y que los practicantes de Judo puedan llegar más fácilmente a ostentar el nivel de cinto negro lo que en alguna forma fideliza al judoka con la Federación.
Y con todo esto, ¿cómo queda el nivel de Judo? ¿Se ha devaluado? ¿Es este el cinto negro de Judo que queremos? Los que obtienen el cinto negro en la actualidad, ¿son técnicamente mejores que los de antes?.
Porque que un judoka pueda llegar a obtener un grado importante solo con un trabajo técnico, si es lo que se ha decidido… se puede aceptar, pero ser árbitro, ser profesor e impartir clases de Judo sin haber practicado un mínimo de competición… sin haber realizado un combate en un deporte que se supone de lucha… ¡que fuerte...!.
¡Que hablamos de Judo…!
01-06-11
Arbitro único.
En mis primeras competiciones y estoy hablando de hace alrededor de 40 años, los combates solo los juzgaba un árbitro.
Mis primeros combates “de verdad”, fueron en el tatami de un club de Zaragoza, el Judokwai, para realizar la selección para un sector de la categoría esperanza que se iba a celebrar en Barcelona. La zona de competición que delimitaron, pequeña, dentro de un tapiz con columnas pero cumplió su misión.
Así como la zona de competición no reunía en absoluto condiciones, el árbitro que dirigió los combates era uno de los mejores, si no el mejor, que en aquellos momentos podíamos tener: el aragonés Luís Zapatero uno de los once árbitros internacionales que en ese momento junto a Henri Birnbaum, Fernando Franco de Sarabia, Sergio Madrigal, José Pons, Francisco Talens, Víctor Manuel Gaspar, Pedro Gomez Eizaguirre, Roland Burger, Fermín Oyaga y Antonio García de La Fuente, existían en España.
Luís Zapatero, pionero del Judo en Aragón y en España comenzó la práctica de Judo en 1956 en unos locales en la calle Maestro Marquina de Zaragoza bajo la dirección de los franceses Salort y Caballo. A primer dan lo preparó el francés Robert Muratore en 1961 ya en el club Judokwai. Cuando en 1962 Muratore dejó Zaragoza la junta del club acordó que fuera Zapatero quien se hiciera cargo de las clases, cosa que hizo hasta 1980 en que decidió dejarlo.
Mi “carrera” dentro del arbitraje a diferencia de mi amigo y socio Jesús Sánchez fue muy corta. Comenzamos juntos. El curso de juez cronometrador lo realizamos en Zaragoza con Zapatero. Para árbitro regional nos desplazamos a Madrid en junio de 1975 a un curso que vino a impartir el italiano Pío Gaddi. A interregional pasamos en Zaragoza en un curso a cargo de Ignacio Alcibar. El curso de nacional ya no lo hicimos juntos. Jesús se adelantó lo hizo en Barcelona con el profesor catalán Francisco Talens en 1979 y yo algo más tarde lo realicé en Eibar bajo la dirección de Manu Aguirre.
Mis “pinitos” como árbitro se reducen en aquella época a campeonatos regionales. Recuerdo que en algunos tanto Jesús como yo, por la carencia de árbitros, teníamos en ocasiones que llevar el judogi y la chaqueta pues competíamos y cuando acababa nuestro peso arbitrábamos en el mismo campeonato.
Más tarde también llegué a arbitrar en algún campeonato de España, pero mi “vocación” como entrenador pudo más que la de árbitro y me decanté como entrenador.
Lo que no recuerdo es cuando se instauró la norma de tres árbitros por tapiz. No cabe duda de que seis ojos ven más que dos y de que tres opiniones tienen menos posibilidades de equivocarse y así hemos estado durante muchos años.
Cuando asistimos a una competición, todos, entrenadores, espectadores y público en general, incluso los árbitros somos conscientes de lo que se juega el competidor, de su nivel de ansiedad, e imaginamos lo que piensa, lo que siente, como se encuentra…
Pero nunca pensamos en el nivel de ansiedad del árbitro, la preocupación que puede tener, lo que piensa, lo que siente, como se encuentra…
El árbitro como el competidor seguro que tiene también ansiedad, que se puede manifestar en tensión muscular, sudores, palpitaciones y no tiene la posibilidad de realizar un calentamiento físico como el competidor. Tiene que reconducir esa ansiedad sin posibilidad de moverse.
Por definición el árbitro es imparcial y va a juzgar y vigilar que se cumpla el reglamento.
Seguro que como el competidor también quiere hacerlo bien, pero ¿qué piensa el árbitro antes de salir?... “que le salga un buen combate, que no se le complique, que sea fácil, que sea rápido…”
¿Qué tiene que transmitir el árbitro cuando sube al tapiz?.
El árbitro en el momento de subir al tapiz tiene que transmitir mediante su personalidad, respeto, confianza y credibilidad.
En definitiva su aspecto, su conducta y su postura sin mostrar arrogancia, tiene que comunicar autoridad.
Luego en el momento de actuar, tiene que demostrar ser conocedor del reglamento, tiene que ser capaz de juzgar y aplicarlo con eficacia infundiendo seguridad.
El entrenador se gana el prestigio aportando judokas a la competición, por la forma de conducirse estos dentro y fuera del tapiz, y por su relación con los competidores, organizadores y personal en el momento de la competición.
El competidor podrá ganar o perder, pero se gana su prestigio mostrando un comportamiento adecuado, desarrollando y expresando su Judo en el momento de competir, y si puede ganando sus combates.
El prestigio el árbitro lo obtiene mostrando una forma de proceder coherente fuera del tapiz cuidando sus opiniones, juicios y comentarios, arbitrando con honestidad y aplicando el reglamento.
Creo que fue Luís Zapatero al que escuché que la función del árbitro de Judo en el momento de la competición tiene que ser similar a la de la luz de la sala, que nadie aprecia mientras está, pero que cuando se apaga no se puede continuar.
Ahora se ha instaurado en muchas competiciones, árbitro único con sistema Care. Hay un responsable de la comisión, un árbitro de prestigio con la posibilidad de ver las acciones con unos segundos de retraso y las veces que haga falta y esto de alguna forma nos da seguridad a todos.
Cuando se produce una acción complicada, el comisionado se decanta, dice lo que piensa y es definitivo. De esta forma hemos llegado a tener unos combates menos discutidos. Habiendo tres árbitros, a veces un juez de esquina, “sembraba la discordia” cuando se manifestaba de manera distinta a la opinión del central y el otro juez. El entrenador y el grupo de amigos se sumaban, “interesadamente a la discrepancia” y al borde del tapiz se liaba la de “San Quintín”.
Ahora ante una acción conflictiva, todo el mundo mira al árbitro encargado del video. Si este asiente, todos lo dan por bueno. Bueno todo el mundo no. Se está empezando a ver algún entrenador corriendo para ver y discutir junto con el comisionado la acción en el ordenador. Tampoco entiendo porqué este, llama a veces al árbitro durante el combate para enseñarle y comentar lo que ha pasado. Quizá no es el momento.
Algún entrenador ya está diciendo que la cámara solo presenta un ángulo y que es insuficiente. Puede ser, pero la cámara pienso que no debe ser en principio para verificar si una acción merece la valoración de yuko o de wazari, que también, sino para ver acciones más conflictivas como si la acción es de uno o de otro, si es dentro o fuera, si es hansoku o no es hansoku, etc.…
De todas formas antes un árbitro, luego tres, ahora tres o árbitro único y sistema Care… Con el sistema Care la posibilidad de cometer errores es menor y el arbitraje transmite más confianza.
¡Ya era hora de que el Judo aprovechase las nuevas tecnologías!
15-05-11
El entrenador en la competición.
¿Te sentarás tú en la silla?
Me dice en ocasiones un alumno cuando le comunican que va a participar en un sector o se clasifica para la fase final de un campeonato de España.
Mi respuesta es siempre la misma. Que el importante es él. Que el que tiene que estar y resolver el combate es él. Que si yo puedo por supuesto que quiero estar y haré todo lo que esté en mi mano por estar cerca y ayudar en lo posible. Pero que si yo no estoy, estará y le ayudará el entrenador oficial que les acompañe, y que el combate, esté quien esté en la silla, lo gana o lo pierde él…“yo prefiero que estés tú”, continúa…
En Aragón por decisión federativa, en las competiciones no se contempla la figura del entrenador en la silla ni se permite dirigir los combates. No se si es bueno o no, pero es así.
Las competiciones se desarrollan sin sillas para los entrenadores ni posibilidad de dirigir los combates. Por una parte es cómodo y las competiciones se desarrollan con menos tensión, por lo menos para los entrenadores que asistimos como espectadores.
Quizá así el competidor aprende a competir solo. Es posible. Si sale un dotado de esos que “él se lo guisa y él se lo come”…puede ser bueno. Pero la mayoría de los competidores, para asegurar su actuación, necesitarían y necesitarán en próximas citas, sectores y finales y ante rivales más serios, el apoyo de su entrenador. Y si el competidor desde la base no aprende a escuchar ni a soportar la presión de dos entrenadores dirigiendo durante el combate difícilmente sabrá hacerlo después.
Los mismos entrenadores si no podemos practicar como entrenadores en la silla en casa, tampoco sabremos hacerlo con efectividad cuando nos toque hacerlo.
El competidor está acostumbrado a su entrenador, y sea bueno o no tan bueno para el competidor el suyo es el mejor. Es el que le ha llevado a estar allí. Es el que le ha enseñado, entrenado, animado y ayudado hasta ese momento.
El competidor viaja con el equipo y el entrenador que designa la Federación. Yo podré llegar a tiempo o no, conseguiré estar cerca de él en el momento de la competición o no, pero el que finalmente tiene que enfrentarse y solventar el combate es el competidor.
¿Cómo ayuda el entrenador en el momento de la competición?
Fundamentalmente colaborando en su preparación, infundiendo confianza y comunicando indicaciones que sirvan.
¿Cómo ayuda en su preparación?
Asistiendo al calentamiento. Estando presente y dispuesto a ayudar ante distintos imprevistos. Recordando rutinas y pautas. Manejando los tiempos en el calentamiento dependiendo de cuando se van a desarrollar los combates.
Conociendo el sorteo, observando a los posibles rivales para durante el calentamiento y los momentos previos preparar y aconsejar las acciones pertinentes.
¿Cómo infunde confianza?
Simplemente su presencia en el marco de la competición, da tranquilidad al competidor.
Conforme avanza el calentamiento y el competidor va reconociendo sensaciones de Judo que le hacen estar bien, tener cerca a su entrenador y saber que puede disponer de él, recordar como siempre le ha sacado de apuros, le aporta tranquilidad.
La confianza que infundimos en nuestros alumnos es grande. Recuerdo un alumno que antes de salir, él nunca me dijo nada, pero se acercaba a mí y me apretaba el hombro o el brazo como para cargarse de energía… De alguna manera esto le tranquilizaba.
El entrenador tiene que conocer al competidor y tiene que saber que necesidades tiene durante la competición.
Durante el tiempo que estuve con el equipo júnior mi mayor preocupación era conocer al deportista. Conocer su forma de actuar en los combates, sus movimientos fuertes, su forma de ganar. También saber que apoyos necesitaba y quería que el entrenador le aportara durante la competición e intentar ganarme su confianza para conseguir que se sintiera seguro a pesar de no tener cerca a su entrenador de todos los días.
El caballo de batalla con mis compañeros del equipo técnico Pedro Riaguas y Vicente Cepeda era hacerles entender, y no lo conseguí, que en los torneos en que estaban los entrenadores particulares, lo propio y mejor para todos era que se hicieran cargo de sus competidores. Mis compañeros aludían a que los responsables éramos nosotros y que la Federación Española no apoyaba esta posibilidad.
Entiendo que en los Campeonatos oficiales en que solo se puede acreditar a un entrenador no pudiera hacerse, pero existiendo esa opción, qué mayor tranquilidad para un entrenador del equipo nacional que tener a sus competidores arropados, cuidados y dirigidos por su entrenador personal, y… ¡qué liberación de responsabilidad!.
¿Qué indicaciones sirven?
En el momento de estar en la silla y conociendo al competidor, recordando las pautas establecidas y el procedimiento a seguir.
Pienso que no es momento aquí de intentar desarrollar lo que podía constituir toda una asignatura de un curso de titulación.
Lo que si quiero comentar son distintas situaciones con que se encuentra el entrenador en los distintos momentos de la competición y sus sensaciones.
La llegada a la competición y al momento del pesaje
El Judo es una gran familia y poco a poco todos nos vamos conociendo. La llegada al hotel por una parte es un momento de reencuentro con muchos amigos, entrenadores, competidores, de alegría y de sorpresas por gente que encuentras y quizá no contabas encontrar.
Por otra parte es un momento de presión cuando ves a los rivales de tu competidor y a sus entrenadores confiados en ganar, o por lo menos aparentándolo…
Lo he comentado alguna vez. En mis comienzos como entrenador y con una camada muy buena de esperanzas, con un entrenamiento y un trabajo a sus espaldas que solo ellos y yo sabíamos, en un pesaje con entrenadores de cierto prestigio, antiguos campeones mucho más veteranos que yo, conocidos de los federativos y que se movían por el pesaje como “Pedro por su casa” demostrando soltura y quizá cierta prepotencia, tuve una sensación de frustración pensando que todo el trabajo que habíamos realizado no fuera a servir para nada.
Esto lo comenté a mi amigo Sergio Cardell que también tenía un grupo importante en esta categoría y me dijo: “Tú que quieres, ¿venir solo y ganarlo todo? Lo que hay que hacer es venir y estando todos, ganar…”
El momento del calentamiento
Aquí ya se nota cierta tensión. Los saludos son breves, los cruces y cambios de miradas fugaces. Cada entrenador va a lo suyo y respeta el trabajo y la individualidad del otro.
Durante el combate
El entrenador tiene tratar de no amilanarse porque el otro entrenador sea un antiguo campeón o competidor con resultados. No es él el que compite. Compite su pupilo…
De todas formas si conocemos al entrenador, eso nos puede servir para darnos una idea de la forma de Judo que puede desarrollar su alumno…
El entrenador debe estar atento a las indicaciones que el otro entrenador puede dar a su judoka para obrar en consecuencia.
El entrenador no compite contra el otro entrenador. El entrenador colabora con su competidor y organiza las directrices y estrategias que le pueden ayudar a ganar.
El entrenador rival puede ser conocido o no, incluso amigo, pero no competimos con él. En ese momento no existe. Nos tiene que dar igual, nosotros vamos a favor de nuestro competidor.
Cuando acaba el combate
El entrenador cuando termina el combate, debe esperar a su competidor gane o pierda, y pensar en el siguiente combate si ha ganado o en la posibilidad de repesca si ha perdido. El reglamento de arbitraje, en Judo exige que el judoka salude antes de empezar el combate y al terminar aceptando la decisión arbitral. Pero no dice nada de los entrenadores.
Cuando termina el combate no es el momento, por parte del entrenador, de levantarse a felicitar al entrenador rival si su competidor ha ganado, o de consolarle si ha perdido.
¡No demos ideas a la FIJ! Que no lo vayan a imponer como han impuesto la chaqueta y corbata, por un postizo “fair play” que se pueda dar en otros deportes.
Una vez fuera del marco de la competición, del tatami, tiempo habrá de felicitar, de consolar, de hablar con el entrenador contrario y con quién haga falta…
Y para terminar decir que no tiene mucho sentido sentarse en la silla para ayudar y dirigir un combate a un competidor que no conocemos. Muchas veces es el competidor de un amigo que le llaman a competir, se ve solo y te dice “¿te pones conmigo?”… en ese momento no vas a negarte. Está claro que necesita un apoyo que su entrenador no le esta dando. El propio competidor tiene que ser consciente de lo poco que le vas a servir estando en la silla.
Pero lo que es innegable que para un entrenador siempre es gratificante que tu competidor te demuestre su confianza una vez más, y antes de una competición te diga: “¿te sentarás tú en la silla?”
30-04-11
¿Seguro que es lo acertado?.
Nos quejamos a menudo de que los jóvenes no se esfuerzan, de que se ha perdido la cultura del esfuerzo y que todo se les da hecho, de manera que el joven se acostumbra desde niño a lo fácil, se baja el nivel de exigencia en los colegios y en la Universidad se quejan de que los jóvenes llegan peor preparados que nunca.
Últimamente asistí a una fase de los juegos escolares de la categoría benjamín (9-10 años). Antes de seguir adelante tengo que decir que cómo se desarrolló lo que se realizó allí me pareció cómodo y oportuno…pero me hizo pensar.
Se cita a los participantes al pesaje y distribuidos en grupos por pesos y edades en varias básculas, en menos de media hora se lleva a cabo el pesaje.
Mientras se preparan las ligas en el tapiz donde se van a desarrollar los combates, un profesor de Judo de la autonomía realiza con los participantes un calentamiento.
A continuación se distribuye a los judokas en seis zonas de competición. En grupos de cuatro, del mismo año e igual peso, dos grupos, tres máximo por zona y quedan todos los judokas repartidos por todo el tatami.
Y empieza la competición…
En una liga de cuatro cada niño hace tres combates. Se alternan dos ligas para evitar tiempos de espera. Los árbitros aleccionados (con muy buen juicio), no permiten agarres de cuello, contras, ni técnicas que puedan dar una imagen “violenta” del Judo o que ocasione que un niño se pueda hacer daño. Para facilitar la competición, los combates comienzan agarrados. Estando los combates de benjamín establecidos a minuto y medio, en cuestión de veinte minutos, máximo media hora cada tapiz termina. El mismo árbitro distribuye las medallas primero, segundo y dos terceros.
Todos terminan contentos.
En cuestión de una hora, máximo hora y media, los papás llevan al niño a los Juegos escolares, asisten a una exhibición de Judo donde su hijo es protagonista, (en el calentamiento), ven a su niño competir tres veces con adversarios de su mismo año y de su peso.
El niño participa en los Juegos Escolares. Acude con sus compañeros del colegio o club, con “sus papeles”, realiza un calentamiento en un tatami “impresionante” con un profesor distinto al suyo, en un polideportivo, ante un público entregado, padres, familiares, amigos… y gana una medalla…
El profesor, participa con “sus niños” en los Juegos escolares, compara como se desenvuelven en el tapiz con relación a los otros. Admite y “le gusta” que cuiden a sus niños, aunque no siempre esté de acuerdo con los criterios arbitrales… Observa los aciertos y carencias de sus alumnos y sale complacido, o por lo menos no sale descontento, cuando ve a sus alumnos contentos con su medalla.
Los federativos, satisfechos porque se consigue un orden inusual en un acto multitudinario de este tipo. No hay niños corriendo por las gradas ni el pabellón (están todos dentro del tapiz). El público permanece en las gradas cerca del tapiz que les corresponde observar. Los profesores en su zona de grada, lejos de los niños y aleccionados para no dar ningún tipo de indicación.
Se acabaron las competiciones interminables, de todo un domingo por la mañana, con cientos de niños alborotados por el pabellón, con papás despistados que a veces se les pasaba hasta ver competir a su niño…
La vez siguiente que el profesor comunique al niño la posibilidad de asistir a unos Juegos escolares, este encantado, pensando en su “actuación” y en su medalla, pedirá a sus padres que lo lleven, y estos felices por complacer a su niño, siendo que no les causa mayor trastorno, ocupan la mañana del domingo y ven la ilusión de su niño, no dudarán en llevarlo.
Finalmente no se hacen públicos los resultados de las ligas, “porque algún niño se pueda sentir sobrevalorado o se pueda sentir fracasado, o ¿se pueda hacer evidente que un club o colegio, consigue más medallas o menos que otro?”…
Luego pasa que a estos niños excesivamente protegidos cuando llegan al mundo real, muchas veces se deprimen porque no les resulta tan fácil obtener lo que quieren y porque no en todos los campos tienen quien les proteja como en este caso la Federación cuando organiza sus Juegos escolares.
Y… ¿aprender a ganar y a perder?, y la cultura del esfuerzo… ¿para cuando?
¿Y los muchos valores que el Judo aporta a través de la competición…?
A mi me hace pensar… ¿seguro que es lo acertado?
14-04-11
La competición de Judo.
La competición de Judo es la manifestación por excelencia del Judo deportivo. Dentro de la práctica de este deporte es el apartado más emocionante, gratificante y educativo para el deportista pero a la vez el más duro e ingrato.
Altamente educativa por todo lo que su práctica conlleva, un judoka, tendrá grandes carencias, "no será completo", si no ha pasado por esa fase, "por ese momento de la verdad", probando sus virtudes y pasando las dificultades de la "prueba".
Sin la competición el Judo no seria lo que es. Se limitaría a ser un método más de cultura física cargado con toda una filosofía y tradición.
La dedicación que necesita un judoka cuando pretende obtener resultados en competición es total. Su vida cambia y pasa a ser una vida alrededor de su deporte llena de dedicación y de entrega, de sacrificios, anteponiendo su objetivo de sobresalir a muchas actividades de su vida normal.
Así un competidor, para ser eficaz en el combate deberá dividir su entrenamiento en tres partes fundamentales: el entrenamiento físico, el entrenamiento específico de Judo técnico y táctico y toda la vida que rodea al deportista. (El entrenamiento invisible).
En el entrenamiento físico deberá trabajar la resistencia, la fuerza y la velocidad siendo estos tres los pilares fundamentales de su preparación, sin olvidar también la flexibilidad, la coordinación y la agilidad que complementaran el conjunto.
En el entrenamiento técnico, buscará mediante los distintos sistemas de entrenamiento la mejora técnica de los movimientos. Creará un sistema apropiado y efectivo de competición que deberá repetir hasta la saciedad.
En el aspecto táctico aprenderá a resolver los distintos problemas que se van a dar frente a diferentes adversarios según formas de trabajo.
Con el entrenamiento físico, técnico y táctico el judoka se beneficia de las excelencias que conlleva la práctica de la actividad física, pero es el entrenamiento invisible donde está la mayor parte educativa del deporte y en este caso del Judo.
El entrenamiento invisible es todo lo que rodea la vida del judoka.
El cuidado de la salud, la alimentación, el descanso, la vida higiénica, los hábitos de vida acorde con lo que pretende. No tiene sentido realizar un gran esfuerzo a todos los niveles, "destrozarse" en el entrenamiento físico, haber conseguido un buen nivel técnico, tener un buen planteamiento táctico de los combates y ser capaz de llevarlos a la práctica, para estropearlo luego con un mal cuidado de la salud, una alimentación inadecuada o viviendo una vida desordenada.
De ahí todo lo positivo que la influencia del Judo de competición ejerce sobre el judoka, que aparte de los beneficios que la actividad física le proporciona, le hará llevar una forma de vida ordenada, siendo cuidadoso con su salud, su alimentación, hábitos etc...
Una parte del entrenamiento invisible es el aspecto mental. De especial importancia hace que el judoka aprenda a afrontar los combates con un nivel de activación adecuado, para ello deberá aprender a activarse y a relajarse, a concentrarse, trabajar la toma de decisiones...
Es por todo ello que un judoka que pasa por una fase más o menos amplia de competición se vera obligado a vivir de una manera determinada, a incluir rutinas y modos de vida, a utilizar prácticas y técnicas inicialmente por el objetivo planteado por el deporte de competición, pero que podrá emplear también en su vida diaria, lo que hace que la práctica de la competición en Judo sea ante todo un método de Educación.
30-03-11
Uchi-komi.
¿Qué es, qué son los uchi-komi? ¿Para que sirve hacer uchi-komi?.
Todos los profesores de Judo tenemos al menos una respuesta básica a la primera cuestión que es la que se define en los fundamentos de Judo que se exigen para el examen de 1º dan: repeticiones rítmicas de un movimiento.
Pero a la pregunta ¿para qué sirve el uchi-komi? no todos los profesores tenemos a veces claro este concepto y es este el motivo de esta reflexión.
Hay que reconocer, que la práctica del uchi-komi forma una parte importante en cada entrenamiento y ciertamente es una forma de entrenamiento.
Primero deberíamos poner las bases y definir más ampliamente el concepto de uchi-komi.
Pero, ¿qué es el uchi-komi? Consultando bibliografía distintas definiciones dicen que:
“Son ataques repetitivos con un cierto ritmo y velocidad sobre un adversario estático o ejerciendo una cierta resistencia.”
“Es una forma de trabajo que consiste en ejecutar con rapidez y precisión el conjunto de una técnica exceptuando el kake.”
“Es la práctica de técnicas de proyección haciendo que el compañero esté quieto mientras se practica el tsukuri y adoptando la acción necesaria para una técnica una y otra vez”.
“Es la automatización de las técnicas a través de las repeticiones; tiene por objeto lograr la velocidad, la potencia y la resistencia.
Y ahora, ¿para qué sirve el uchi-komi? ¿Por qué se hace uchi-komi en cada entrenamiento? .
El uchi-komi forma una parte importante del entrenamiento, pero ¿por qué se hace? .
A partir de las definiciones, las respuestas pueden ser varias: para aprender un movimiento, para perfeccionar el movimiento, para automatizar el gesto, para adaptar el cuerpo al movimiento, para tratar de sentir el movimiento, para buscar la eficacia óptima por la velocidad con mejor empleo del cuerpo y simplificación del movimiento, el entrenamiento ideal para perfeccionar el tokui waza, por pasar el rato haciendo un trabajo físico especifico con Judo...
Vamos a intentar analizar estas respuestas.
“Para aprender el movimiento”. El movimiento en el momento de hacer uchi komi tiene que estar medianamente aprendido y mecanizado No se trata de analizar ni de estudiar el movimiento. Para aprender, estudiar y analizar el movimiento, entraríamos en el campo del shotai renshiu.
“Para perfeccionar el movimiento”. Es evidente que puede servir para perfeccionar el movimiento, pero para ello se deberá tener claro el concepto del movimiento, cómo debe ser el movimiento y cómo es su correcta ejecución, si no como decía el maestro José Luís De Frutos, estaremos “potenciando el error”.
“Para automatizar el gesto”. Naturalmente que a base de repetir un gesto que al principio parece “artificial”, el gesto se automatiza y se hace fácil y fluido.
“Para adaptar el cuerpo al movimiento”. De la misma manera a fuerza de repetir el movimiento, el cuerpo se va adaptando a las distintas acciones.
“Para sentir el movimiento”. El tema de sensaciones en Judo es vital y es el objetivo que el practicante debe buscar con relación a los movimientos.
“Para buscar la eficacia óptima....”. Realizando una práctica correcta del uchi-komi, se llega a sentir el movimiento, y se consigue eficacia óptima de la energía y de la utilización de la fuerza, que son los principios básicos del Judo.
“El entrenamiento ideal para perfeccionar el “tokui waza”. A “la maestría” del tokui waza, se llega con la práctica del uchi-komi, en estático y en desplazamiento, en diferentes oportunidades, con colaboración o con oposición del contrario, en posición defensiva...
“Para pasar el rato realizando un trabajo físico con Judo”. Apartado este muy respetable y totalmente indicado para entrenamientos lúdicos y de veteranos...
Pero ¿qué características debe reunir la práctica del uchi-komi?.
Hace muchos años, tuve la fortuna de asistir a un curso con el maestro coreano Han No San. El maestro indicaba cuatro características básicas para la realización correcta del uchi-komi que son las siguientes: conocimiento de la técnica, ritmo, velocidad y explosión.
Conocida la técnica, se empieza a repetir y se va imprimiendo un ritmo, manteniendo y aumentando ese ritmo, se llega a ejecutar con velocidad, conforme esta velocidad se va aumentando se implica en el movimiento una “cierta explosión” desde donde en un momento determinado nos puede y nos tiene que “sorprender” el kake.
Para conocer la técnica, con las nuevas tecnologías existen grabaciones oficiales de las técnicas fundamentales, donde se puede ver la forma de realizar los uchi-komi emitidas por el centro oficial de Judo, “el Kodokan”. Tenemos en estas grabaciones los movimientos básicos en que fijarnos y que tratar de imitar. De alguna manera diríamos que tenemos allí el estándar de los movimientos. Cuanto más parecido hagamos el movimiento que estamos practicando al movimiento estándar más seguros estaremos de realizarlo correctamente.
¿Se pueden trabajar distintas cualidades físicas mediante la práctica de uchi-komi?.
Naturalmente que sí. Dependerá en la forma de trabajarlos. Si queremos trabajar resistencia deberemos tener siempre en cuenta el número de pulsaciones, que conseguiremos ajustando el número de repeticiones, la intensidad y el tiempo. Si queremos trabajar la fuerza deberemos levantar cada vez, si es una técnica donde se pueda levantar, incluso lastraremos al compañero, o buscaremos la forma de tener una resistencia mayor. Si queremos trabajar la velocidad mediante el uchi-komi, tendremos que ir realizándolos más rápidos, teniendo en cuenta que haciendo uchi-komi rápido trabajamos la velocidad en eso, en hacer uchi-komi rápido, adquiriendo rapidez en una parte del movimiento no en un trabajo específico de velocidad de Judo que consiste en conseguir ser muy rápido proyectando y eso se consigue realizando el movimiento completo a gran velocidad (nage komi).
También es importante resaltar la importancia que tiene uke en el momento de practicar uchi-komi. Para conseguir tener las sensaciones con los movimientos de las que hemos hablado al hacer uchi-komi es necesario tener un uke que colabore manteniendo su cuerpo en una posición estable, en una actitud activa, de cierta resistencia reaccionando cada vez, adaptándose a cada movimiento haciendo que tori pueda trabajar y sentir el movimiento.
Llegado el momento de la competición, no siempre el que mejor hace los movimientos gana los combates. En algunos casos en el calentamiento en los distintos campeonatos hay competidores realizando movimientos, (acciones), que no se ajustan al estándar de ningún movimiento del Gokio. Sin embargo luego en el momento de competir ganan su combate cuando otros realizando un Judo mucho más tradicional con movimientos que se asemejan más al estándar se quedan fuera en la eliminatoria.
Por último, tenemos que tener en cuenta los objetivos que nos planteamos o que planteamos con nuestros judokas a la hora de practicar Judo y hacer uchi-komi. Si lo que pretendemos es transmitir y afianzar unas bases de Judo para que nuestro judoka, cuando termine su fase de competición tenga un legado técnico importante y pueda entender, practicar y disfrutar del Judo durante más tiempo, deberemos inculcar el hecho de realizar las técnicas lo más posible cercanas al estándar es decir a favor de un Judo convencional, sin dejarnos cegar buscando una eficacia inmediata en los combates en detrimento de realizar un buen Judo.
“El que consigue hacer bien Judo tiene los cimientos para llegar más lejos”.
Las veces que he estado en Japón, todos los entrenamientos comienzan con un tiempo de uchi-komi de una media hora. Allí todos practican las técnicas lo más parecido al estándar. Podríamos decir que Japón es el estándar en cuanto a forma de Judo se refiere. Luego al final del entrenamiento después de hacer doce, quince o veinte “randoris” vuelven a realizar unos quince minutos de uchi-komi. En competiciones entre universidades, muchas veces los mismos profesores que arbitran, si no es un movimiento tradicional con una cierta base técnica, aunque proyecten no lo puntúan, por lo que todos tratan de realizar técnicas lo más parecidas al estándar que allí mismo han instaurado.
Resumiendo: Hacer uchi komi lo más parecido al estándar establecido por el Kodokan, nos da la seguridad de realizar un Judo refrendado por “la casa oficial”, por los “inventores”. Esto nos permitirá tener una base sólida que cada judoka, en el momento de la competición, podrá desarrollar, evolucionar y realizar de manera distinta, dependiendo de su morfología, de la situación y necesidad a la hora de aplicar la técnica según la oportunidad y resistencia del adversario, pero no deberá olvidar que, teniendo una buena base y forma, disfrutará más del Judo, durante más tiempo y tendrá la posibilidad si demuestra condiciones como competidor, de “llegar más lejos”.
14-03-11
"El japonés Okada y el francés Le Berre estarán en Torrelavega".
Durante años el profesor francés de Judo Gilbert Bilas tenía establecido en el Temple sur Lot, localidad a orillas del Lot en el sur de Francia, un complejo para la práctica de las artes marciales y durante todo el verano se iban turnando diferentes profesores de las distintas disciplinas para impartir cursos en el verano.
Se incluían cursos de Judo y durante todo este tiempo por allí pasaban muchos profesores. El maestro Le Berre permanecía alrededor de un mes y los practicantes en periodos de una semana o diez días acudíamos durante su estancia allí.
Prácticamente durante toda la década de los 80 yo acudí a ese curso los diez primeros días de agosto. Primero solo, después con amigos y más tarde con mis alumnos. Mi amigo Raúl Merino de Torrelavega en cuanto pudo se sumó a la expedición.
Alumnos míos como Manuel Orgaz, Javier Pérez Villa, Cristóbal Domeque, Roberto Meiriño, Juan Antonio Blasco, Esteban Escudero, Sergio Martínez, Sergio Doménech, Juan Diego Pérez… entre otros, fueron algunos de los que practicaron Judo en el tatami del Temple sur Lot y que más tarde en la década de los 90 no fue raro que formaran parte de los distintos podios nacionales.
Coincidía a veces el curso del maestro Le Berre con otros profesores de Judo a la vez. Así tuvimos la oportunidad de conocer, aprender y practicar con los franceses Vial, Feist, el ruso Nevzorov…
También de profesores y judokas españoles. Mi amigo Manuel Hernández era un habitual del curso y hubo años que coincidimos con otros españoles. Así Víctor Gaspar, José Juan López Recarte, Sergio Cardell (entre sus alumnos Isabel Fernández entonces muy niña), Carmen Solana, José Luís Salas…estuvimos en ocasiones con nuestros alumnos y compartimos las enseñanzas del maestro.
Cuando conocí al maestro Le Berre la primera vez que asistí al Temple encontré a una persona sencilla, cercana, capaz de pasar horas jugando a “la bellote”, colaborando en la elaboración de postres en la cocina, apretando los tatamis fuera del tiempo de clase, o arreglando las plantas del recinto.
En el momento que se ponía el judogi, y pisaba el tatami se transformaba. Su forma de hacer los movimientos, el momento de aplicarlos en cada oportunidad, su habilidad para hacer barridos, giros y desplazamientos te abría posibilidades y oportunidades que nunca pensabas que podían existir y te hacía apreciar todas tus carencias y todo el camino que te quedaba por recorrer.
Le Berre se mostraba como un artesano del Judo. Era minucioso y buscaba la perfección en todos sus movimientos. Cuando él demostraba, en su ejecución hacía especiales los movimientos normales, y los movimientos para nosotros complicados los hacía sencillos mostrando una belleza inusual en todos.
Con gestos elegantes, ejecutaba los movimientos con tanta naturalidad que hacía fácil lo difícil y posible lo que para nosotros parecía imposible, y que cuando intentabas imitarlo y veías la dificultad que entrañaba “acercarse” a hacer todo lo que él hacía y como lo hacía.
Como decía el maestro José Luís De Frutos, “una obra de arte se compone de pequeños detalles”, y esto era lo que hacía el maestro Le Berre con cada movimiento. De cada movimiento a base de pequeños detalles hacia “su obra de arte”.
En aquellos años Le Berre rondaría los 45 años. En la carrera de la mañana hacia el “Fujiyama”, (así llamaba a una colina cercana con la forma del monte Fuji), siempre iba en cabeza, aun habiendo siempre grupos de competidores del momento de las distintas regiones de Francia. Por la tarde en el momento del randori solía hacerlos todos y siempre demostrando y aplicando las técnicas como había explicado por la mañana.
Especialista reconocido, y reputado miembro de la comisión francesa de katas, es uno de los grandes y más respetado de los expertos franceses.
Como competidor fue subcampeón de Europa en 1959 y 1960, y campeón en 1963.
Impartía después de cenar una sesión de katas. Pero cualquier momento y cualquier excusa era buena y siempre se encontraba dispuesto para corregir, practicar, fuera del tapiz incluso sin judogi y demostrar movimientos. Cuando se trataba de Judo, se mostraba incansable.
Durante años tuvimos la suerte de que en Semana Santa viniera a Zaragoza a impartir un curso y tuvimos la posibilidad de conocerlo mejor como judoka y como persona.
Cuando Raúl Merino decidió organizar las Jornadas, la primera vez en el año 2000, pensó en el maestro Le Berre como maestro del curso.
Aquel primer año apenas estuvimos sesenta participantes. El curso se realizó en un pabellón viejo en la residencia, el maestro estuvo alojado en la instalación del Centro y por las mañanas no era extraño verle dedicarse un rato a arreglar un macizo de flores que había a la entrada.
Ahora el curso se realiza en un pabellón moderno, los profesores son alojados en un hotel de la localidad, el curso ha crecido y ha tomado forma y Raúl quería que Le Berre viera como se han transformado las Jornadas que él inició.
Este año vamos a tener nuevamente la posibilidad de verle explicar.
De Okada puedo hablar mucho menos que de Le Berre. Me gustaría decir más cosas pero apenas lo conozco. Se que procede de la universidad de Tsukuba. Conozco su palmarés y tengo el recuerdo no se si fue en el campeonato del mundo del 91 o de los juegos en Barcelona de los “ko uchi gakes” contundentes que aplicó. Entre otros a nuestro campeón León Villar.
El 1998 Mirian Blasco lo trajo a Alicante para impartir el curso.
Okada ha sido dos veces campeón del mundo en 1987 y en 1991 y bronce olímpico en Barcelona 92.
Okada y Le Berre, Le Berre y Okada, dos históricos, dos grandes del Judo… que este verano vamos a poder disfrutar en Torrelavega…
28-02-11
Salud, dinero y amor.
“Profesor sabes, el lunes cumplo seis años”, me dice Pedro todo orgulloso antes de empezar la sesión de Judo en el club. Pedro es cinturón blanco amarillo y lleva un curso de Judo. Empezó con apenas cinco años siendo un “poco trasto” y ahora más formal se atreve a hacerme esta confidencia.
El judoka que empieza como Pedro con cuatro años, pasa los primeros años descubriendo el Judo. Esos primeros años son importantes en cuanto al trabajo de coordinación y de sensaciones de Judo que en este tiempo asimilará con facilidad y conservará durante toda su vida de Judo.
A los 8, 9 años de amarillo naranja o naranja, quizá comience sus primeras competiciones. Aprenderá y se dará cuenta de que asistir a competiciones y competir es divertido y que esta bien, pero que competir y ganar es más gratificante y que para ganar tiene que trabajar de una determinada manera.
Y de esta forma y con estas primeras competiciones llega a las categorías infantil y cadete, entre 13 y 16 años que ya se consideran más serias pues se tiene posibilidad de asistir a los campeonatos de España. Participa en estas competiciones y le salgan bien o mal, vive esta nueva experiencia de viajar y competir en un campeonato de España.
Por estas fechas ya tiene que dedicar un tiempo a pensar y preparar su examen para cinturón negro. El paso a primer dan es siempre un paso significativo en la vida del judoka. Señala un antes y un después y marca la diferencia con sus compañeros. Al judoka cinto negro se le adjudica un número, se le otorga un diploma y un carné y pasa a formar parte de manera oficial de “la familia del Judo”.
El paso a primer dan no es el final del Judo ni es un fin en si mismo. Es una meta intermedia. A veces cuando se comienza a practicar Judo, se marca como un objetivo, pero en realidad es un solo un trámite y es el principio en la vida deportiva del judoka.
El judoka ya es júnior. Está entre los 16-20 años. Momento importante en su vida deportiva, los resultados deportivos que no obtenga o no haya obtenido como competidor hasta entonces difícilmente podrá hacerlo después. Pero también momento crucial en su vida en que tiene que decidir su futuro. Si estudia, tiene que decidir qué quiere estudiar, si comienza a trabajar, tiene que decidir el trabajo al que dedicará su vida.
Y momento crucial en sus relaciones. El judoka despierta a la vida, comienza sus primeras relaciones, primeros escarceos, y tiene que aprender a compaginar en su vida, su vida en casa, sus estudios o trabajo, sus amigos, sus amigas y novietas, su deporte, en definitiva su futuro…
Hay un dicho popular que dice: tres cosas hay en la vida salud, dinero y amor, y dependiendo de la edad, conforme se van cubriendo necesidades, lo que varía es el orden.
Para un joven, que tiene toda la salud del mundo y toda la vida por delante cambia el orden de los términos. En esta fase el joven necesita solventar el tema afectivo, el judoka necesita buscar pareja. Es el momento de descubrir el amor…y el sexo… (“la fuerza que mueve el mundo…”), y cuando ya ha conseguido una relación estable necesita dinero para vivirla y consolidarla y el orden pasa a ser amor, dinero y salud.
Si durante esta fase, el judoka sufre una lesión que le aparta temporalmente de su deporte, incluso le obliga a cambiar su vida habitual, aun siendo joven, entiende que salud, dinero y amor es un orden que quizá no está tan mal pensado…
Nuestro judoka está en la categoría júnior y pasa a senior. El judoka empieza a darse cuenta de que ya no se cumplen los años con la ilusión de antes, y que aun siendo muy joven y con toda la vida por delante, empieza a notar el paso del tiempo y observa que se ha pasado su momento de infantil, cadete y júnior…
Se sigue entrenando, sigue con sus pasos de grado, a lo mejor compitiendo, quizá se hace árbitro o participa en cursos de titulación para comenzar a impartir clase de la materia que le apasiona…el Judo, y sigue compaginando su vida en casa, con su vida deportiva, sus estudios, su trabajo, la relación con sus amigos, sus amigas, su novia, ya dispone de moto o coche, necesita un trabajo ocasional que le genere ingresos para mantener, aun estando en casa, una cierta independencia económica.
Y la vida sigue…el judoka termina sus estudios y comienza un trabajo más serio, se independiza, se va a vivir con su novia, se casa, tiene niños, sigue vinculado al Judo, a veces simplemente como practicante, a lo mejor como árbitro, quizá se ha hecho profesor y se dedica a impartir clases, incluso se aventura a “montar” un club de Judo y empieza el periplo de todo profesor de Judo con sus alumnos…
En esta fase en que el judoka aun esta en una condición física inmejorable, que tiene la relación afectiva resuelta el orden de las prioridades vuelve a cambiar y ahora es: dinero, amor y salud.
Y primavera, verano, otoño, invierno, primavera… van pasando los años… y el profesor de Judo comienza a ser mayor que todos sus alumnos y mayor que muchos padres de sus alumnos. Comienza a notar que se le trata de usted, comienza a apreciar que ciertos achaques y molestias musculares aparecen con mayor frecuencia y que pequeños golpes, torceduras y esguinces tardan más en curar.
Su vida familiar y afectiva se consolida. Económicamente aprende a administrarse, se acostumbra a vivir con lo que gana y con lo que tiene, y asiste con escepticismo ante el espejo, a la aparición de canas en la cabeza, en el bigote, en la barba…
Advierte como el kilometraje pasa factura, y aunque se muestra activo y el hecho de ser judoka y practicar Judo, relacionarse en su ambiente deportivo de Judo, le hace sentirse y encontrarse mejor y más joven que personas que a su alrededor tienen su misma edad, y empieza a cuestionarse hasta cuando va a poder, o hasta cuando su edad le va a permitir impartir clase, si es que imparte, o simplemente acudir a entrenarse con cierto decoro y posibilidades…
Recuerda entonces la sabiduría popular y entiende porqué salud, dinero y amor no es un orden tan desacertado.
Como judoka ha podido vivir su vida en un entorno de Judo y se ha beneficiado de la práctica de Judo y sus valores, que ha integrado en su vida.
Como profesor, si ha decidido ser profesor, el Judo le ha ayudado a realizarse y a ser mucho de lo que es. Ha tenido la posibilidad de participar y de incidir en muchas vidas y de vivir muchos ciclos con sus alumnos: primavera, verano otoño…
Y haciendo balance de su vida, se siente satisfecho cuando piensa en sus alumnos encauzados en la vida, viviendo sus ciclos, y reconoce como la relación con sus alumnos le ha ayudado a madurar, y es consciente de la influencia que él ha podido tener en alumnos como Pedro, que ilusionado con cinco años le dice, “profesor sabes, el lunes cumplo seis años”…
14-02-11
¡Que difícil es…!.
¡Que difícil es hacer y tener un campeón!.
Y antes de seguir adelante hay que establecer primero que se entiende por campeón.
La definición que viene en el diccionario Larousse dice, campeón: vencedor de un campeonato o competición.
Pero hablando de ser campeón, campeón… ¿de qué?.
Evidentemente nos referimos a Judo y se puede ser campeón de un grupo en el club, de una competición interclubes, de una autonomía, de España, de torneos internacionales, de Europa, medallista mundial, olímpico…
Cada vez se complica más
A todos los entrenadores nos gusta tener campeones, y cuantos más resultados y de mayor rango obtengan nuestros judokas nos sentimos más satisfechos. ¿Pero el campeón nace o se hace?.
Un restaurante de cinco estrellas, para mantener su nivel de restauración, trabaja seguro con las mejores materias primas. También el cubierto resulta caro, pero si quiere que sus platos resulten de calidad tiene que trabajar con el mejor material y el material bueno hay que pagarlo.
El profesor de Judo no busca el material, el material le viene. Al profesor de Judo, le llega de todo, material de primera y de segunda, nuevo y reciclado y en ocasiones “de deshecho”. Y con todo eso tiene que bregar.
Y aunque no todos se entregan de la misma manera, inicialmente el profesor de Judo a todos les da de comer igual. A todos les enseña lo mismo. Poco a poco va conociendo y detectando las cualidades de cada uno. Cuando participan en las primeras competiciones observa su capacidad para desenvolverse.
Muchas veces no es el más dotado y el que resuelve con facilidad sus combates el que mejor se integra en el club o en el grupo, ni es el que mejor actitud tiene y más interés pone de cara a los entrenamientos .
Pero a veces si. El entrenador detecta lo que se podía denominar “un pura sangre”. Intenta sin sacarlo del grupo, pues necesita del grupo para progresar, darle de comer aparte y lo implica más y se embarca con él en su vida y en los entrenamientos.
Lo lleva a competir y en ocasiones, con todas las dificultades que entraña, lo gana todo, aprende, se acostumbra ganar y en ciertos niveles gana siempre, se mete en el equipo nacional, acude a concentraciones, realiza salidas a torneos internacionales y todo esto le va haciendo escalar peldaños y subir de nivel.
El judoka en cuestión empieza a despegar sobre sus compañeros de siempre, aunque su mayor necesidad de entrenamiento también hace que el nivel de su grupo y de su club mejore. Y también el nivel del entrenador. El entrenador se ve obligado a aprender más, a fijarse, a moverse, a pensar más, a planificar mejor, “el buen competidor hace al buen entrenador”…
Pero ¿hasta donde? Y ¿hasta cuando? Hemos visto las diferentes niveles de campeones: de club, autonómico, de España, de Europa, del mundo, olímpico…
Y cada vez resulta más complicado y más difícil…
Cuando un entrenador se encuentra con un competidor “pura sangre” en categorías infantil o cadete, con sus conocimientos y a poco que sepa rodearse de lo que necesita en esas primeras fases, club, autonomía, España…como entrenador “triunfa”.
Pone toda la carne en el asador, se lo da todo, aprende con él, y aunque es indudable su aportación y su incidencia en sus resultados, no se tiene que engañar y tiene que aceptar su valía y reconocer que ha tenido la suerte de que en sus manos haya caído “un pura sangre”, y que en sus manos o en las de cualquier otro entrenador que se implicase con él y lo cuidase, seguiría demostrando ser “un pura sangre”.
También en ocasiones otros que van compitiendo, unas veces ganan y otras pierden. Analizando y evaluando las competiciones, comienzan a aprender a ganar, y ganan más veces…
Muchas veces el entrenador se sorprende cuando el que demuestra más interés, es un competidor del montón. Al interesarse más, como profesor de Judo se vuelca con él y comienza el periplo: gana en el club, en la autonomía, medallista en España incluso en alguna categoría inferior resulta campeón de España, vive su ilusión, le apoya, le da lo mejor de si mismo, se ilusiona, lucha y pelea porque llegue lo más lejos posible… y a veces sin querer se engaña sin ver o sin querer ver y aceptar sus limitaciones… y las suyas propias como entrenador…
Y debido a todo esto, en torno al entrenador, al profesor de Judo se forma un importante grupo de competidores, de judokas que motivados por el resultado y el trabajo propuesto va determinando durante un periodo de tiempo una mentalidad y una forma de vivir alrededor del Judo.
Según Nobuyuki Sato, rector de la Facultad de Educación Física de Tokai, campeón del mundo de Judo en 1967 y 1973 en -95 kgs, el competidor tiene que tener tres áreas de talento: en su mente, en su técnica y en su cuerpo y es necesario refinar estos talentos mediante el tipo adecuado de practicas, tanto en calidad como en cantidad.
Para esto hay que crear las condiciones apropiadas para la práctica, lo que implica: buenos entrenadores, competidores para practicar, dirigentes comprensivos, escuelas y una actitud nacional hacia el deporte.
Para el competidor la más importante de de estas condiciones es la de contar con un buen entrenador. Así la función de este es de la mayor importancia.
Según Sato las reglas dentro de los objetivos del entrenador son las siguientes:
1) Hacer que los competidores se entrenen más de lo normal.
2) Aumentar gradualmente el entrenamiento y en consecuencia la fuerza del competidor.
3) Mantener el mismo método de entrenamiento durante un largo periodo de tiempo.
4) Explicar claramente a los competidores los objetivos, para que participen voluntariamente y con entusiasmo en el entrenamiento.
5) Utilizar un método que se adapta al individuo, es decir que esté bien equilibrado.
El punto número 4 es el primer paso que debe dar todo entrenador.
Y finaliza Sato su reflexión incidiendo en la perspectiva educativa del Judo diciendo que:
“El valor del deporte radica más bien en el proceso por conseguir el objetivo que en el objetivo mismo”.
Y en base a esta afirmación, nos queda el consuelo a los entrenadores y profesores de Judo de que nuestro trabajo, aunque no podamos hacer ni tener campeones queda justificado…, porque hacer y tener un campeón… ¡qué difícil es…!
28-01-11
"Yaku soku geiko".
¿Cómo es un entrenamiento en fútbol? Pregunto a veces a mis pequeños cuando necesito que entiendan la estructura de una sesión.
Su respuesta suele ser:
“Después de correr por el campo y hacer una serie de ejercicios (calentamiento), ensayamos jugadas, sacamos de esquina, tiramos a puerta… (trabajo técnico), y terminamos jugando un partido de entrenamiento (randori)”.
En la sesión de Judo llega el momento de jugar el partido de entrenamiento cuando llega el momento del randori, el momento de comprobar que lo que se ha aprendido y practicado en estático, somos capaces de aplicarlo en desplazamiento.
Imparto clase de “Judo recreativo” a un grupo de adultos. La media de 35 años. Algunos mayores y muchos de ellos se han iniciado en Judo, siendo adultos.
Después de una puesta a punto para activar los sistemas respiratorio, vascular y articular, el calentamiento lo realizamos haciendo Judo. Uchi komi, uchi komi en desplazamiento, el trabajo técnico previsto…apenas hacen caídas… y en el tiempo de randori hacemos yaku soku geiko.
Yaku soku es un concepto que en japonés tiene el sentido de cita, de pacto.
Todos han aprendido las caídas de espalda, de costado y de frente rodando, por si “procede” caer, pero como norma caen muy poco. Entiendo que no tiene sentido que con el kilometraje que llevan, sus pequeñas averías y reparaciones reciban impactos innecesarios.
Pero han elegido Judo como deporte, han venido a hacer Judo y el Judo consiste en aprender movimientos y con estos movimientos derribar al contrario.
Su pretensión, es practicar un deporte, mantenerse en forma, sudar, hacer ejercicio para encontrarse mejor y han descubierto el Judo.
El Judo les proporciona además de todo lo anterior, el encontrar fuera de su trabajo habitual un nuevo círculo de amigos, unas nuevas relaciones en un ambiente distinto, bajo unas normas que todos aceptan y que su grado de madurez les hace apreciar y valorar mucho más que los jóvenes que no son muchas veces conscientes de todo lo bueno que les proporciona y que absorben a través de la práctica del Judo.
Así describe el francés Luis Robert en su libro “Le Judo” el yaku soku geiko:
“Es el entrenamiento concertado, pactado. Los practicantes se saludan, se agarran en kumi kata y evolucionan a su gusto por el tapiz. Cada uno se desplaza observando las reacciones del otro. Cuando se ve una oportunidad de ataque, el ataque se produce. El ataque debe hacerse lo más sinceramente posible. El contrario no pone resistencia y si el ataque es correcto, se contentará con ejecutar una honrosa caída. Después de esto volverán a agarrarse y seguirán su evolución. Se esforzaran por desplazarse de la manera más adecuada posible, por emplear eficazmente su cuerpo, perfeccionar su rapidez en aprovechar los errores del adversario de atacar rápido y bien. Los ataques se suceden sin orden y cada uno al máximo. Es importante que cada practicante comprenda lo antes posible que se trata de un entrenamiento mutuo no de una riña. Los practicantes deben relajarse al máximo, pues toda crispación, mental o física es una traba. Es el momento donde verdaderamente se demuestra el verdadero dominio de las caídas.
Conseguir un buen yaku soku geiko por los ataques numerosos y sobre todo variados es bueno porque denota un espíritu suave, rápido así como un cuerpo bien entrenado. Pero evolucionar con suavidad y encadenar el ukemi adecuado a un ataque, a menudo augura un Judo pronto superior”.
Después de leer esto entendemos que en un yaku soku geiko se debe proyectar. Pero yaku soku geiko es un entrenamiento pactado. Y si pactamos que no se proyecta, no se proyecta. Seguro que los puristas no están de acuerdo y no lo llamarían así, pero… un pacto es un pacto…
El yaku soku geiko no es un “randori flojito”. En ocasiones puede sustituir al randori pero no es randori. En el randori, el nivel quizá lo marque, la intensidad con que el judoka de mayor grado se entregue a su práctica. La intensidad del randori en los entrenamientos también se programa a veces, desde flojo o muy flojo hasta hacerlo lo más parecido a un combate.
Pero si lo programamos y los contendientes son conscientes de esa programación ya existe pacto. Y el randori no debe ser pactado. Si pactamos en el randori, empezamos a jugar yaku soku geiko.
En este grupo del que he hablado insisto en que no se abuse de las caídas. Los movimientos se llevan hasta el punto de poder proyectar. Si es un movimiento de hombro o de cadera, se levanta, si es un movimiento de pierna se llega hasta el punto que se tiraría…, preparación y desequilibrio… o desequilibrio y preparación… pero evitamos la proyección.
No se si es lo correcto, quizá no es lo más acertado pero son medianamente mayores, algunos no muy bien preparados físicamente y no quiero arriesgar ni quiero que arriesguen ni que se hagan daño o tengan una lesión sin necesidad. (ninguno tiene pretensiones de competir…).
Y todos se entregan trabajan “duro”, y habitualmente disfrutan y salen satisfechos de su sesión. Consiguen un nivel técnico más que aceptable y ya de adultos se impregnan de todos los valores que brinda el Judo. Con el tiempo pasan su examen de cinto negro donde demuestran que conocen las caídas y que saben proyectar.
Y practican Judo en un grupo donde el tiempo de randori lo llamamos yaku soku geiko y aunque sabemos que no es un yaku soku geiko convencional… es la forma de yaku soku geiko… que hemos pactado.
14-01-11
"Nos hacemos mayores".
Cuando comencé a impartir mis primeras clases de Judo tenía 20 años. Entonces y durante mucho tiempo los padres de mis alumnos eran mayores que yo. El tiempo ha ido pasando, se igualaron las edades y ahora soy habitualmente mayor que todos los papás de mis niños.
Volviendo a leer la reflexión "menos mal que son los menos", al llegar al párrafo que dice "En estos últimos treinta años…", me ha hecho pensar… "la mayor parte de mis alumnos, aún no tienen treinta años", para ellos es toda una vida y para mi son… "estos últimos treinta años…"
Que un niño te llame de usted, no es habitual en la actualidad, pero a veces se da y lo entiendes, pero cuando un judoka adulto, alumno de un amigo se dirige a ti, "con mucha consideración" y te trata de usted, es cuando te das cuenta de cómo te van viendo los demás.
El profesor de Judo y cualquiera que se dedica a la enseñanza, nunca se considera tan mayor. Está en contacto siempre con niños, jóvenes, competidores, gente fuerte, llena de vida, de energía y de salud, y aunque evidentemente no es así, se ve como ellos…
El paso del tiempo es el que es, pero cómo percibimos nuestra edad y la de los demás es algo muy subjetivo.
A nuestros abuelos siempre los vemos mayores, y cuando tenemos conciencia de ellos no tienen mucho más de cincuenta años, pero siempre nos parecen mayores. A nuestros padres los vemos hacerse mayores, pero se hacen mayores delante de nosotros y aunque siempre los vemos mayores que nosotros, hasta que asumimos que son abuelos cuesta más. Y nuestros hermanos, nos parece que están siempre igual (como nosotros), y no nos damos cuenta de que primavera, verano, otoño, invierno, primavera…"y eso va marcando…"
Tu judoka, un niño que empieza contigo de pequeño, lo ves crecer, sigues toda su evolución, le enseñas Judo y colaboras en su desarrollo, se entrena, compite, pasa sus cintos, participa en cursos, durante un tiempo lo integras en tu vida y alrededor de su vida deportiva, está su otra vida, sus estudios, su trabajo, su novia, comienza a trabajar, se casa, incluso tiene sus niños…y para ti aunque lo ves instalado, independiente, con una vida propia, te sigue pareciendo, el niño que empezó contigo y aunque ves que se ha hecho mayor…para ti, no es mayor, "es tu niño de siempre".
El pasado mes de abril hizo 41 años que me puse el judogi por primera vez y en estos más de cuarenta años he participado en infinidad de cursos, concentraciones y entrenamientos. He conocido, tratado y aprendido prácticamente de todos "los grandes" y de todos "los mayores" del Judo español y también de muchos del panorama internacional.
Pero no solo de los mayores, también de otros mucho más jóvenes. Recuerdo en una de las últimas concentraciones que asistí como entrenador junior, lo que me hizo disfrutar con la explicación un entrenador mucho más joven. Era tal la claridad con que exponía el concepto de la técnica y la facilidad y soltura con que demostraba, que me sentí obligado a decírselo.
Con relación a los mayores, comentar que como judoka con mucho kilometraje recorrido, con la capacidad de observación entrenada a lo largo de los años como nos caracteriza a todos los que practicamos Judo, he tratado siempre que he podido de estudiar su manera de actuar unas veces en el tapiz, otras fuera para aprender en cada ocasión.
No voy a citar ningún nombre, porque no quiero, si olvido a alguno, que nadie pueda apreciar no estar en una lista en la que seguro tendría que estar.
Y después de vivir estos cuarenta años poniéndome el judogi prácticamente a diario, de concienciarme de que "mis últimos treinta años…", que son más que una vida para muchos de mis alumnos, y que he vivido muy intensamente gracias al Judo, tengo que aceptar y entender que judokas jóvenes en ocasiones, se dirijan a mí con el "respeto oficial" con que procede tratar a las personas mayores.
Los profesores de Judo veteranos, tenemos que asumir aunque no lo sintamos así, que "nos hacemos mayores", pero que aún siendo mayores, como hemos disfrutado tanto con el Judo, necesitamos seguir al pie del cañón y dentro del tapiz viviendo y compartiendo experiencias con todos los que son grandes en Judo.
Y cuando hablo de los que son grandes en Judo, me refiero a todos aquellos que independiente de la edad y del grado son "grandes", donde doy por supuesto que incluimos a nuestros alumnos, y a todos aquellos que nos han dejado participar de su vida deportiva y han confiado en nosotros.
Y consideramos que nuestros alumnos son grandes cuando en cada situación mantienen un comportamiento adecuado y saben estar, cuando saben resolver situaciones, cuando acompañan, cuando con su ejemplo enseñan, cuando ayudan y contagian optimismo, ilusión y ganas de vivir, porque cuando estás con ellos estás bien, porque te entienden y los entiendes, porque te regalan su cariño y te animan a seguir… y en definitiva porque han colaborado y conseguido que disfrutando con nuestra vocación, hayamos llegado a "hacernos mayores".
30-12-10
Una exhibición de Judo.
Ante la proximidad de las vacaciones de Navidad un alumno que imparte clase en un colegio a un grupo de benjamines me comunica que tiene la posibilidad de realizar una exhibición en el colegio, y me pregunta que para que las exhibiciones no sean siempre iguales, que se puede hacer…
Parafraseando al entrenador serbio de fútbol Voskov que decía "fútbol es fútbol" me sale decir que "Judo es Judo". Y que el Judo como deporte siempre consistirá en mediante unas técnicas de proyección y de control tratar de proyectar o controlar al contrario.
Una exhibición de Judo de alguna manera suele tener la estructura de una sesión y siempre deberá comprender un saludo inicial, un calentamiento, unas caídas, una demostración de los movimientos en pie y en suelo y un tiempo de randori en pie y en suelo. En algunos casos se podrá incorporar una aplicación de Judo como defensa personal.
Todo esto se podrá ordenar y adornar de muchas maneras.
En una exhibición hay que intentar aprovechar para difundir los distintos aspectos del Judo.
El calentamiento podrá ser tradicional, de ejercicios, de juegos, de acrobacias… dependiendo de la edad, aptitudes y del nivel de los participantes.
Después del calentamiento, las caídas marcan el inicio de la práctica del Judo. Al realizarlas todos a la vez, el ruido impresiona y crea un silencio en la sala roto por las exclamaciones de asombro de los padres que asisten por primera vez. La caída de frente rodando cuando se hace en fila, denota el nivel y la habilidad de cada judoka. Los más dotados podrán saltar haciendo más atractivo el espectáculo.
Aunque alguna vez he asistido a exhibiciones de Judo que parecían más propias de un espectáculo circense que de una exhibición de Judo. Tampoco esto es necesario.
Los padres van a ver a su hijo y se van a fijar en su actuación. Casi siempre se van a quedar asombrados de lo que sabe hacer y de cómo lo hace.
El niño sabiendo que es el protagonista, delante de sus padres se motiva y se va a esforzar por hacerlo de la mejor manera posible.
Los padres van a salir encantados de ver actuar a su niño. El orden, las formas y buenas maneras, el respeto al profesor, el cuidado y el trato con sus compañeros, la disciplina (condiciones de trabajo) que se respira, las indicaciones que da el profesor que todos se esfuerzan por cumplir…les hace entender que el Judo es algo más que mero un deporte de lucha.
Es por eso que en una exhibición lo más importante es el orden y las buenas formas, y que no es tan importante lo que hagan ni como lo hagan, sino la forma de conducirse para hacerlo.
Percibir la autoridad que emana del profesor en un ambiente distendido y ver a los judokas esperando sus indicaciones como "cachorrillos" ávidos de obedecer, deseando que se les mande actuar, es lo que más impresiona a los padres.
En el momento del randori el cuidado que pone el de mayor grado en el trato con el pequeño cuando se deja tirar, tampoco les pasa desapercibido.
Los padres que repiten, observan la progresión de año en año y recuerdan cuando sus hijos pequeños eran cuidados por los mayores y ahora son ellos los que empiezan a responsabilizarse de cuidar a los pequeños…
Y a todos, padres novatos y padres veteranos, les gusta ver como sus hijos practican los movimientos de Judo, les gusta ver como se desenvuelven con soltura y les gusta apreciar la progresión, pero todos reconocen y valoran sobre todo el orden, las buenas formas y el comportamiento que observan durante la exhibición y que en muchos casos ya han apreciado en casa.
Resumiendo:
En el momento de celebrar una exhibición, los profesores de Judo jugamos con ventaja. Jugamos en casa y formamos parte del equipo favorito, el ganador y con el público a nuestro favor y a favor de nuestro equipo.
Los padres vienen a ver como se desenvuelven sus hijos y todo lo que hagan les va a parecer bien. Se van a rendir ante la menor "habilidad" de su niño.
Tenemos que preparar un calentamiento "atractivo" donde el niño según su edad trabaje sobre todo la coordinación además de las distintas cualidades físicas adaptadas a su nivel, para luego demostrar el conocimiento de unos movimientos básicos dependiendo de su edad y de su grado.
Pero lo que tenemos que ser capaces de conseguir es comunicar por medio de los niños todos los valores que el Judo comporta: orden, cortesía, buenas maneras, respeto, compañerismo, cuidado del contrario…en definitiva disciplina, (condiciones de trabajo), tan difícil de inculcar en estos tiempos.
Tenemos que impregnar el ambiente de Judo. Tenemos que conseguir que los padres "respiren Judo", no solo el olor, que también llegaran a respirar avanzada la exhibición, sino los valores que el Judo encarna y que entiendan y aprecien la influencia tan importante que el Judo a través del Profesor y que el Profesor por medio de Judo tiene en la conducta, en el desarrollo y en la educación de su hijo.
10-12-10
Una competición con el sabor de las de antes.
Al principio las competiciones de Judo se realizaban en los clubes que era donde había tatami. Más tarde, se montaba el tatami en una sala o en un polideportivo, se colocaba una mesa y sillas para los cronometradores y un árbitro lidiaba dentro. Alrededor del tatami y de la mesa se colocaban los aficionados y espectadores que habitualmente solían ser y siguen siendo judokas o familiares de los competidores.
Pero no solo los espectadores se colocaban alrededor en "competiciones familiares". En la final del campeonato del mundo en Paris cuando el holandés Anton Geesing resulto campeón frente al japonés Sone, en un documento filmado, se observa como la competición se realizaba en un tatami elevado, arbitraba de central y en judogi el francés Guy Pelletier, y alrededor los espectadores estaban tan cerca como para saltar dentro, y de hecho saltaron cuando Geesing se proclamó campeón.
Poco a poco, se entendió y todos aceptamos que era más práctico que alrededor de la mesa y de los tapices no hubiera nadie, y que tres opiniones tienen menos posibilidades de cometer errores por lo que se instauró que fueran tres los árbitros, y se comenzó a buscar escenarios más adecuados, salas espaciosas, polideportivos con gradas y lugares acordes para realizar la competición.
El Judo ha evolucionado y sigue evolucionando. Las normas de arbitraje también. Se ha uniformado a los árbitros, se ha tratado de agilizar y de hacer más comprensible la competición, se han legislado medidas para el tapiz, para los judogis, se ha ubicado al público y a los competidores y habitualmente las competiciones ahora se desarrollan en un espacio ordenado y adecuado para cada ocasión.
El profesor catalán José María García ha organizado como cada año el Torneo Ciudad de Hospitalet que da el pistoletazo de salida a las competiciones de la temporada de Judo en Cataluña. Prácticamente todos los competidores catalanes se prueban dos o tres semanas antes de celebrarse los Campeonatos de Cataluña, lo que asegura siempre una gran participación.
Desde las primeras ediciones he acudido con mis alumnos. Hace unos años se lesionó uno de mis competidores y a raíz de entonces, no se si un punto de superstición, me impedía asistir.
Este año, afortunadamente ante una llamada de José María y la ilusión por competir de un grupo de alumnos enterados de la existencia de este Torneo decidí participar.
El Torneo se desarrolla en el Polideportivo Santa Eulalia, un pabellón "camuflado" dentro de la Asociación Deportiva Santa Eulalia. Un pabellón con zona de gradas, y digo camuflado porque que si no se conoce, desde la calle nadie pensaría que un pabellón de esa magnitud pudiera existir allí.
El pesaje se realizó a media mañana y la competición estaba previsto que comenzase a las 15'30. Llegamos una hora antes para prever el calentamiento y pude asistir a la llegada de competidores, profesores y entrenadores, árbitros y organizadores. Mientras las gradas se iban llenando…
Prácticamente todos los competidores catalanes en activo, unos veteranos, otros jóvenes, nuevas caras para mí que ahora son habituales en los podios nacionales, y la inmensa mayoría de los clubes catalanes, estaban representados.
Además de los judokas catalanes y algún ruso afincado en Barcelona, un grupo de judokas de Andorra, un club de Valencia, otro de Navarra y nosotros, pienso que éramos los únicos "forasteros" participantes en la competición.
Calculo que se juntarían en torno a 150 judokas, la mayor parte de la categoría masculina donde prácticamente las hojas de los primeros pesos estaban completas.
Los entrenadores iban llegando. Entrenadores veteranos de toda la vida y entrenadores jóvenes de nuevas generaciones, responsables de grupos de judokas cohesionados y compactos, con resultados actuales importantes y que de alguna manera evidencian el relevo generacional y auguran un futuro prometedor para el Judo catalán.
Los competidores se fueron cambiando y aparecían con sus bolsas que iban colocando junto a las paredes y junto al tatami, el que tenía un amigo o un familiar en la grada, en la grada, y comenzaron a calentar y en un momento los tres tatamis de competición y el tatami auxiliar de calentamiento se llenaron de judokas ávidos de ponerse a punto para competir.
Ciento cincuenta judokas, sus bolsas, sus zapatillas repartidas por todo el pabellón daba una sensación de desorden…
Y con un pequeño retraso comenzó la competición, se alternaban dos categorías de peso por tatami. En el momento de desalojar el tapiz, los judokas que no competían se dedicaban a calentar o se sentaban alrededor del tatami, no había posibilidad de subir a la grada pues estaba llena de "público".
Aparentemente la visión era todo lo contrario a como se nos ha acostumbrado los últimos años. Los tatamis rodeados de judokas. Espacios llenos de bolsas desordenadas y zapatillas La zona de las sillas de los entrenadores rodeadas prácticamente por otros entrenadores, competidores y amigos…
Después de este paisaje descrito cualquiera pensará que la competición fue un caos y que no podría celebrarse en condiciones y nada más lejos de la realidad. Desde la mesa central un grupo eficiente de organización manejaba de manera ágil las listas, llamaba a los competidores y a los preparados, que se colocaban esperando…
El público y los judokas sentados junto al tapiz, animaban a sus competidores. El ambiente que se formó y se mantuvo durante toda la tarde fue un ambiente de Judo. Se animaba y se dirigían combates en un ambiente de mucha deportividad. Los árbitros a pesar de tener tan cerca al público "se aislaban" y juzgaban los combates con serenidad.
El tatami montado sobre una moqueta, a veces se abría, y el mismo árbitro, en ocasiones peinando canas y seguro con muchas rayas en el cinto, no se le caían los anillos por colaborar en colocarlo. Los mismos entrenadores y competidores desde fuera también ayudábamos… y todo el mundo colaboraba para que la competición saliera adelante…
En las gradas un público entendido animaba a los suyos y sucumbía ante movimientos bien hechos de otros judokas. Hacía tiempo que no veía al público, competidores, entrenadores entendiendo y aceptando de buenas formas las decisiones arbítrales y reconociendo la valía y el buen hacer de su pupilo o del rival cuando era el caso.
Resaltar que no recuerdo ver actuar al médico. No era Ferran Cabañó que en esta ocasión arbitraba. Pienso que no me enteré quién era porque apenas tuvo que salir alguna vez con algodón a taponar una nariz que sangraba. Tampoco recuerdo que los árbitros tuvieran que aplicar ningún hansoku directo.
Sí tengo que decir que el tiempo se le fue de las manos a la organización, quizá porque para que todos compitieran más veces se hicieron dobles repescas tradicionales desde el principio y en el caso de los pesos altos y de las chicas, como había menos participación hicieron ligas para que pudieran competir más.
Y aunque el tiempo se fue de las manos y se hacía tarde, nadie se iba. Ni público ni competidores. En ese ambiente de desorden había un orden, un respeto, unas buenas maneras, unas ganas de colaborar y de participar por parte de todos, se masticaba Judo.
Las mismas autoridades que llegaron sobre las 19'30 para hacer la entrega de los trofeos, aguantaron "estoicamente" y no se veían incómodas las dos horas que se demoró la entrega de los mismos.
Evidentemente a todos nos gusta asistir como espectadores a una competición bien organizada donde se cumplan los horarios, estemos cómodamente sentados, veamos bien los tapices, sepamos qué combate vamos a ver y cuando se van a enfrentar.
Como deportistas y entrenadores también sabemos apreciar cuando todo esta bien organizado, que conozcamos el sorteo, que podamos estar junto a nuestro competidor, que sepamos cuando le va a tocar competir, que dispongamos de una sala de calentamiento en condiciones con fácil acceso al pabellón para poder seguir los combates… y esto se da en ocasiones.
Pero muchas veces esto no es así y por distintas razones no puede ser así. Y no hay peor cosa para el competidor y el entrenador, que añadir a su nivel de ansiedad competitiva, la incertidumbre de cómo se está desarrollando la competición y de cuando le va a tocar.
Personalmente si tengo que elegir prefiero durante la competición tener que compartir el espacio con bolsas, zapatillas y judokas cerca de donde se están desarrollando los combates, prefiero poder estar cerca de mis competidores, prefiero esa incomodidad y saber como se desarrolla la competición, a la falta de información.
También prefiero la comodidad de poder vestir ropa deportiva, (el chándal que identifica al club o a la autonomía), que vestir chaqueta y corbata a modo de entrenador de fútbol moderno y con el que la mayor parte de entrenadores en el momento de la competición nos encontramos incómodos.
Y Hospitalet fue
Una competición aparentemente desordenada, descontrolada, incómoda, pero dentro de ese desorden había un orden, dentro de ese descontrol solo se fue de las manos el tiempo y dentro de esa incomodidad, competidores, entrenadores, árbitros (pienso), público aficionado, y organizadores (quizá con cierto agobio por el tema de la hora), estábamos cómodos.
Y todos a pesar del desorden existente participamos de un torneo en Hospitalet donde los organizadores demostraron su buen hacer una vez más y nos brindaron la posibilidad de participar y disfrutar de una competición con el sabor de las de antes.
29-11-10
Número de niños por clase.
Antes de empezar esta reflexión quiero indicar que no pretendo dar números. No soy quien para decir cuantos niños tiene que tener cada profesor en sus clases. Cada uno sabe su situación, su competencia y sus necesidades.
Voy a intentar analizar los condicionamientos que tenemos los profesores de Judo en el momento de formar los grupos.
Antes quiero recordar mis comienzos hace casi 40 años en que las clases eran multitudinarias, los mayores lo recordaran, no era infrecuente tener grupos con 40, 50 incluso con más niños. No se si actualmente quedan clases de esta envergadura.
No pretendo alardear de nada, era lo que había. Los niños se apuntaban a Judo y los profesores de Judo cogíamos todo. No se si era inconsciencia o atrevimiento. Pienso que ahora sería incapaz, pero muchos aprendimos así…
"La ignorancia es muy atrevida" decía mi madre cuando veía como sus hijos nos enfrentábamos a un examen en el colegio o en la universidad y ella pensaba que no lo habíamos preparado lo suficiente.
En esas primeras clases de Judo, muchos pecábamos de ignorantes y de atrevidos. Eran otros tiempos, éramos jóvenes, inconscientes, sin mucha idea, pero bregábamos con muchos niños.
La cuestión ahora es:
¿Cuantos niños podemos admitir en una clase de Judo?
Esta es una de las preguntas que nos hacemos en la actualidad muchos profesores de Judo y que a veces nos plantea el APA de un colegio cuando a principio de temporada observan con sorpresa como comienzan a apuntarse más niños que los habituales.
Evidentemente, es mejor que exista lista de espera, que impartir clase "bajo mínimos" y la cuestión es, pudiendo tener alumnos, qué número es aceptable y de qué depende.
En los colegios, en las asignaturas convencionales el ratio que se aconseja, pensando en un aprovechamiento ideal suele ser en torno 25 niños por clase.
Pero ¿es este el número ideal en las clases de Judo?.
Hay unos factores que a priori hay que tener en cuenta. Seguro que existen más y seguro que cada caso es distinto, pero de manera general pienso que nos tenemos que basar en los siguientes condicionamientos:
1.- Las condiciones de la sala y las dimensiones del tapiz.
2.- La edad de los alumnos.
3.- Nivel de Judo de los alumnos y su procedencia.
4.- La necesidad y capacidad del profesor.
El primer condicionante para poder tener más o menos alumnos es la sala de que se disponga y las dimensiones del tatami.
No es lo mismo tener una sala específica para Judo, solo para nosotros, que tener que compartir el espacio en un polideportivo o en una sala polivalente donde practican otros deportes alrededor. Compartiendo un polideportivo con otras actividades es realmente complicado conseguir mantener la atención de los judokas durante la sesión.
También hay que tener en cuenta los metros de tapiz de que disponemos. Para trabajar en condiciones óptimas deberá ser suficiente para acoger a todas las parejas que decidamos admitir para que puedan realizar el trabajo técnico con cierta comodidad. En el momento de practicar en desplazamiento, si es necesario se podrán hacer grupos y aunque es mejor que puedan practicar todos juntos, no es imprescindible que tengan que trabajar todos a la vez.
La segunda variable es la edad de los niños. Por el espacio que necesitan y por la atención que requieren. No es lo mismo un grupo prebenjamín de 5 y 6 años, que un grupo de de adolescentes de 13 y 14. Primero porque los de 13 y 14 necesitan más espacio y los pequeños quizá no necesitan tanto espacio pero si normalmente, mayor atención.
El tercer factor a tener en cuenta es el nivel de Judo de los alumnos y de su formación.
Hay que contar si son nuevos o veteranos. Si han comenzado contigo o vienen de otro club.
Con un grupo de nuevos inicialmente eres tu el que marcas las pautas a seguir. Todo es nuevo para ellos. Si son iniciados, vienen "aprendidos," y adaptar, modificar y reconducir rutinas y actitudes, lleva más tiempo y un trabajo adicional.
Cuando tenemos un grupo consolidado de cualquier edad en que se ha conseguido un buen ambiente de trabajo, se han hecho amigos, cuando ha llegado a formarse un grupo cohesionado, al incorporase un alumno nuevo es fácil contagiarlo de esa atmósfera de Judo y hacerle entrar en ese ambiente con facilidad.
Si el grupo es problemático el nuevo también se integra, pero se suele contaminar y habitualmente pasa a engrosar "el grupo problema" y actúa como ellos.
Es por eso que si un es grupo bueno aunque inicialmente no sea muy numeroso, poco a poco puede ir creciendo, las nuevas incorporaciones se adaptan con facilidad a la dinámica de trabajo, por lo que el grupo acepta más incorporaciones y puede llegar a hacerse y a ser más numeroso que otro grupo normal.
Y el cuarto condicionante es la necesidad y la capacidad del profesor.
Como apuntaba el profesor Reyero al comentar la edad y el número de alumnos, "el hambre del profesor", es una razón de peso y una necesidad por incorporar alumnos.
Pero quizá lo más importante es la capacidad y aptitudes que el profesor tiene para desenvolverse con diferentes grupos.
Aquí hay que tener en cuenta la habilidad del profesor para fijar objetivos, dosificar los programas, plantear los entrenamientos y conseguir que la sesión se desenvuelva en un ambiente adecuado.
Trabajando de esta manera el grupo admite más alumnos trabajando en condiciones.
En ocasiones el profesor se siente más capacitado y más cómodo para trabajar con una u otra edad. A todos en alguna ocasión nos ha pasado, que se nos ha apoderado un grupo y durante un momento hemos perdido o nos ha parecido perder el control de la clase.
También nos ha pasado, que siendo el mismo, tenemos una clase en un club o en un colegio que nada tiene que ver con otra clase de la misma edad y mismo número de alumnos que impartimos en otro centro. Entonces nos devanamos la cabeza pensando que hacemos diferente, si es que hacemos algo distinto en uno u otro sitio para que el grupo se comporte de una u otra manera y nuestro objetivo primordial es el de reconducir el grupo cuya conducta no nos satisface y buscar todos los medios y ayudarnos de "la magia" que tiene el Judo para reconducirlo.
Mi opinión.
Es que tenemos que llegar a conocernos y a tener claro cuantos alumnos podemos abarcar en cada sesión. Tenemos que ser serios, responsables y coherentes sobre cuantos alumnos podemos controlar. Por la forma de evolucionar en Judo y la importancia de variar constantemente de compañero para una mayor progresión, ¡cuantos más mejor!.
Habrá grupos que aceptaran más y grupos que no. Habrá algún grupo en que nos aparezca "un niño que nos complica la clase" y que trataremos reconducirlo y si no podemos deberemos hablar con sus padres para indicarles que lo procede es que su niño deje durante un tiempo el Judo y se dedique a otras actividades y que quizá más adelante, más maduro le interese volver a probar.
No tenemos que sentirnos mal por hacer esto. Lo que no podemos admitir es que un niño eche a perder un grupo de Judo, nos haga perder la ilusión por impartir una clase y eso a veces pasa. Si el niño después de intentar reconducirlo no atiende a razones, nuestra obligación es defender el derecho de sus compañeros a tener sus clases de Judo en condiciones, y deberemos "apartarlo temporalmente" de la actividad. Hablamos con sus padres… ¡y no pasa nada!.
Resumiendo:
En base a todo lo expuesto antes, con el número de alumnos que decidamos que podemos tener en la sala, teniendo en cuenta su edad, su nivel y nuestra capacidad para desenvolvernos, se trata de impartir una sesión de Judo donde se aprendan y practiquen las técnicas en un ambiente donde imperen todos los valores que implica la práctica del Judo, buenas formas, orden, respeto, modelo de comportamiento…, en definitiva disciplina, (que no es más que una condición de trabajo), y que salgan de la sesión satisfechos, conscientes de su progreso, motivados y esperando con ilusión que llegue el momento de celebrar la siguiente.
15-11-10
La mejor defensa.
Muchas veces cuando un padre se decide a apuntar a su niño a Judo y viene al club, hace este comentario. "A ver si haciendo Judo aprende a defenderse…"
¿A defenderse?
Cada persona dependiendo de la actividad que realiza desarrolla unas capacidades y características diferentes.
Un leñador acostumbrado a manejar el hacha cada día, especializado en cortar troncos, ante una situación que amenace peligro, si tiene un hacha en la mano no dudará en usar su herramienta de trabajo, que además seguro hará de manera eficaz.
La defensa de un corredor, de un atleta, ante la misma situación será correr y alejarse del peligro.
Un judoka esta acostumbrado a estudiar y a practicar como se proyecta y se controla a otras personas, a mantenerse en equilibrio y a evitar que le tiren, y en una situación similar, sin ser a veces consciente, juega con ventaja.
El judoka además de movimientos de Judo también ha aprendido a observar rivales y contextos, ha aprendido a ceder y a eludir peligros, a evitar ambientes conflictivos, por lo que será raro que se vea envuelto en una situación complicada, pero que si sucediera, seguro que aplicando sus conocimientos de Judo y beneficiándose de la condición física que la practica de Judo le proporciona, tiene muchas más posibilidades de salir airoso.
La práctica del Judo, le proporciona tranquilidad, hace que se sienta seguro de si mismo y que confíe en sus recursos. El Judo le enseña además a estudiar y a afrontar de manera inteligente las distintas situaciones que surgen en su vida.
Ha aprendido a valorar situaciones, y está habituado a prever las acciones de los demás para neutralizarlas, por lo que sabe anticiparse a cualquier acción del contrario y trata siempre de observar un comportamiento indicado en cada situación.
Por eso tratará siempre de evitar la confrontación, pero si se ve inmerso en ella, podrá utilizar los recursos que le proporciona el Judo para salir victorioso de ese momento.
Pero ante todo sabe que la mejor forma para no tener que "llegar a las manos", es evitar los conflictos y que para evitar los conflictos tiene que observar una conducta apropiada en cada momento.
Es por esto que el judoka asume que "la mejor defensa, es un buen comportamiento"
29-10-10
Es mi alumno.
En ocasiones un profesor de Judo, hablando de un judoka dice, "ese es alumno mío o "es mi alumno".
Y con ese "es alumno mío" ¿Qué quiere dar a entender?
¿Que lleva toda la vida desde pequeño practicando Judo con él? ¿Qué hizo Judo durante un tiempo en su club? ¿Qué empezó con él? ¿Qué lo conoce de verlo en concentraciones y que alguna vez le ha hecho una indicación?.
Cuando se empieza con un niño desde pequeño se pueden sentar unas bases de Judo, de entrenamiento y de forma de conducirse. Si siendo adulto se inicia contigo, aunque su personalidad está formada, descubre el Judo y bajo tu influencia lo comienza a administrar en su vida. A un adulto que viene aprendido que se incorpora en tus clases, podrás ayudarle, podrás corregirle pero viene con una base, mejor o peor pero que no ha aprendido contigo. Con unas ideas más o menos acordes con las tuyas pero que no has sido tú el que se las ha inculcado y resulta más complicado.
La cuestión es, ¿Cuándo un profesor puede considerar que un judoka es su alumno?.
¿Cuando un judoka puede decir de un profesor que "es su profesor"?.
Como dice José Alberto Valverde hablando de Sergio Cardell:
"Sergio configuró su trabajo y su capacidad de absorber conocimientos de todos aquellos a los que tuvo la suerte de conocer"
Pero a ninguno nos cabe la menor duda de quién fue su profesor. Tampoco la tenía Sergio. Explicando muchas veces decía, "Mi profesor José Alberto…"
Quizá lo que caracterice al profesor de Judo de un judoka, sea que inició y sentó las bases de su Judo, ya no solo técnicas, que también, sino psicológicas y de manera de pensar y de integrar el Judo dentro de su vida y en definitiva a ayudarle a entender su vida. Luego el judoka podrá hacer Judo con muchos profesores. Podrá aprender de todos, pero ninguno será "su profesor".
Tenemos el ejemplo del maestro José Luís De frutos que siempre hablaba con devoción de su profesor, el maestro Burrieza y seguro que De Frutos aprendió de muchos judokas y profesores, pero para él "su Profesor" era el maestro Burrieza.
De alguna manera la sensación de esta relación profesor-alumno tiene que ser recíproca. No tiene sentido que un profesor diga, "es mi alumno", de alguien que no piensa que lo es.
Tampoco tiene sentido que un judoka diga "es mi profesor", de un profesor que no se considera su maestro.
Resumiendo:
El profesor de un judoka es el que enseña a andar al judoka y cuanto más tiempo esté en sus manos más tiempo tendrá para enseñarle "a andar, a correr, a saltar, a saltar vallas y hasta a usar la pértiga".
Como decía Sergio Cardell, "el mejor profesor de Judo es el que es capaz de conseguir que su alumno se enamore del Judo". Lo ideal es que el judoka se mantenga en el club hasta que se independice o que por distintas causas, personales o laborales, deje de hacer Judo.
Si por cualquier circunstancia este judoka desaparece del club no podremos decir que en ese momento es mi alumno y que practica Judo, pero si que empezó conmigo y que durante un tiempo fui su profesor.
Y el judoka tiene que pensar la responsabilidad que arrastran sus palabras cuando dice mi profesor es… o soy alumno de… Porque, cuando "exhibe esa paternidad" de alguna manera pone en entredicho a su profesor si luego su forma de hacer Judo y su conducta no se corresponden con la forma de hacer y de conducirse el profesor.
Lo ideal es que profesor y judoka coincidan y que el profesor pueda decir hablando del judoka con orgullo y alardeando "hace conmigo", "es mi alumno", o "se formó conmigo" y que el judoka, también con orgullo y, "chuleando a tope", como decía el maestro Chung, y lleno de reconocimiento pueda decir "es o fue mi Profesor".
14-10-10
La autoridad del profesor de Judo.
Siempre recordaré hace años un curso de Judo en Mauleón (Francia) que organizaba mi profesor Ángel Claveras junto con dos amigos profesores franceses.
Uno de los profesores franceses comunicaba de manera especial la sensación de autoridad. Antes de iniciar la sesión y estando todos los niños revolucionados jugando por el tatami aparecía en la sala y no tenía que hacer ni decir nada. Se detenía junto al tapiz y conformen advertían su presencia, los niños paraban, se iban callando y se colocaban progresivamente en la fila para saludar.
A mi la personalidad de este profesor, la autoridad que solo su presencia producía ante la clase me impactaba. No he podido olvidar esta imagen y siempre he pensado que es a lo que tiene que aspirar todo profesor de Judo, a conseguir de manera natural con su presencia mantener el orden en la clase.
No se si con todas las polémicas actuales que existen sobre autoridad, con los problemas actuales que "sufre el profesor en el aula" sea lo más indicado que trate yo este tema ahora, pero está comenzando el curso y me parece oportuno, crear inquietudes y aportar ideas que nos puedan ayudar.
Primero de todo, vamos a enumerar las características que según Rainers Martin (psicólogo deportivo), debe reunir un profesor de cualquier deporte: conocimiento del deporte, motivación por no dejar de aprender, y empatía.
Vamos a dar por sentado que el profesor tiene suficientes conocimientos de Judo, que está motivado por no dejar de aprender. Quedará el concepto de empatía, que la facultad de identificarse con una persona o grupo de personas, ponerse en su lugar y percibir lo que sienten.
Y percibiendo lo que sienten, en el ambiente creado el profesor deberá aplicar la autoridad.
La autoridad del profesor es una autoridad moral, que viene avalada por sus conocimientos, por ser una persona que observa en cada situación una conducta adecuada, que sigue una línea de actuación coherente y que sabe comunicar.
Y todo esto es lo que proporciona al alumno la sensación de que el profesor puede aportarle algo, y es lo que hace que el alumno reconozca su autoridad.
Al hablar de autoridad se generan otros conceptos como respeto, disciplina, convicción y competencia.
Consultando la definición de autoridad, el diccionario dice: derecho y poder de mandar y de hacerse obedecer.
La autoridad es efectiva cuando existe el respeto y el respeto es muy difícil de imponer y de improvisar. El respeto no se impone, se gana y empieza por respetarse a uno mismo y por respetar a los alumnos, tratando de crear un ambiente donde los alumnos se interesen, porque "para aprender hay que entender y para entender hay que atender y nadie atiende si no está interesado por la materia."
Hablando de autoridad y de respeto surge el término disciplina. Término que por las distintas connotaciones con que se ha tratado, en estos tiempos, está depreciado y parece que incomoda hablar. Y la disciplina no es más que una simple condición de trabajo Es "el cumplimiento de unas normas de convivencia que atañen a todos en beneficio de un bien común."
En las clases de Judo coexisten dos tipos de disciplina (o condiciones de trabajo), una social (puntualidad, higiene, buenas maneras) y otra, disciplina de entrenamiento para que el grupo pueda progresar y cumplir sus objetivos.
Para ejercer la autoridad, el profesor tiene que estar convencido de su derecho a mandar. Derecho a mandar que se fundamenta en primer lugar por el status que ocupa como profesor y en segundo lugar porque tiene conocimientos que aportar y transmitir. Si el profesor es consciente de estas dos condiciones será más fácil que cumpla la segunda premisa que define autoridad, "hacerse obedecer".
Y para hacerse obedecer el profesor de Judo tiene que estar seguro de su competencia. Competencia en lo que hace, competencia en lo que manda y competencia en cómo lo manda, desde donde se genera la convicción de que te van a obedecer porque el profesor está seguro de que lo que manda es lo correcto y el alumno percibe seguridad en que el profesor es capaz de aportarle conocimientos.
Cuando el profesor explica, el alumno capta el grado de fascinación que el Profesor siente por lo que está exponiendo, su nivel de seguridad y de preparación. Cuando no es así, también capta el miedo y la inseguridad del profesor inseguro y novato.
Esta convicción, esta competencia y ese mandar con empatía es lo que diferencia a un profesor de otro, y es lo que distingue a un profesor con mayor autoridad que otro.
Así como un competidor debe observar a otros competidores, analizar a sus rivales para preparar futuras competiciones y tiene que evaluar sus combates para sacar conclusiones para progresar, pienso que una forma de aprender y de formarnos como profesores aparte de asistir a cursos, es evaluar y analizar todas nuestras actuaciones cuando impartimos clase y si tenemos la posibilidad, ver y analizar como se desenvuelven otros profesores en sus clases, y fijarnos en su forma de "aplicar la autoridad".
Y teniendo en cuenta sus aciertos, copiar y probar lo que queremos imitar y pensamos que podemos incorporar a nuestras clases, y tomar nota de lo que no nos gusta, para no reproducirlo nosotros.
Resumiendo
Para que el profesor pueda ejercer la autoridad, tiene que existir un respeto, una disciplina (condiciones de trabajo), que facilite el ambiente donde los alumnos se interesen por la actividad y el profesor tiene que estar convencido de lo que enseña, por lo que tiene que estar seguro de su competencia y mostrar una gran dosis de empatía en el momento de actuar.
30-09-10
Acerca del mundial de Japón.
Como todos los que nos hemos quedado en España, he seguido por internet el campeonato del mundo que se celebraba en Japón con la esperanza de ver cada día en la lista de resultados nombres de españoles y...
Se podrá justificar que con las nuevas normas de participación y con países fuertes con dos judokas por peso es más difícil. Indudablemente disputar medallas en esta situación es mucho más problemático, pero ganar los primeros combates, es igual de fácil o de difícil que antes. A priori todos son difíciles. Evidentemente el japonés, el coreano, el brasileño o el georgiano pueden ser más complicados, pero en definitiva ninguno resulta fácil.
Terminadas las elecciones generales en España todos los partidos en sus comentarios se muestran optimistas y en alguna forma ganadores. El partido más votado porque ha ganado, el segundo más votado porque va a ejercer de oposición o se va a aliar con uno menos votado, y los otros porque con sus votos van a apoyar a unos o a otros y se sienten importantes.
Terminado el campeonato del mundo de Judo, todos los países se sienten desilusionados. Seguro que todos piensan que les podía haber salido mejor. Japón, porque "jugando en casa" y presentando dos por peso, podría haber metido dos judokas en cada una de las finales (solo lo ha hecho en tres). Francia segunda clasificada con su equipo de "súper estrellas" seguro que pensaba arrasar. Y ningún país (ni el mismo Japón, campeón por goleada), se siente satisfecho como si de unas elecciones generales se tratara.
Y ¿como se deben sentir los componentes de la selección española?
Nuestros judokas han estado allí y se han pegado. Todos se habían ganado la participación del mundial en una World Cup. Habían demostrado nivel suficiente para participar en un campeonato del mundo, y ganar combates. Casi todos han ganado algún combate y Cecilia y Sugoi han hecho una muy buena competición, resultando quintos, quedando a un paso de la medalla.
Pero seguro que todos se sienten decepcionados. Tanto trabajo, esfuerzo, ilusión sacrificio… y en Judo en un momento todo se va por la borda.
Y ¿los entrenadores del equipo nacional?
Habiendo vivido la experiencia en primera persona durante estos últimos años con la categoría júnior, puedo expresar y entiendo lo que sienten cada vez los entrenadores que los acompañan, cuando vuelven al hotel después de cada jornada de competición sin resultados (y en ocasiones sin ganar un combate).
El entrenador se siente vacío. Se da cuenta de que no puede hacer su trabajo de entrenador como le gustaría. Durante el campeonato ha actuado de acompañante y ha realizado las funciones de entrenador. Y lo ha hecho lo mejor que ha podido. En momentos puntuales ha tenido a los judokas bajo su tutela, pero en entrenamientos contados. El entrenamiento cada judoka lo ha realizado en su club con su entrenador. Por eso tampoco se siente totalmente responsable del resultado.
El entrenador en ese momento no está enfadado con los judokas que acompaña, ¡qué más quisieran ellos que haberlo hecho mejor!, lo que el entrenador siente es tristeza y desencanto. Una sensación de impotencia ante una situación de la que es objeto y que no ve fácil solucionar.
Y ¿los entrenadores particulares familiares y amigos que se han unido a la expedición?
Los entrenadores, amigos y familiares que han acompañado a nuestros deportistas, seguro que también se encuentran tristes y de alguna manera decepcionados.
Inicialmente la ilusión de asistir a un campeonato del mundo, ¡y en Japón!
Acompañando y arropando todo lo posible a su pupilo, hijo o amigo para completar ese entrenamiento que tanto tiempo, esfuerzo, trabajo y tanta ilusión ha supuesto para todos.
Para luego en el mejor de los casos, excepto a Cecilia y Sugoi verle ganar algún combate y luego perder para no repescarse. Y para eso ir hasta Japón, 16-20 horas de viaje desde que sales de casa hasta que llegas.
Si, pero habré estado y conoceré Japón, piensan antes de ir. ¿Japón? El Kodokan porque fueron dos días antes y era visita obligada. El Jojogi Gimnasium por dentro, por fuera y los alrededores. El camino del hotel al pabellón, los arrabales del hotel y si han tenido tiempo, ganas y suerte, algo de turismo…
Eso si, han asistido a un campeonato seguro muy bien organizado y con el mejor nivel, como para tomar nota.
Y ahora toca volver. Volver y sin medallas, el viaje se hace más largo y más duro. A la ida, la ilusión de asistir al campeonato, de visitar Japón, la posibilidad de sacar "chapa". La vuelta, apretando los dientes, no sabiendo en que pensar, o analizando los combates, replanteando el futuro deportivo…y el no deportivo…
Y cómo se siente o ¿cómo se debería sentir la Federación?
La Federación no es un ente abstracto. Todos formamos parte de la Federación pero hay unas personas que son las que dirigen su funcionamiento.
Por como está montado el engranaje en la Federación Española los máximos responsables de los resultados de los judokas españoles son ellos mismos, sus clubes, sus entrenadores, sus compañeros de entrenamiento y sus familias.
En España el Judo está basado en un sistema de clubes. Y bastante bien funcionan, demasiado bien lo hacemos los profesores y entrenadores de club que a parte de luchar por "sobrevivir" impartiendo clase a niños, de Judo recreativo a adultos, mantenemos una estructura donde los competidores con todas las dificultades que entraña, pueden entrenarse hasta adquirir el nivel de llegar a ser medallista en los campeonatos de España.
No estoy criticando a la Federación Española de la que me siento y he sido "arte y parte", y en base al sistema que ha elegido hace lo que puede, ni a los entrenadores nacionales que acompañan a estos deportistas, ni tampoco a los particulares porque soy uno de ellos, me identifico y trato de entender, pero siento, porque lo he vivido, el desencanto del entrenador del equipo nacional cada vez que en un torneo los pupilos a los que acompaña pierden y ve su impotencia y falta de posibilidades para poner los medios para obtener resultados.
Lo que estoy cuestionando es el sistema, que pienso que no es el idóneo.
¿No sería un buen momento para cambiar el sistema…?
Realizado el Campeonato de España, la Federación plantea una serie de salidas y concentraciones para los medallistas. Dependiendo del presupuesto, los responsables deciden qué salidas y concentraciones pueden realizarse y sobre el mismo calendario del año anterior, se perfilan las actividades.
Los judokas se siguen entrenando en sus clubes y complementan su trabajo con esas salidas y con esas concentraciones.
Cuando un equipo de fútbol, ficha a un jugador de otra provincia, incluso de otro país, este se traslada a vivir a la ciudad donde reside el equipo y comienza a vivir con el equipo. Vive con el equipo, se entrena con el equipo, viaja con el equipo, el equipo lo componen, los otros jugadores, el entrenador o entrenadores y médicos, fisioterapeutas, directivos y ayudantes necesarios. Nunca sigue entrenándose en su ciudad de origen con su antiguo equipo y acude solo a jugar los partidos.
El sistema actual de la Federación Española de Judo es un sistema que resulta cómodo. Resulta cómodo para los deportistas que están en casa y periódica y puntualmente se desplazan a concentraciones o competiciones. Resulta cómodo para los entrenadores que siguen en casa con su trabajo que alternan y complementan con las salidas y viajes con la Federación sin que se les exija grandes responsabilidades.
Y resulta cómodo para la Federación, que confía la preparación y entrenamiento de sus competidores a los entrenadores particulares…
¿No es momento ya, para que la Federación Española tome cartas en el asunto y entrene y se ocupe de sus competidores…?
No se de que forma, e imagino que el mayor problema es el económico, pero otros países lo hacen. No habría más que fijarse en ellos y copiar…. Y en cuanto al problema económico sería buscar patrocinadores, sponsors, y presentar al Consejo Superior de Deportes un proyecto coherente, creer en él, saber venderlo y usar las influencias que se puedan tener dentro del Consejo, del Comité Olímpico… para conseguir que se apruebe.
Tan complicado resultaría tener un lugar donde poder tener concentrados a los judokas y entrenadores y de alguna manera funcionar como puede funcionar un club cualquiera en España pero con todas las ventajas y medios de ser una Federación Nacional.
Tan complicado resultaría contratar un entrenador o entrenadores, que convivan con los deportistas, que los conozcan, que los hagan entrenar, que tengan poder de decisión, para decidir quién y a que competiciones y concentraciones acudir, y poder exigir a estos entrenadores responsabilidades si no hay resultados… y sin que tengan que estar pendientes de que tienen que ausentarse para impartir una clase en su club…
Bueno "Doctores tiene la Iglesia" y ellos son los que tienen que pensar y si pueden y lo consideran necesario, tomar decisiones. En su momento se creó el CAR de Madrid al que pienso que no se le ha dado la utilización adecuada. En Francia es impensable que un judoka que no esté en el INS sea campeón de Francia. En España es anecdótico cuando un judoka del CAR resulta medallista en un campeonato de España.
Resultados de este mundial:
Japón vencedor indiscutible con 23 medallas y lo que nunca había obtenido, la hegemonía en la categoría femenina, con 6 oros, 3 platas y 4 bronces.
Francia segunda a mucha distancia con 6 medallas y Korea y Grecia terceros, empatados con 2 medallas.
España es el primer país sin medalla clasificado en el puesto 23 por los dos quintos puestos. El año pasado se clasificó en el lugar número 11.
El año pasado Sugoy, Oiana y Ana obtuvieron medalla. Con esa experiencia y sabiendo sus posibilidades este año se han entrenado y seguro que han llegado mejor preparados que el año pasado. Pero el deporte es así y la competición de Judo es así de… ¿ingrata?
Solo dos meses después de resultar la selección española de fútbol campeona del mundo, el equipo campeón pierde un amistoso con Argentina. Nadie puede asegurar los resultados deportivos. Pero aun así hay que tratar de ser coherente en la preparación y no esperar que salgan individualidades como se ha hecho hasta ahora. Y demasiado bien y bastantes casos han salido…
El equipo español de Judo tiene que conseguir ganarse una reputación en competición y conseguir que se tema y se respete al judoka español…
Desde aquí quiero felicitar a todos los que habéis participado en este mundial. A los que habéis obtenido diploma y a los que no. Sois los mundialistas de 2010, y eso no os lo quita ya nadie. Llegar a participar en este mundial lleva detrás muchas horas de entrenamiento de "Judo en negro", que nadie se ha enterado más que vosotros y los más allegados.
Felicitar a vuestros entrenadores y compañeros de entrenamiento, esos "perfectos desconocidos", que nunca son nombrados y que no salen en las fotos, pero que solo ellos y vosotros sabéis las horas, el trabajo y la ilusión que habéis dedicado.
Felicitar a vuestras familias, que entienden vuestra ilusión y porque os quieren os lo aguantan todo y llegarían mucho más lejos de lo que os podéis imaginar.
Apoyar y entender el desencanto del entrenador nacional que os acompaña, que sufre cada vez que uno de vosotros pierde un combate y lo siente tanto como vosotros.
Y la vida sigue…
Como dice el título de un artículo que ha escrito Mario Muzas en homenaje al maestro Geesink, y que el mismo Geesink utilizó cuando en las Jornadas de Torrelavega rindió homenaje al maestro José Luís De Frutos.
Sugoi, Miguel, Kiyoshi, David, Ángel, Oiana, Vanesa, Ana, Laura, Conchita, Cecilia.
Sois los mundialistas de 2010. Oiana, Sugoy y Ana, vosotros fuisteis medallistas en Rótterdam el año pasado.
Ahora no sois mejores ni peores que entonces. Posiblemente estáis mejor preparados pero las cosas no han salido como esperabais y todos esperábamos…, y la vida sigue.
Ahora a todos toca replantear los objetivos. Si decidís seguir, vuestro nivel es muy alto, lo importante esta hecho, hay que afinar…
Si decidís dejar de competir, os queda un petate lleno de experiencia de Judo y de experiencias de vida que seguro os va a ayudar a plantear vuestro futuro.
Y la vida sigue…
18-09-10
El olor del Judo.
¡Qué bien huele el Judo!
Dice Daniel sonriendo cuando entra en el club, se para y respira profundo después de los meses de verano. Daniel tiene ahora 7 años y lleva desde los cuatro practicando Judo.
Y ¿a qué huele el Judo Daniel? pregunto, ¡Pues a que va a oler…a Judo! dice convencido.
Recuerdo mis comienzos y quiero recordar como "olía mi Judo". La sala de Judo donde yo comencé era un sótano no muy bien ventilado. El tapiz se componía de virutas de madera y mantas viejas cubiertas con una lona plastificada.
Mi club olía a viruta de madera y a plástico. Esto unido al clásico olor del algodón del judogi de color "marrón claro", marca Daimyo (era la marca del momento), que se juntaba con el olor a amoniaco al descomponerse el sudor de los judogis sudados guardados en taquillas metálicas, se formaba una mezcla de olores difícil de olvidar, que llegó a conformar mi olor a Judo.
Ahora los clubes de Judo aun estando bien ventilados huelen al prensado de la espuma del tapiz, a la lona y al conjunto de olores consecuencia de la práctica que impregna toda la sala y en definitiva el club.
Está comprobado que los aromas evocan recuerdos, motivan sensaciones, transmiten deseos, potencian apetitos, y que el olfato es un poderosísimo reforzador de la memoria, incomparablemente superior a la vista o al oído.
Los recuerdos de olores, y de elementos asociados a ellos, tienen una permanencia en la memoria desproporcionadamente más larga que la de las imágenes o sonidos.
El Judo entra por los sentidos. Cuantas veces insistimos los profesores de Judo en que hay que repetir muchas veces los movimientos para llegar a sentirlos.
Cuando algún antiguo alumno, ahora adulto viene al club de visita, a lo mejor después de un tiempo largo, una de las cosas que habitualmente comenta es el olor de que está impregnado el club. Y no es raro escuchar mientras inspira profundamente, ¡cómo echaba en falta este olor!.
Nosotros apenas lo sentimos porque estamos hechos a ello. El sentido del olfato se habitúa después de percibir el olor durante un rato. Se saturan los nervios olfatorios, y entonces no se huele nada.
¿Pero a que buen olor de Judo se refiere Daniel?.
Daniel entra en el club después de dos meses de vacaciones y el olor que empapa el recinto, se mete en su cerebro y evoca las carreras, juegos y calentamientos. El rito del saludo, el orden en la fila, el comportamiento adecuado, las caídas, las explicaciones y los movimientos de Judo. El contacto con sus compañeros el randori, "las peleas" en un ambiente donde imperan unas normas que todos aceptan y respetan.
La responsabilidad que asume sobre su compañero y la confianza con que se ofrece a su compañero para trabajar, que se va traduciendo en una profunda amistad…
Y es por todo esto además de por como huele el club, lo que le hace decir a Daniel,
"qué bien huele el Judo"
15-09-10